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El asadito tan tentador

La noción del tiempo se pierde en una tranquila caminata entre cantos de aves y chicharras. Esos sonidos agradables se superponen en el parque de álamos, araucarias y eucaliptos de la estancia Los Ombúes, en Villars, un pueblo rural cercano a Marcos Paz. También hay que darse lugar para pasear en bicicleta, jugar al golf y al tenis y refrescarse en la pileta, antes o después de probar una auténtico asado criollo.

Una hilera de pinos impacta por sus colores amarillos y dorados y mimetiza su forma con la cancha de golf de 9 hoyos. El horizonte se despliega en las 50 ha de parque y el azul del cielo se corta en el verde del césped. La arboleda de copas lilas y plateadas y la laguna cruzada por el puente de madera invitan a descansar.

A pocos metros, junto al camino principal, la granja completa el recorrido con su fauna surtida: patos, caballos, vacas, una llama, conejos, gallinas y cabras conviven en un mismo perímetro y se disponen mansamente a recibir la visita de los chicos.

Al mediodía, después de la caminata, los visitantes son agasajados con empanadas de carne y humita, mientras tímidamente se acercan a espiar lo que acontece bajo la humareda de la parrilla, a cargo de Raúl y Miguel. Padre e hijo custodian chorizos, morcillas, chinchulines, pollo, vacío y tiras de asado. “A las 8 en punto enciendo el fuego con leña y a las 11 pongo la carne. Es muy importante concentrase en la tirada de las brasas porque el asado se hace mejor a fuego lento”, revela con gran conocimiento el correntino Miguel, todo un especialista en la materia, que lleva cuatro años trabajando en la estancia.

Recreación surtida
Desde el comedor de color ladrillo, dividido en la parte interior y con una galería exterior, es posible divisar las dos canchas de tenis de polvo de ladrillo, juegos infantiles y una pileta rodeada de sombrillas y reposeras.

La galería parece ser el lugar más indicado para disfrutar del asado y las ensaladas. El calor acecha sobre el parque y algunos llevan largo rato metidos en el agua. Otros se preparan para degustar los manjares del asado. La sobremesa da paso al postre.

Por la tarde, el silencio es la mejor compañía para disfrutar de la sombra de los árboles, cabalgar despreocupadamente al trotecito -ya que aquí nadie quiere saber nada de apuros u horarios- o pedalear hasta una laguna, descansar tirados sobre hamacas paraguayas y dejar que el día transcurra hasta el final.