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Diabetes: una pandemia silenciosa

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Por: Dra. M. Alejandra Rodríguez Zía (MN 70.787), Médica Clínica UBA / Endocrinología UBA

Se trata de una de las enfermedades llamadas “silenciosas” porque sus consecuencias no generan síntomas significativos hasta un estadio avanzado. Sin embargo, es posible mitigar los efectos de este mal, en favor de una mejor calidad de vida. La diabetes II se presenta como consecuencia de una alimentación con alto consumo de azúcar. Esto, sumado a elevados niveles de estrés y el desarrollo de obesidad, son los principales factores que derivan en el mal funcionamiento del páncreas y su producción de insulina, y en este tipo de diabetes. ¿Cómo ponerle un freno preventivo o retrasar su aparición?

Causas físicas
La diabetes tipo I, también llamada diabetes juvenil, es una enfermedad autoinmune, en la que las células de la inmunidad atacan al páncreas, que es el órgano que produce insulina. Mientras que la tipo II, o diabetes del adulto, es la más frecuente de observar como complicación de la obesidad visceral. Por consiguiente, es la que los médicos y pacientes pueden llegar a prevenir. Podemos decir que la obesidad y la sobrealimentación son las causas más habituales de diabetes. Luego de varios años de desbordes alimentarios, se desencadena la enfermedad por haber exigido por demás al páncreas. Asimismo, como la distancia entre el exceso de peso y la diabetes suele ser estrecha, se creó un nuevo término que unifica las dos patologías: la diabesidad, que es la unión de la diabetes tipo II, o insulino no dependiente, y la obesidad. Llega a presentarse en el 80% de las personas y esto es por la pandemia de obesidad que está sufriendo el mundo, especialmente en occidente, y fuertemente desde Estados Unidos hasta Sudamérica. La diabesidad sólo será erradicada cuando se implementen políticas alimentarias que acompañen la labor de los médicos, puesto que mientras se avale la alimentación pro obesidad, será muy difícil combatirla.

Causas emocionales
Está comprobado que las emociones afectan los niveles de glucemia. Por eso, la diabetes originada por las tensiones nerviosas y conflictos emocionales, es la llamada “diabetes emotiva”.
La experiencia con pacientes demuestra que aunque un diabético no haya comido durante más de 15 horas, puede tener una glucosa en sangre arriba de lo normal por haber pasado una situación de angustia, ira o ansiedad. Esto tiene una explicación hormonal muy clara: cada vez que nos ponemos nerviosos sube un neuroquímico llamado adrenalina, y esta sustancia estimula directamente la glándula suprarrenal aumentando el cortisol. Estas dos sustancias normalmente suben el azúcar en la sangre, sacándola del hígado, y así se producirá un cuadro de hiperglucemia en un diabético.
El tratamiento de un diabético se basa en la relación médico paciente. Si se establece un equipo de trabajo, cada una de las partes responde con el 50% de la tarea y, por tal motivo, es preciso el pleno compromiso del paciente con el procedimiento. Es fundamental el control emocional para que un paciente logre la autodependencia.

La alimentación es la clave
La alimentación es clave para una vida sana, en especial para un paciente que sufre de diabetes. Lo que come, en el momento del día que lo come y la cantidad que come, pueden afectar los índices de glucosa en su cuerpo. Es por eso que el paciente diabético debe tener una dieta especial, que incluya un listado de alimentos que pueda consumir y de aquellos a evitar.
De este modo, es necesario que suspenda el consumo de todo tipo de harinas refinadas de trigo, azúcares, arroz blanco, papa y avena. También debe eliminar la miel en cualquiera de sus formas. Se apunta a que incorpore hidratos de absorción muy lenta como el arroz integral, el grano de trigo entero y el grano de avena.
Si come un plato de pastas, mezclarlo con verduras de hojas verdes para que en el estómago se promueva un enlentecimiento de la digestión de la pasta y así, la insulina suba lentamente y no se produzca la hipoglucemia. Con todo, lo ideal es descartar las pastas y optar por un menú a base de carne, pescado, pollo, vegetales verdes, rojos y anaranjados, huevos, lácteos, frutas con cáscara y legumbres (lentejas, garbanzos, porotos y arvejas).
Un paciente diabético tiene que hacer un balance entre lo que ingiere y lo que gasta, porque es fundamental para él mantener un peso y un índice de masa corporal normal.
Dentro de los hábitos alimentarios saludables, podemos decir que si una persona come pescado de 3 a 5 veces por semana y disminuye la ingesta de harinas, azúcares, papa y arroz, puede prevenir la obesidad y la diabetes del adulto.

La nueva droga
Existe una droga que tiene la indicación precisa de controlar el azúcar en la sangre según sus variaciones. Se llama Liraglutide, se aplica de forma inyectable y consigue dos cosas: normalizar el azúcar en la sangre cada vez que está alta (diabetes) y, por otro lado, producir un efecto de saciedad, es decir, que logra que se coman menos cantidades de alimentos porque cierra el esfínter gástrico que comunica el estómago con el intestino delgado. En pocas palabras, podría decirse que el Liraglutide le dice al cuerpo que produzca más insulina, y al cerebro que deje de comer. Por estas dos acciones favorece la pérdida de peso, dado que el paciente come menos cantidad y, además, disminuye las complicaciones de la diabetes.
Otra ventaja es que no produce hipoglucemia (azúcar baja en sangre) a diferencia de la insulina, ya que sólo modula el azúcar en la sangre cuando está alta pero nunca la lleva a niveles inferiores. Esta droga está indicada en pacientes con diabetes no insulino dependiente de tipo II, y no se usa en la diabetes tipo I. El Liraglutide se indica médicamente a un paciente que ya aprendió a elegir alimentos libres de grasas y puede controlar su compulsión por los hidratos.

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