Inicio Empresas y Negocios Cuando la empresa deposita toda la expectativa en un coach

Cuando la empresa deposita toda la expectativa en un coach

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Por: Leonardo Wolk, autor de “Coaching para Coaches. Teoría y práctica de la supervisión”

Durante el proceso de coaching, muchas veces el coach cae en la tentación de hacerse cargo de peticiones inconscientes de salvación, de amor o de omnipotencia, tanto de parte de individuos como de grupos. Esta tentación también se hace presente en grupos o equipos en el ámbito empresarial.

Las empresas, las organizaciones en general, tienen una cultura a la que hay que prestar atención ya que es parte condicionante del sistema.
La cultura de un grupo involucra también la acumulación de fenómenos conscientes e inconscientes que lo atraviesan y construyen. Desorganización, caos, desconcierto, y temor a lo desconocido y a la muerte – no física sino también simbólica – son aspectos que es necesario tomar en cuenta. Se hacen presentes fuerzas antagónicas, procesos destructivos y regresivos a los cuales tenemos que estar atentos, ya que muchas veces son negados, pero no por ello dejan de tener efectos en los procesos.

El coach funciona como una pantalla donde los otros hacen sus proyecciones, inclusive de deseos destructivos o de resistencia a la transformación.

Como ejemplo, podemos citar el caso de una empresa que ante la necesidad de implementación de un cambio cultural corporativo conformó con ese fin un equipo constituido por representantes de cada una de las gerencias.

Las consulta llegò por dificultades para trabajar en equipo, pérdida de tiempo, falta de comunicación, etc. Realidades, sí, pero al mismo tiempo generalidades con las que se suelen explicar y encubrir incompetencias motivadas por razones no tan visibles o evidentes.

Muchas de las críticas y responsabilidades eran dirigidas al líder del proyecto. Trabajando con ellos como coach facilitador pudimos detectar que, además de rivalidades, competencias, juegos de poder y autoridad, la desconfianza y el escepticismo eran casi generalizados desde el inicio mismo del proyecto. “Curiosamente”, el liderazgo había sido delegado en alguien que –también escéptico y desconfiado– se hizo depositario de las proyecciones y ambivalencias de los otros.

Ejemplificando con una analogía anatómica: a veces una erupción en el dorso de la mano responde a temas dermatológicos, pero muchas otras el origen de esa erupción tiene más que ver con un problema gastrointestinal y no es en la mano sino en el aparato digestivo donde hay que intervenir. No hay que negar ni minimizar la importancia de la erupción, que nos está advirtiendo que en algún lugar del organismo hay algo no tan visible y de relevante importancia.

En el caso mencionado, las dificultades comunicacionales o para trabajar en equipo, eran el síntoma y no la causa. La causa más profunda estaba en la desconfianza, en la poca credibilidad existente entre los miembros del equipo, de ellos hacia sus superiores y también en el proyecto mismo. El problema no se solucionaría con el aprendizaje de herramientas conversacionales como mayor conocimiento, pero estas sí fueron muy importantes y más que necesarias para procesar y resolver la situación.

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