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Contextos de crisis: la diversidad en la agenda del negocio

Mucho hemos escuchado, en los últimos años, sobre diversidad y la necesidad de aceptar las diferencias. Pero, ¿cuánto hay de mito y cuánto de realidad? ¿Es un tema de negocios, de gestión de las personas o político? ¿Es una moda o tendrá impacto en el futuro?

Todos somos conscientes de que el mundo laboral se está transformando: la globalización, las nuevas tendencias demográficas, el alto impacto de la tecnología, la convivencia de generaciones, el ingreso creciente de las mujeres, los movimientos migratorios, el envejecimiento de la población, y el impacto de los cambios económicos y sociales en las fuentes de trabajo.

Especialmente en épocas de crisis, donde es importante escuchar opiniones y perspectivas que enriquezcan la búsqueda de soluciones, se potencia el desafío de contar con estrategias de diversidad que atiendan las necesidades de diferentes grupos y perfiles presentes tanto en los propios negocios como en el de clientes y proveedores.

Pero, ¿qué implica gestionar la diversidad?

La diversidad es el conjunto de valores, visiones y saberes que trae cada grupo para ponerlo al servicio de un objetivo compartido.

Comprender la diversidad va mucho más allá de reconocer, comprender y aceptar ideas, aportes y trabajo provenientes de las distintas edades, razas, géneros, capacidades, estilos de vida, orientaciones políticas y religiosas. La diversidad implica integrar, sin ofuscaciones ni prejuicios, a todas las diferencias que hacen únicas a las personas y las similitudes que los conectan.

¿Por qué ubicar la diversidad en la agenda de negocios?

En un mundo en el que los negocios avanzan, se modifican, se acomodan a las restricciones y que, aún así, deben mantener la premisa de brindar servicios de calidad a clientes variados, es valioso contar con una estrategia de inclusión que nos ubique en una posición de ventaja competitiva.

Contar con una estrategia de diversidad brinda una mayor habilidad para competir en mercados que también se están volviendo diversos. Es decir, debemos entender la diversidad de los clientes desde nuestra propia diversidad.

Para esto, es fundamental contar con una fuerza laboral multicultural que se traduzca en una variedad de prácticas de innovación provenientes de la conexión entre grupos de distintos orígenes, culturas, especialidades y experiencias.

Incluir la diversidad en la agenda facilita anticipar y prevenir los múltiples conflictos y malestares que puedan originarse en contextos hostiles y complejos como son los de crisis.

Una cultura construida sobre la aceptación de las diferencias y el valor de los aportes variados, permite que las personas se complementen y potencien, se genere confianza, se alineen los proyectos, se optimice el clima laboral y el compromiso.

En palabras de Tom Peters, las nuevas ideas proceden de las diferencias. La creatividad es un producto de la diversidad y ésta es la clave del futuro.

Algunos ejemplos…

En países europeos, es mayor el número de personas que se jubilan que las que entran al mercado laboral. Por primera vez en la historia de los Estados Unidos, el número de trabajadores jóvenes que ingresan al mercado no será suficiente para reemplazar a los que se retiran (2008 – Global Deloitte Consulting).

Los intereses también están cambiando: carreras “a medida”, equilibro del trabajo con la vida personal, tiempos flexibles, trabajo remoto.

El ingreso de la mujer a la fuerza laboral se potencia y crecen los movimientos migratorios. Se acelera la tendencia a “moverse” de país y trabajo. Cuatro generaciones disímiles conviven bajo un mismo techo laboral buscando espacios comunes de diálogo y convivencia.

Incluso, en muchos casos, ni siquiera sabemos cuáles serán las habilidades que las empresas necesitarán en el futuro.

Implementar estrategias de diversidad implica enfrentar un verdadero cambio cultural. Y los líderes tienen un importante rol en este sentido. Su responsabilidad es estar al frente siendo modelos, promoviendo el diálogo sincero y realizando acciones que hagan de las empresas e instituciones un ámbito inclusivo, colaborativo y de respeto mutuo.

Necesitamos crear una cultura en la que las personas se sientan cómodas porque se aceptan las diferencias, no porque unos sean mejores que otros, sino porque pueden complementarse y potenciarse, favoreciendo un entorno de solidaridad.

No podemos darnos el lujo de no abrir los ojos a aportes diferentes y hasta contrapuestos.

Muchos países e instituciones globales y locales están dando el ejemplo, demostrando que esto no sólo es una necesidad sino un deber moral. Aplica a los ámbitos empresarios, sociales, políticos, religiosos, educativos y asistenciales.

Aceptar al otro, aportar lo mejor de cada uno y enriquecerse mutuamente: un claro desafío individual y colectivo.