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El arte de la lactancia: una destreza que se aprende

La leche materna satisface todas las necesidades del bebé para un adecuado crecimiento durante el primer año de vida.

Sin embargo, hoy en día son muchas las mujeres que no tienen paciencia para amamantar. Si no les baja la leche enseguida desisten, o si empiezan a trabajar dejan de amamantar. Es importante tener presente que la lactancia es una destreza natural, pero también es una destreza aprendida. Ser perseverante y darse a sí misma y a su bebé tiempo para dominar esta habilidad es esencial.

En las consultas existe mayor proporción de mujeres que desean profundamente amamantar. En una menor proporción, algunas mamás por diferentes cuestiones sienten que el amamantamiento no es para ellas.
Sin embargo, cuando estas mujeres se informan, cuando se sienten acompañadas generando la libertad de elección y respetadas en su singularidad, comienzan un proceso de reflexión más auténtico, revisando su posición y dejando que el vínculo con su bebé luego del nacimiento impregne su decisión de amor y cuidado maternal.

La idea es que cada mujer transite ese camino hacia el propio estilo de ser mamá, intentando ir lo más allá que se pueda de las propias limitaciones, de los propios conflictos pero no sin ellos.
Una mamá que se siente bien, plena en su vínculo con su bebé seguramente podrá brindarle todo lo que su hijito necesita.

Uno de los problemas con el amamantamiento es el lugar idealizado que tiene hoy en día, generando la idea de que se trata de algo más sencillo y obvio de lo que en realidad es el proceso. Luego, frente a alguna mínima dificultad, la mamá siente que no está preparada para afrontarla creyéndose menos e imposibilitada, cuando con un asesoramiento adecuado seguramente podría lograr una lactancia exitosa, si es lo que desea.

Otro tema importante es el de los errores que cometen las mamás primerizas al amamantar. Las mujeres suelen pensar que el calostro (la leche que producimos entre el nacimiento y los primeros 4 días post
parto) no sirve para nada. Y aún hoy es común escuchar que eso que tienen las mamás es “agüita”, cuando en realidad es “leche”, sólo que en estadío de calostro. Al obtenerlo, el bebé recibe protección inmunológica en altas dosis, favorece la aparición de las primeras deposiciones que se llevan la bilirrubina adherida a las paredes del intestino, por lo que tiene menos chances de ser separado de la mamá por ictericia y le posibilita el entrenamiento en la succión. Hay que recordar que los bebés cuando nacen tienen que aprender a succionar, tragar y respirar al mismo tiempo, y la etapa calostral (escaso volumen, altos niveles de inmunidad, pecho aún blando) es el momento indicado.

Por otro lado, una conducta que se observa a menudo en las clínicas, es la de priorizar la atención de las visitas dejando al bebé en la cuna.
Esta situación muchas veces conduce a que el bebé se pierda tomas importantísimas, absorba toda la tensión de la gente dentro de la habitación y en consecuencia, la noche se torna realmente complicada.
También es común que las mamás encuentren que el dolor que sienten al amamantar es normal. Y esto ciertamente no debería ser así. Una cosa es la sensibilidad ante la prendida los primeros tiempos, pero la lactancia no debe producir dolor. Si así fuera siempre lo más conveniente es consultar a tiempo para corregir o ajustar alguna cuestión en la técnica.

La leche materna y sus beneficios
La bajada de la leche suele esperarse con mucha expectativa y las mamás escuchan una y otra vez la misma pregunta: “Y, ¿ya te bajó la leche?”. La realidad es que una mujer tuvo un bebé y la leche va a bajar. Lo mejor que se puede hacer es tener al bebé muy cerca desde el momento mismo del nacimiento y ofrecerle el pecho muy seguido. Si el pecho se pone duro y caliente, lo indicado es envolverlo con un pañal mojado con agua tibia y luego de unos minutos masajearlo e intentar extraer unas gotas de leche antes de prender al bebé. Se debe poder hundir un dedo en la aréola (la parte oscura alrededor del pezón) para que el bebé pueda prenderse.
Una buena prendida puede constatarse observando que la boca del bebé se encuentre bien abierta (abarcando más superficie de la aréola de la parte inferior), con los labios hacia afuera y la pera tocando el pecho. Si la técnica está bien realizada no debe producir dolor. Otro indicador de una buena prendida es que el pezón quede redondo y no aplanado una vez que el bebé suelta el pecho.
Respecto de la primera prendida, la ciencia ha demostrado hace años que la primera hora después del parto es un momento crucial en el encuentro mamá-bebé, tanto que se la llama “período de alerta máximo”.
Aprovecharlo para realizar la primera prendida es muy conveniente ya que el bebé y la mamá se encuentran con todos sus sentidos activados.
En esta situación es de vital importancia el sentido común y el saber natural que toda mujer posee. Una orientación valiosa e infalible que se puede brindar a esas mamás recientes es que se dejen atrapar y guiar por la mirada de su bebé, por el vínculo amoroso que allí se establezca.

En cuanto a la leche, existen diferentes tipos y conocer acerca de ellos posibilita un adecuado aumento de peso.
Al comienzo de la mamada el pecho produce una leche (inicial o flaca) que es voluminosa pero baja en grasas y a medida que progresa la toma la leche va aumentando su contenido de grasas (final o gorda) y disminuye su volumen. Por eso es importante que el bebé realice una buena toma de un pecho y no retirarlo a los cinco minutos, para que pueda acceder a la leche alta en grasas.
Para conservar la leche se recomienda comenzar a extraerse 15 o 20 días antes de empezar a trabajar porque una de las propiedades de la leche humana es adecuarse a las necesidades nutricionales del bebé que succiona.
La extracción puede realizarse en cualquier momento del día luego de haber amamantado al bebé, pero varias mamás han encontrado más sencillo realizarla por la mañana porque es el momento en que están más descansadas. No así cuando cae el sol que es cuando por lo general la producción disminuye y comienza a notarse el cansancio acumulado del día.
La leche que la mamá se extraiga puede guardarse en vasitos especialmente diseñados para esa función, y puede recolectar en el mismo vasito leche de diferentes extracciones en un período de 24 horas.
Se recomienda guardar porciones de entre 60 a 120 ml para minimizar la pérdida y facilitar el descongelamiento. Los vasitos deben etiquetarse con la fecha de la extracción. Se usará siempre el más antiguo.
La leche materna se conserva a temperatura ambiente a menos de 26ºC durante 4 horas, en la heladera por 48 horas (siempre arriba y atrás, no en la puerta), en el freezer con heladera por 4 meses aproximadamente y en el freezer independiente por 6 meses.
La leche que se le dará al bebé se baja del freezer a la heladera la noche anterior y para dársela basta con agitarla bajo el chorro de agua caliente, sumergirla en un recipiente con agua caliente fuera del fuego o utilizar un calienta biberón. No es recomendable el uso del microondas. Sólo hay que quitarle el frío porque la leche del pecho sale natural no caliente. La leche descongelada se verá como separada en algunas capas, pero es normal debido a su alto contenido de grasa.
Debe descartarse si se percibe un olor rancio.
Una vez que la mamá está en casa es posible que el bebé pida más seguido de noche, por la madrugada y los fines de semana. Acceder a sus requerimientos no solo los reencontrará sino que asegurará una producción estable de leche. Una estrategia posible es ofrecerle el pecho antes de salir y al regresar del trabajo.
Si la mamá estará fuera de su casa 8 horas o más probablemente necesite extraerse 3 veces, lo que evitará congestionamientos y molestias y asegurará buen volumen de leche.

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