Inicio Empresas y Negocios Acuerdos perfectos pero imposibles

Acuerdos perfectos pero imposibles

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Por: Leonardo Glikin, Presidente de CAPS Asociación Civi

-Bueno Doctor, mándeme el acuerdo por mail, lo analizo con la almohaday mañana le contesto-Quien eso dice cree, de buena fe, que esexactamente lo que va a hacer. Sin embargo, no va a poder cumplir.

Porque la almohada le va a sugerir que busque una segunda opinión, queconverse el tema con la familia, y con algún otro profesional. Por lasdudas.

No es que desconfíe de su abogado, pero se dicen tantas cosas….

¿Y si hay algo mejor para pedir?

¿Y si resulta posible mejorar el texto, para asegurarse más aun de que no haya ningún riesgo de incumplimiento de la contraparte?

Después de una primera lectura, es posible que el dueño de la almohadapiense:

-Ah…y a mí me están pidiendo algunas cosas que no sé si voy aconceder, porque demuestran que el otro no tiene hacia mí la mismaestima que yo me tengo a mí mismo. Por ejemplo, yo sé que soycumplidor de mi palabra. Sin embargo, del texto que me mandó elabogado se desprende que la otra parte desconfía. Si desconfía de mí,entonces, no tiene sentido hacer ningún acuerdo-

El protagonista, cada vez más indignado, no responde al día siguiente.Obviamente, su abogado no vuelve a llamarlo para explicarle que eltiempo del acuerdo es mágico, y que, si se lo deja pasar, es posibleque no se repita en las mismas condiciones. La razón por la que novuelve a llamarlo, es para que el cliente no crea que el abogado tieneun interés particular en hacer ese convenio.

Entonces, pasan tres días, en los cuales el interesado consulta, nosólo con su almohada (que le aconseja, indignada, que no firme) sinoque conversa con parientes y amigos, quienes, a su vez, le recomiendanque vaya a consultar a otro abogado.

El punto en común, entre parientes y amigos, es que no suelen conocerla historia del conflicto a fondo, y que, en lugar de tratar deponerse en los zapatos del interesado, contestan desde su propiaexperiencia, desde sus propios sentimientos y valores…pero con elpellejo del otro.

– Yo, en tu lugar, no le doy nada-
– ¿Y cuál será el interés de tu abogado para que hagas este acuerdo?-
– No te apurés, vas a ver cómo el otro viene al pie-

Es probable que, finalmente, el interesado venga munido de una seriede modificaciones, que desnaturalizan absolutamente el conveniooriginal.

Pero como es tan fácil la “comunicación” (simplemente, mandar un maila la otra parte) eso es lo que hace su abogado. Y en ese momentoinicia el mismo proceso…del otro lado.

Porque, el poder inaudito que tienen las almohadas, es el de hacernoscreer que el otro no tiene almohada…ni parientes, ni amigos.

La almohada nos convierte en autistas que sueñan con resolver elconflicto con el otro…como si estuviéramos solos.
Pero, ¿acaso esto no fue siempre así?

No, esto es, en gran medida, consecuencia de la rapidez con la quepodemos modificar un texto, y enviarlo por mail a otro, quien, a suvez, puede hacerlo revisar por infinita cantidad de asesores yopinadores.

Con menos tecnología, las partes en conflicto no tienen más remedioque participar (aunque cada uno esté en una sala diferente) no sólo dela negociación, sino, fundamentalmente, del proceso de redacción yfirma del convenio.

Es eso lo que persigue la filosofía de la mediación, pero que nosiempre se cumple, porque la práctica de la consulta con la almohadaes, para muchos, la estrategia dominante.

Eso nos lleva a que los acuerdos sean, técnicamente cada vez másperfectos, pero, como cada contrincante se sitúa en espejo con elotro, en lugar de ceder cada uno en función de un acuerdo, se tensanlas posiciones hasta el punto de conseguir que el acuerdo sea imposible.

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