Inicio Salud y Belleza Contaminados y transformados: el fin de la inocuidad alimentaria

Contaminados y transformados: el fin de la inocuidad alimentaria

Por: la Dra María Alejandra Rodríguez Zía (MN 70.787). Médica Clínica UBA / Endocrinología UBA

La manera en la que se transformó la agricultura y la cría de animales, la manipulación del material genético de los cultivos, y hasta la intoxicación con pesticidas. Todos estos factores nos hacen caer en la cuenta, de que cada vez se nos reduce más la cantidad de productos comestibles de los que podemos afirmar su inocuidad. Con el paso del tiempo, consumimos alimentos más peligrosos, llenos de azúcares, grasas y tóxicos; con menos gusto y olor natural y vacíos de nutrientes. Así minamos nuestro organismo sano y lo vamos enfermando, principalmente, desde la mala alimentación.

Genera muchas dudas, es si el cultivo transgénico es o no inocuo. Los alimentos transgénicos son aquellos que han sido producidos a partir de un organismo modificado mediante ingeniería genética, y al que se le han incorporado genes de otro organismo para producir las características deseadas.

Puede ser un ser vivo, animal o vegetal, manipulado en su material genético con el fin de modificar una o más de sus funciones. Por ejemplo, ser resistente a un pesticida, como sucede con la soja y el maíz.

El cultivo transgénico es una especie modificada genéticamente, incorporando un gen de otra especie. El nuevo genoma tiene nuevas actividades y, por lo tanto, puede generar un pesticida natural de la propia planta, poseer un gen de crecimiento rápido, o uno para obtener mayor resistencia a la fermentación posterior a la cosecha. Así vemos como este tipo de semillas transgénicas se patentan, y se transforman en una “propiedad privada”.

Los productos transgénicos se caracterizan porque son muy estéticos, duran meses después de la cosecha y son grandes. Cabe aclarar que, en general, la planta es grande pero las raíces son pequeñas, están llenos de agroquímicos y vacíos de nutrientes (especialmente antioxidantes), y no tienen el gusto ni el olor de los productos que crecen sin modificaciones genéticas.

MENOS NUTRIENTES, MÁS ENFERMEDADES

Los suelos de los cultivos transgénicos y los de monocultivos, no tienen minerales ni forma de reciclaje para que sigan produciendo. Además, son suelos resecos por el sol, dado que ya no quedan los árboles para mantener el ecosistema y el microclima. Tal es así que la Pampa húmeda de nuestro país, ahora se ha transformado en un espacio sin animales, con temperaturas y vientos completamente diferentes, que secan los suelos.

Cada vez son menos los nutrientes del monocultivo transgénico. En la universidad de Texas, en Estados Unidos, en el año 2004 se estudiaron la frutilla y el maíz, y en ellos se encontró una disminución muy marcada de proteínas, calcio, fosforo, hierro, vitamina B y vitamina C. En esos informes se afirmaba que comer una manzana en el año 1940, considerando sus nutrientes, equivalía a comer 3 manzanas en el año 1991.

El impacto de los transgénicos sobre la salud (sin considerar a los pesticidas), especialmente de maíz y soja, son las malformaciones congénitas en cerdos y ratas. También se ha visto que los cerdos alimentados con transgénicos, tienen infertilidad y abortos.

En Francia se han estudiado a ratas alimentadas con transgénicos durante seis meses. Presentaron cáncer de riñón, de hígado y de mamás. Alimentadas así por veinticuatro meses, los porcentajes de cáncer subían al 80%.

BARATOS Y ADICTIVOS

A partir de la revolución verde, se ha disminuido enormemente la oferta de variedad de alimentos naturales a la población. Esto ha hecho que los pocos alimentos que se cultivan, a su vez se industrialicen, para vender productos cada vez más baratos.

En el caso del maíz, ha distribuido un producto llamado jarabe de maíz, que no aporta ningún nutriente al organismo. Tiene calorías vacías, es barato, adictivo y se incorpora a una infinidad de alimentos industrializados.

El jarabe de maíz de alta fructosa no es inocuo, dado que el monocultivo del maíz se hace repleto de pesticidas. Además es transgénico, es más dulce que el azúcar y genera en el cerebro una tendencia adictiva con cambios neuroquímicos.

