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Comunidades de práctica: ¿qué son, para qué sirven y por qué son importantes?

Por: Fabiana Gadow

En su libro “Cultivating Communities of Practice”, Etienne Wenger define a las comunidades de práctica como “grupos de personas que comparten un interés, una problemática específica o simplemente una pasión sobre algún tema particular y que profundizan su conocimiento y expertise en ese tema mediante la interacción con otras personas en forma continua y sostenida”.

En gran medida, no se trata de un concepto novedoso. El hombre siempre se ha reunido en torno a intereses comunes.

La verdadera innovación radica en las inmensas oportunidades abiertas por las nuevas tecnologías de la comunicación.

Gracias a Internet, hoy es posible agrupar a personas geográficamente muy distantes en una misma comunidad de contacto inmediato y acceso prácticamente ilimitado a conocimiento e información para buscar soluciones a problemas comunes.

Principios básicos de las comunidades de práctica

Las comunidades de práctica se basan en un principio elemental: todos tienen algo para enseñar y todos tienen algo para aprender.

El éxito propio es el éxito de los demás, y sólo la colaboración y la participación activa permitirán resolver los problemas comunes.

Se trata, en síntesis, de un grupo que, mediante la interacción de conocimiento, prácticas e información, se ayuda mutuamente desarrollando competencias para resolver un problema o avanzar en una idea o proyecto.

A diferencia de otros tipos de redes sociales, las comunidades de práctica necesitan una figura, un líder que las mantenga vivas, que juegue un rol de facilitador para cohesionarse y establecer relaciones de confianza.

Cada participante debe sentirse cómodo y reconocido para aportar o traer un problema a la comunidad y, a su vez, percibir que la comunidad intenta ayudarlo.

Comunidades de práctica y gestión del conocimiento organizacional

Las comunidades de práctica pueden convertirse en formidables herramientas para gestionar el conocimiento de las organizaciones más allá de los límites de los sistemas formales.

En efecto, los tradicionales organigramas corporativos no siempre vinculan entre sí a personas con intereses comunes o habilidades específicas para resolver un problema determinado.

Imaginemos, por ejemplo, a un ejecutivo con la tarea de liderar un grupo de trabajo intercultural.

Sus jefes, colegas y colaboradores directos tal vez carezcan de la expertise para aconsejarlo.

Pero quizá la organización sí tenga en su interior muchos especialistas en estos temas. Por ejemplo, personas que han investigado esta problemática u otros directivos que, en el pasado, también han enfrentado el desafío de liderar un equipo intercultural.

De esta forma, el ejecutivo puede ingresar en aquella comunidad online y acceder inmediatamente a las mejores prácticas en la materia.

Incluso, puede pedir consejo a los miembros sobre cómo superar los desafíos específicos que pudiera ir encontrando a lo largo del proyecto.

Al mismo tiempo, este ejecutivo puede aportar su experiencia para ayudar a otras personas de la organización que enfrentan un problema similar.

Este mismo principio puede generalizarse. Por ejemplo, pueden formarse comunidades con personas que poseen expertise en industrias específicas o ciertas especialidades funcionales.

Así, su conocimiento combinado y potenciado permite resolver problemas en tiempos más cortos, con menores costos, mejorando la calidad de las decisiones y acelerando la innovación.

Las comunidades de práctica como herramientas de integración y pertenencia

Además de sus beneficios en términos de difusión de conocimiento organizacional, las comunidades de práctica también pueden ser formidables herramientas de integración del talento a una organización.

En general las personas necesitan y aprecian las relaciones, los amigos y toda una comunidad y ambiente de trabajo que les son gratos. Es un importante aspecto de valoración, de refuerzo de la pertenencia a una empresa.

Precisamente, las comunidades de práctica permiten crear un sentido de identidad y contención, necesarios para desenvolverse en un mundo complejo y cambiante.

En definitiva, para los jóvenes de la Generación Y, las comunidades virtuales constituyen un modo natural de reunirse en torno a una preocupación común.

A los profesionales más senior, tal vez les lleve más tiempo comprender cómo funciona este sistema y sacar provecho de su potencial, resignándose a la falta del “cara a cara” y a la mayor intimidad.

Ante el avance de la globalización y las tecnologías de comunicación es un hecho que, tarde o temprano, todos formaremos parte de alguna comunidad de práctica virtual.

Como toda nueva herramienta, requerirá tiempo de acomodamiento y mejora. La posibilidad de extraer todo su potencial estará, en última instancia, en nuestras propias manos.


Fuente: Materia Biz

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