Por: Dra. Carmen H. Milán, Médica UBA (MN 44426), psiquiatra, psicoanalista, psicoterapeuta http://www.cenerick.com.ar
La monogamia en los humanos no está dada por la naturaleza, es una opción propuesta por la cultura que algunas personas logran mantener toda la vida y otras no, por diversos motivos.

Cuando una pareja que se unió “para toda la vida” decide separarse,  se enfrenta a la situación de máximo estrés según estudios estadísticos.

Una persona que se divorcia tiene que enfrentar cambios en todas las áreas de su vida, en la vida familiar, en la relación con los hijos si los tiene, en la vida sexual, en lo económico, lo social, a veces en lo laboral y en alguna otra actividad compartida según cada caso.

Además debe enfrentar el duelo que implica la renuncia a todo lo que esperaba a futuro que ya no va a suceder, y por la pérdida de los aspectos positivos de la convivencia y de la otra persona

Ubicándonos en la actualidad y centrándonos en parejas cuyos miembros no tienen graves perturbaciones psicológicas podemos hacer algunas consideraciones generales sobre el divorcio:

En principio se puede registrar un proceso de transición desde el estado de pareja/familia al de divorciado que es comparable al proceso de duelo que se hace cuando un ser querido enferma y muere. La pareja se enferma y muere.

Comienza cuando las dificultades están pero todavía parece que se puede con ellas, la duración depende de cada caso, a veces un año o más.

Luego se reconoce que la relación es insostenible y hay ambivalencia entre la tristeza por la pérdida y el alivio por el fin de los problemas.

Una vez separados lo que sigue es la tristeza que acompaña al reconocimiento de la ausencia del otro en cada detalle de lo cotidiano, tristeza que alterna con momentos de rabia y enojo hasta completar el duelo.

A partir de ahí comienza la aceptación de la nueva etapa de la vida, se consolidan los cambios, aparecen nuevas posibilidades y pueden surgir expectativas de establecer otra relación duradera.

Todo esto implica una reorganización de la vida que abarca cuestiones prácticas como instalarse en un nuevo domicilio para el que se va y armar nuevas rutinas, asumir cambios en la relación con los hijos, los familiares, las amistades, otras relaciones sociales y simultáneamente superar las consecuencias emocionales del divorcio para ambos.

De esto último podemos decir que:

  1. Las emociones más frecuentes son: Tristeza o depresión, culpa, enojo, ambivalencia, preocupación respecto al futuro, inseguridad sobre la posibilidad de una nueva relación, sentimiento de fracaso, miedo a la soledad.
  2. Dichas emociones son normales dentro de ciertos límites.
  3. Se superan cuando se les presta atención y se elaboran
  4. No se superan cuando se subestiman o se niegan.
  5. Para superarlo a veces es necesaria la ayuda profesional.

Todas estas son consideraciones muy generales, los aspectos a tener en cuenta para referirnos a un caso en particular son muchos: el motivo, la edad, las edades de los hijos (en caso de teneros), el tiempo de duración de la pareja, el nivel socioeconómico, etc. recordemos que el divorcio impacta en todas las áreas de la vida y las características de cada una tienen importancia en la consideración del caso.

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