Comienza a actuar desde que el bebe está en la panza de la mamá, porque este producto atraviesa la placenta. Así empieza a formar un cerebro con receptores que lo reconocen, para cuando esté ingiriendo alimento fuera del vientre materno. El jarabe de alta fructosa se encuentra en el kétchup, en panes, galletitas y postres, hasta en hamburguesas, salchichas y jugos light. Dentro de los alimentos industrializados, lo invade casi todo.

Hoy se comen más de 700 calorías vacías por día. Con estos aditivos se genera población más adicta, y son los más pobres los que consumen mayor cantidad de alimentos refinados, llenos de azúcares, harinas, grasas y sal.

PESTICIDAS SIN CONTROL

La OMS ha reconocido que la toxicidad de un agroquímico se evalúa por un criterio que está totalmente desactualizado, porque fue creado hace cien años. Este criterio es denominado “dosis letal 50”, porque causa la muerte de cincuenta ratas en catorce días.

En este caso, se evalúa una dosis máxima. No se calcula una mini dosis consumida durante mucho tiempo, y no se usa un criterio acumulable, que es subletal, y que va enfermando lentamente. No en catorce días, sino en años, y no a ratas, sino a seres humanos.

Tanto la OMS como la ONU, han declarado que este patrón internacional estaría relacionado con un tercio del cáncer en la población mundial, debido a la dieta. Podemos considerar entonces, que son los pesticidas los que hacen que los alimentos estén generando los cánceres que hoy tenemos.

Las enfermedades provocadas por los cultivos transgénicos y llenos de pesticidas, están totalmente demostradas en relación a malformaciones congénitas, infertilidades y abortos, alteraciones del sistema nervioso central, con cuadros característicos parecidos al Parkinson, alteraciones alérgicas e inmunológicas. Incluso hay casos de autismo relacionados con la droga Endosulfán (pesticida), y cánceres vinculados con compuestos órganoclorados y órganofosforados.

Incluso, en Estados Unidos, hay evidencia científica que relaciona a los pesticidas con las alteraciones del comportamiento de los niños, la disminución de la cognición y el cáncer pediátrico.

CARNE ENFERMA

La carne que se produce como resultado de una alimentación en base a cereales, falta de fibras, y repleta de grasas, no puede transmitir salud. Esta es la gran diferencia con la carne de un animal que ha caminado toda su vida y que se ha alimentado naturalmente, sin recibir antiácidos.

Como estos animales están hacinados, la materia fecal queda pegada a su cuero, y cuando van al matadero no siempre son bien higienizados. Por lo tanto, las bacterias que se encuentran en las heces, muchas veces llegan en las carnes.

También recibimos mucha cantidad de antibióticos a través de la ingestas de carnes, tanto de vaca como de cerdo y de pollo. ¿Por qué razón? Porque estos animales tienen heridas e infecciones, tanto a nivel del aparato digestivo, respiratorio o de sus ojos. Además, obtienen pocos cuidados en su hidratación y descanso, lo que los lleva a un estado de estrés crónico, con caída de las defensas, enfermedades y toma de muchos antibióticos.

Quiere decir que estamos expuestos a la ingesta involuntaria de antibióticos cuando comemos, y esto alterara nuestra flora intestinal. El antibiótico, o sea lo que mata la vida, también nos va a matar las bacterias que nosotros necesitamos tener en nuestro tubo digestivo, generado lo que conocemos como disbiosis. Por supuesto, cada vez tenemos más resistencia a los antibióticos, y esto se puede deber a su ingesta masiva por este medio.

ACCIONES CONCRETAS Y POSITIVAS

  • Desde el año 2011, existe en la Argentina la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria, de la facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires. Esta cátedra analiza el plan estratégico agroalimentario, pudiendo establecer varias críticas al respecto.
  • Se puede notar el crecimiento de productos ecológicos, en la Argentina y también en el mundo. La Argentina es el segundo país en exportación de productos orgánicos certificados.
  • Hay un impulso a los sistemas de huertas, donde se enseña el cultivo de los productos orgánicos y de plantas aromáticas, que son las que van a ayudar a prevenir las plagas.
  • El Parque Pereyra Iraola es el que cuenta con mayor diversidad de productos orgánicos, y a la vez intenta hacer su comercialización de forma directa, sin intermediarios, para abaratar los costos.

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