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Deshidratación en bebés y niños: cómo evitarla

La deshidratación es una deficiencia de líquidos en el cuerpo. Los bebés y los niños pequeños son más susceptibles a la deshidratación que los adultos, ya que el 60% de su peso corporal está compuesto por agua. Se produce cuando el organismo presenta una pérdida excesiva de líquidos, un consumo insuficiente de agua o una combinación de ambos. En verano suele ser una de las afecciones más comunes y sus principales causas son: vómitos, diarrea, excesiva exposición al calor u otras enfermedades. Cuanto menor es el niño, más rápido se deshidrata.

Los síntomas suelen ser:
* Sed intensa
* Labios y mucosas secas
* Ojos hundidos
* Llanto sin lágrimas
* Orina con menor frecuencia que lo normal
* Mareos
* Descenso de la tensión arterial
* Decaimiento, somnolencia, etc.

En caso de sospechar de un proceso de deshidratación, se debe buscar asistencia médica lo antes posible. El tratamiento de la deshidratación dependerá de la gravedad de la misma, variando desde la reposición con líquidos por vía oral hasta la hospitalización del niño.

En los casos más leves se debe administrar con frecuencia pequeñas cantidades de líquido, utilizando una cucharita o una jeringa. En los casos más graves y cuando sea necesaria su internación, la administración de líquidos se realizará de forma intravenosa.

Debemos poner especial énfasis en prevenir la deshidratación, porque aunque el bebé o el niño estén bien de salud, deben consumir mucho líquido todos los días y sobre todo cuando el clima es cálido o está realizando ejercicio.

Puntos a recordar:

* Incentivar al niño a tomar agua o líquidos en todo momento: antes, durante o después de una actividad deportiva y en los días calurosos al menos cada 15 minutos, y no cuando ya tenga sed intensa.
* Ofrecerles ensaladas de vegetales, frutas frescas o sus jugos naturales, ya que aportan en su mayor parte agua y son ricos en vitaminas.
* Evitar que los niños practiquen deporte en horarios donde el calor ambiental es más alto, usando ropa apropiada y de material absorbente, para facilitar la evaporación del sudor.
* Protegerlos de la exposición directa al sol con sombreros y sombrillas, principalmente a los más pequeños.
* En el caso de los lactantes no olvidarse de ofrecerles el pecho con mayor frecuencia.

Podemos disfrutar de un verano sin riesgos, sólo con tomar la bebida más saludable del mundo: el agua. Desde hoy eduquemos a nuestros niños con este sencillo y práctico buen hábito: “estar bien hidratado, es mantenerse saludable”.