Inicio Empresas y Negocios Acciones ordinarias versus obligaciones negociables, ¿cuál es la mejor alternativa de financiamiento?

Acciones ordinarias versus obligaciones negociables, ¿cuál es la mejor alternativa de financiamiento?

Por: Marcelo Kozak

En un artículo anterior en MATERIABIZ, presentábamos el hipotético caso de una empresa que debía decidir entre el financiamiento bancario o la oferta pública en el mercado de capitales.

Ahora bien, supongamos que los directivos han escogido la alternativa de la bolsa. Es decir, están dispuestos a divulgar información sobre el negocio, afrontar los gastos de confección de reportes periódicos exigidos por las regulaciones y además implementar distintas prácticas de buen gobierno corporativo.

Ahora, se enfrentan a una disyuntiva: ¿emisión de acciones ordinarias u obligaciones negociables?

Riesgos del financiamiento

Una gran ventaja de la emisión de acciones ordinarias radica en la posibilidad de acceder a financiamiento de largo plazo sin asumir un compromiso explícito de reembolso del capital e intereses en un tiempo determinado.

Los inversores que compran acciones de la firma aceptan compartir los riesgos del negocio (y hasta la posibilidad de perder toda su inversión, en caso de quiebra). Conocen su riesgo máximo (la pérdida de la totalidad del capital invertido) pero sueñan con la apreciación de las acciones adquiridas que, en teoría, no tienen cota superior.

La emisión de obligaciones negociables, por el contrario, sí representa un compromiso legal de reembolsar capital e intereses por sumas fijas o relativamente variables (si existe deuda sujeta a tasas de interés flotante).

Así, el empresario corre el riesgo, en caso de no poder honrar el acuerdo de préstamo, de que los acreedores se queden con el control de la compañía e incluso el derecho a liquidar sus activos. Sin embargo, la emisión de deuda presenta el beneficio de acotar el monto que el empresario tendrá que compartir del flujo de fondos y beneficios que genere su compañía.

Impacto sobre la distribución de los beneficios

Los diferentes niveles de riesgo asumidos por la firma con cada instrumento se encuentran inversamente relacionados con la parte que tendrá que ceder de su rentabilidad.

Si bien la emisión de acciones es menos riesgosa, el empresario (accionista controlante) debe compartir una parte proporcional de las ganancias con los accionistas en la oferta pública (conocidos como minoritarios). Y esto puede ser mucho dinero, en caso de que se registre un desempeño excepcional.

La emisión de obligaciones, si bien es una alternativa más riesgosa, permite acotar la participación de los inversores en los resultados de la firma. En efecto, la compañía sólo debe respetar el compromiso de reembolsar capital e intereses en el plazo estipulado y todo el excedente pertenece al empresario que toma la deuda.

Control de la compañía

Emitir acciones implica aceptar un nuevo socio con derecho a voto en el negocio.

Esto no necesariamente implica perder el control sobre los destinos de la compañía. No obstante, sí es necesario asumir un compromiso implícito de intentar aumentar el valor de las acciones, presentar una política de pago de dividendos y además asumir múltiples compromisos de implementación de prácticas de buen gobierno societario (muchas veces complejas y costosas).

En el caso de las obligaciones, por el contrario, los acreedores no tienen incidencia sobre las decisiones de los directivos. La firma habrá cumplido su compromiso siempre y cuando reembolse capital e intereses en los plazos convenidos. La intromisión en el gobierno de la firma es mínima, en la medida que se honre la deuda.

Sin embargo, si la compañía experimenta problemas para honrar sus compromisos, los amistosos acreedores tendrán derecho a exigir legalmente el pago y hasta pedir la quiebra de la empresa.

Impacto sobre la estructura de costos

Una empresa que emite acciones debe, entre otros aspectos, conformar un comité de auditoría que monitoree el cumplimiento de buenas prácticas de gobierno corporativo para proteger los derechos de todos los accionistas. Esto implica, desde luego, una mayor estructura de costos.

En el caso de las obligaciones, por el contrario, hasta la fecha no existe un requisito legal de implementar un comité de auditoría.

Implicancias fiscales

Finalmente, es necesario considerar las implicancias impositivas de cada alternativa de financiamiento. Desde luego, esto dependerá de las regulaciones de cada país.

En el caso argentino, la emisión de obligaciones ofrece condiciones fiscales más ventajosas pues los intereses generados por las obligaciones negociables constituyen un gasto deducible para la determinación del impuesto a las ganancias de la emisora.

Por lo tanto, el costo total de la deuda es la tasa de interés neta del efecto del impuesto a las ganancias (por ejemplo, el costo neto de una tasa nominal del 10 por ciento anual se transforma en una tasa efectiva del 6,5 por ciento anual pues se deduce el 35 por ciento de tasa del impuesto a las ganancias).

Esta posibilidad de reducir el costo del endeudamiento se conoce en Finanzas Corporativas como “escudo fiscal”.

Otro incentivo de la emisión de obligaciones negociables en la oferta pública es que la legislación argentina prevé, como regla general, que sus intereses no estén gravados para las personas físicas que sean sus tenedores.

Así, existe un doble incentivo fiscal: para la empresa que deduce el interés y para los tenedores que no pagan impuesto a las ganancias por los intereses que ganan.

Dados estos incentivos fiscales, en la Argentina, es más habitual que las empresas emitan obligaciones negociables en lugar de acciones.

Así, en el mercado doméstico, suele observarse que las firmas están más endeudadas que capitalizadas y además tienen un capital muy concentrado.


Fuente: Materia Biz

Algunos Servicios recomendados por Todo en un click



¿Todavía tu emprendimiento no es parte de nuestra Guía Click? ¿Que estás esperando?