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¿Como desafiar lo que damos por sentado?

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Por: Ing. Juan José Arévalo, Máster Coach Profesional en MyC Consulting

Si los demás nos dicen algo hacemos suposiciones, y si no nos dicen nada también. Si oímos algo y no lo entendemos, hacemos suposiciones sobre lo que significa. Hacemos todo tipo de suposiciones porque no tenemos el valor de preguntar. ¿Por qué suponemos? ¿Por qué opinamos o actuamos sin tener pruebas?


Imaginar el futuro, influenciar en presente

En el acto de suponer, las teorías se apoyan en nuestras convicciones, y estas se afirman en los juicios que hemos adoptado y realizado a lo largo de nuestras vidas. Si predecimos que algo va a ocurrir, habitualmente nos basamos en experiencias previas que, en algunos casos, nos tienen atrapados. Desde este punto de partida, no estaríamos interactuando con lo que nos rodea, sino con nosotros mismos. Es decir, con lo que nosotros pensamos de lo que nos rodea.

Existen conjeturas hacia nosotros mismos basadas en múltiples temas, que van desde la salud, hasta la amistad o el amor. Nos acompañan todo el tiempo con el objetivo de que las realicemos. O simplemente para proyectar a futuro, crear posibles escenarios, o completar el desarrollo de algo que creemos que está por venir.

Solemos sospechar posibles acciones y desenlaces que pueden ocurrir en nuestras vidas, concibiendo todo tipo de resultados. Esto determinará la calidad de vida, no solo de nuestro futuro, sino también de nuestro presente, puesto que estas imaginaciones dispararán distintas conversaciones internas que incidirán en nosotros. Así queda afectada nuestra emocionalidad y nuestro estado de ánimo.

Conjeturamos que determinada meta será muy difícil de conseguir o que nuestro problema no tiene solución.

Cuando suponemos algo sin consultar a quienes podemos afectar, de buena o de mala manera, lo hacemos desde nuestras convicciones. Esto suele generar la ilusión de que estamos interactuando con ellos, pero en realidad lo hacemos con nosotros mismos, y con nuestras propias creencias. Por eso, considerar que alguien no puede ayudarnos, sin consultarle, es no darle la chance de que pueda aportarnos algo que nos facilite solucionar nuestro problema. Del mismo modo, creer que nuestros inconvenientes no tienen salida, es un punto de partida que no nos dará una apertura de posibilidades para encontrar la respuesta sino que, por el contrario, cerrará el camino para hallarla salida. Por más que nos griten la solución, no estaremos abiertos a escucharla.

¿Una escala de errores?

Si pudiéramos darnos cuenta de los inconvenientes que suelen acarrear las suposiciones, podríamos ser más precavidos, y desafiar esas conjeturas que limitan nuestro campo de análisis y de acción.

Entonces, entenderíamos que la frase “Será que…”puede ser incorrecta para quien busca respuestas.Tal es así que las figuraciones también se denominan “escaleras de inferencias”, porque subimos escalón tras escalón para alcanzar un resultado o razonamiento, que nos permita encontrar la solución.

Cada peldaño estará hecho de juicios que nos ayudarán a ir construyendo el que sigue y, de esta forma, llegar a la cima. Dependerá de nosotros, si hemos cimentado bien o mal la escalera.

No hay desarrollo ni estilos de presunciones que nos aseguren el éxito. Pero si tenemos en cuenta que cada peldaño depende de nuestro observador, y que estos pueden ser desafiados para mejorar nuestro análisis, podremos acotar el margen de error.

Suponer y padecer

Sospechar escenarios terribles de situaciones que aún no han ocurrido, donde seríamos víctimas de las circunstancias, puede ser un desgaste tremendo. ¿Cuántas veces creímos algo que nos paralizó, anticipadamente, y que nunca sucedió?

Cuando nos enfocamos en nuestros temores, solemos presumir que van a ocurrir situaciones difíciles, que posiblemente nos hundirán en el más complicado de los mundos. Nos orientamos hacialas amenazas que juzgamos que se van a presentar, y en que estas no nos permitirán afrontar lo que todavía no sucede.

Una alternativa posible es cambiar el enfoque. La idea es visualizar los recursos de los que disponemos, para aumentar las posibilidades de acción a nuestro favor. De este modo, ejercitaremos una emocionalidad que abra alternativas, que nos dé optimismo y esperanza para confiar en el futuro.

Desafiar lo que damos por sentado

Las preguntas son el camino para salir del espacio de ceguera, que no permite que podamos visualizar lo que no tenemos chequeado con las teorías que imaginamos.

Entendemos que hacemos suposiciones dado que tenemos ciertas creencias, pero es posible que nuestras creencias nos tengan a nosotros. Por lo tanto, somos víctimas de ellas y de las figuraciones que se apoyen en ellas.

Una forma de desafiar nuestras creencias es a través de la averiguación, sin olvidarnos del “para qué”. De esta manera, es preciso que nos sinceremos: ¿nos preguntamos para seguir suponiendo lo mismo y fundamentar nuestras conjeturas? ¿Tenemos una intención real de desafiar aquello que venimos sosteniendo?

No va a servir de mucho si solo preguntamos para justificar lo que venimos presumiendo. En cambio, podemos enriquecernos si invitamos a nuevas miradas sobre los temas que nos inquietan. En ese caso, nuestras preguntas necesitarán estar enfocadas desde una apertura, y nuestro observador requerirá verle valor a la consulta para analizar la salida.

El otro, un factor clave

La indagación nos orienta acerca de qué camino tomar en el terreno de las figuraciones. Una mirada amiga, una consulta o simplemente una conversación, pueden aportarnos una observación distinta de la nuestra. Así, desafiaremos las creencias limitantes que podríamos tener al armar nuestra escalera de inferencias.

Incluir a otro antes de rematar nuestros supuestos, no solo lo legitima, sino que también nos despeja dudas, que de otra manera aparecerían y serían contestadas solo por nosotros, con el riesgo que eso conlleva. A veces, lo hipotético se da por sentado, y pese a que no existen pruebas al respecto, optamos por convencernos de nuestra suposición, sin molestarnos por preguntar y corroborar.

Tenemos la oportunidad de consultar a otros sus puntos de vista, y desde allí sacar conclusiones enriquecedoras, que nos permitan alcanzar resultados más efectivos para nuestras vidas.

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