Inicio Empresas y Negocios 7 de cada 10 nuevos empleos son para personas con secundaria completa

7 de cada 10 nuevos empleos son para personas con secundaria completa

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Hay evidencias de que el crecimiento de los empleos asalariados ha favorecido mayoritariamente a las personas con niveles medios y altos de educación. Sin embargo, la mayor parte de la población argentina en edad de trabajar tiene bajos niveles educativos. Esta disociación tiende a perpetuarse en la medida que cae la matricula en la secundaria y se deteriora la calidad educativa. Revertir el proceso de decadencia educativa y diseñar políticas laborales más consistentes con esta realidad son pasos claves para volver a activar los mecanismos de movilidad social que caracterizaron en otra época al país.

La recuperación económica ha producido una importante mejora en el empleo, especialmente, el registrado. Aunque se trata de un logro destacado, sigue habiendo mucha gente que trabaja “en negro” cobrando magros salarios. Según datos del INDEC para el 1º semestre del 2007 (último disponible a nivel nacional) el 41% de los trabajadores asalariados son contratados “en negro” con remuneraciones promedio del orden de los $650 mensuales. ¿Cómo se explica esta dualidad de crecimiento del empleo registrado conviviendo con grandes bolsones de informalidad?

Desagregando los datos de la EPH del INDEC para los grandes aglomerados del país y observando la evolución del empleo en los últimos tres años aparece que:

• El 49% de la población en edad de trabajar (entre 14 y 64 años) tiene niveles medios o altos de educación y el 51% restante tiene bajo nivel de educación.

• El incremento neto de los puestos de trabajo asalariado entre el primer trimestre del año 2004 e igual período del 2007 se estima en 1,1 millones.

• Estos empleos fueron asignados en 827 mil a personas con nivel educativo medio o alto y sólo 305 mil fueron hacia personas con nivel educativo bajo.

Los datos son elocuentes. La bonanza económica genera empleos, la mayoría de los cuales son razonablemente de buena calidad. Sin embargo, estas oportunidades laborales son aprovechadas mayoritariamente por personas con mayor nivel de educación, en general, quienes han alcanzado el nivel de secundaria completa o superior. Como la mitad de la población en edad de trabajar no cumple con estos requisitos, muchas personas no pueden aprovechar los beneficios del crecimiento. Esto explica que los problemas de inserción laboral se mantienen para una numerosa cantidad de personas, aun en contextos económicos y laborales muy favorables.

Las tendencias marcan una profundización de esta fragmentación dado que se está observando una regresión en los indicadores educativos. Según datos del INDEC aproximadamente un tercio de las nuevas generaciones ingresan a la vida activa sin haber terminado la secundaria. Un estudio del Ministerio de Educación señala que la matricula a la secundaria ha caído entre el 2002 y el 2006, luego de más de un siglo de crecimiento ininterrumpido. La evaluación internacional PISA, que es uno de los indicadores más reconocidos en el mundo en medición de calidad educativa, colocó a Argentina en los últimos lugares, con una involución profunda y generalizada. Fue uno de los pocos países que, entre el 2000 y 2006, mostró retrocesos en el aprendizaje de sus jóvenes de 15 años.

Los problemas se potencian por políticas laborales que no contemplan el hecho de que mucha gente sufre carencias de formación muy profundas. Se tiende a confiar en regulaciones altamente restrictivas y que imponen fuertes costos no salariales como si fueran instrumentos idóneos para garantizar protección a todos los trabajadores. Las evidencias –que son consistentes con lo que ocurre en otros países– están sugiriendo que las oportunidades laborales se distribuyen de manera muy asimétrica. Esto sugiere que este tipo de diseño de política laboral daña la capacidad de generación de empleos, con efectos particularmente discriminadores para las personas que fueron tempranamente expulsadas del sistema educativo.

El resurgimiento social requiere, además de que la recuperación económica gane sustentabilidad, calidad educativa y políticas laborales no discriminadoras. En otras palabras, para recuperar los mecanismos de movilidad social que supo tener la Argentina es necesario que todos los jóvenes terminen la secundaria con buenos estándares de calidad. En paralelo, también es fundamental diseñar regulaciones laborales y de la seguridad social que logren protección efectiva para todos sin desincentivar a los empleadores a tomar nuevos trabajadores, especialmente, entre aquellos que cargan con la desventaja de no tener un adecuado nivel de formación.

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