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Cada vez más empresas argentinas se animan a contratar mujeres para trabajos “masculinos”

El rol de la mujer está en un cambio permanente desde las últimas décadas. Año a año, contamos con datos que nos muestran el mayor nivel de inserción de mujeres en el mercado laboral. Ya no nos sorprendemos al ver a madres y esposas trabajando con la misma intensidad y una carga horaria similar a cualquier hombre.

Sin embargo, lo que sí llama la atención, es que las empresas comienzan a requerir que posiciones que tradicionalmente son ocupados por hombres, sean cubiertas por mujeres.

Desde choferes de maquinarias pesadas o supervisores de equipos de producción a cargo de un grupo de operarios, hasta coordinadores de logística, o choferes de excavadoras o camiones. La mujer, claramente, va ganando terreno en tareas “de hombre”.

¿Cuáles son los factores que inciden en el desarrollo de este fenómeno en la Argentina? Y, sobre todo, ¿cómo resulta la experiencia? ¿Qué piensan los protagonistas, pares o responsables de los equipos en los que se dan estos fenómenos?

Profesionales del área de Recursos Humanos, encargados de llevar adelante los procesos de selección y el posterior seguimiento de los colaboradores en sus respectivas posiciones, tienen su opinión respecto sobre el tema.

“Desde nuestra experiencia y visión, es fundamental privilegiar la formación de equipos diversos y en ese sentido trabajamos para potenciar a toda la compañía, para que visualice esa ventaja”, comenta Néstor Bordigoni, gerente de Recursos Humanos de Praxair, una multinacional ligada a la industria de la energía.

Y completa: “Especialmente en nuestras plantas necesitamos enriquecer nuestro talento con diversidad de género y creemos que están dadas las condiciones para poder avanzar en ese sentido. La oferta de talento femenino es creciente, incluyendo las áreas industriales que históricamente se reservada a hombres”.

De acuerdo a los comentarios de Bordigoni, el énfasis de la compañía está puesto en la política de diversidad y los beneficios que trae a largo plazo: una dotación equitativa en cuanto a género es el objetivo.

Las concepciones de los grandes grupos corporativos promueven, a través de sus políticas sobre diversidad, la inserción de recursos y el consecuente beneficio de aportes diferentes – sea de género, edad, formación o experiencia-, en cualquier tipo de posición.

Desde Praxair, Bordigoni ejemplifica: “Toda búsqueda debe tener en su terna finalista diversa (al menos una mujer y un hombre) e implementamos acciones o políticas que facilitan el desarrollo profesional y el balance en la vida privada y familiar con política de ampliación de licencia por maternidad a cinco meses, difundimos y fomentamos la diversidad a través de nuestras políticas de comunicación interna.”

Pero, ¿cómo resultan en la práctica, las mujeres trabajando en puestos tradicionalmente ocupados por varones, en un mercado en desarrollo, como el argentino?

Juan Micheletti, quien está cargo de la gestión de RRHH y Desarrollo Organizacional de Cruz del Sur – un importante operador logístico de capitales nacionales – admite que la inserción de recursos femeninos no es sencilla.

“Pudimos vencer varios prejuicios y hoy tenemos mujeres trabajando en áreas como la de tráfico. Hemos notado que, si la persona se adapta al perfil, el hecho de ser mujer le da un tono a la atención del cliente interno y externo más humano con una cuota de apego por el trabajo. Por lo general notamos que las chicas en una empresa como la nuestra, “camionera”, son duras con los problemas y blandas con las personas”, explica.

“En un contexto de permanente negociación y revisión de las condiciones de trabajo como en el que estamos inmersos, en el cual la relación con los colaboradores y sus representantes resulta un punto importante de la actividad diaria, se generan expectativas sobre las competencias de las mujeres en posiciones de conducción. Medio en serio y medio en broma, se escuchan comentarios sobre que, quienes son los más “duros”, no lo serán tanto si tiene que interactuar con una mujer”, observa Micheletti, mostrando otra cara del tema.

Pero, ¿qué opinan quienes son las que les toca llevar adelante, efectivamente, estas funciones? Liliana Pasarelli, gerente de Recursos Humanos de TNT, señala que en el mercado se encuentran, cada vez con mayor frecuencia, mujeres que toman en sus manos roles que hasta poco ocupaban, casi exclusivamente, sus pares-hombres.

Según la ejecutiva, “depende mucho del grupo en el que se inserte y cuánto haya de aceptación. Veo que, de cualquier manera, a la mujer siempre se la está poniendo a prueba en cuanto a sus competencias. Tiene que demostrar que sabe de lo que está hablando. Tanto frente al equipo de trabajo que tiene a cargo como frente a pares y superiores”.

El problema del prejuicio sigue teniendo relevancia y, al parecer, el temor a la competencia prevalece sobre tomar conciencia de la riqueza que promueven los aportes de una mirada diferente.

Al respecto, el ejecutivo de Cruz del Sur apunta que los hombres “al principio se sienten incómodos, pero luego de la resistencia al cambio se terminan generando equipos muy productivos.”

Como consejo y en base a su experiencia, postula que los grupos de trabajo deben ser parejos entre hombres y mujeres, nunca un hombre entre muchas mujeres o viceversa”.

También en posiciones directivas la mujer ha ganado terreno. Según Guido Salinas, docente de la Universidad de la Marina Mercante y gerente de Recursos Humanos de Establecimientos Gráficos Cortiñas, “las mujeres que cumplen una función directiva tienden a alentar la participación y dan mucho valor a la comunicación interpersonal que es fundamental para evitar conflictos entre pares, gremiales, etc.”

Para Salinas, “en un puesto directivo, la mujer suele confiar más en la cooperación que en la competencia, creando esto mayor integración y compromiso.”

“Asimismo -continúa- a la mujer le gusta fomentar el trabajo en equipo entre sus compañeros y compañeras de trabajo. A diferencia de muchos hombres, las mujeres no ven la participación y la delegación como una amenaza a su autoridad, sino como una parte integral de su papel directivo.”

Sin embargo, no todas son buenas nuevas. Si bien no se hacen públicas las mujeres suelen hablar en las entrevistas sobre el trato que reciben en sus trabajos y la dificultad que tienen en acceder a ciertas posiciones. Suelen comentar que, aún, persiste el prejuicio o la aversión incorporar a quienes puedan ser beneficiadas por una licencia por maternidad, por ejemplo.

Pasarelli pone una cuota de realismo al comentar que “a pesar que nos encontramos con una mayor cantidad de mujeres preparadas para ocupar cualquier tipo de posición, la realidad es que muchas veces, a paridad de funciones y responsabilidades, las mujeres perciben un ingreso de un 20% menos”.

Es probable que veamos, poco a poco, un aumento de puestos ocupados por mujeres pero no estará exento de resistencias de un mercado que madura lentamente. Costumbres, innovación, prejuicios, desarrollo, capacitación y apertura conviven y retroalimentan mutuamente.

El mundo del trabajo es el que, en definitiva, debiera salir beneficiado y enriquecido.