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El líder visionario: cómo prepararse para períodos postcrisis

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Por: Jorge González

En situaciones críticas, la tripulación mantiene la mirada en el capitán. Y en las empresas, lo que hizo el líder antes y durante la crisis influirá en cómo transite el equipo la salida de la tormenta una vez que amaine.

El liderazgo actual ya no depende de estilos, que es una cosa del pasado. Hoy en día son los valores los que definen si el líder continúa evolucionando y a qué ritmo.

El desarrollo de un liderazgo generoso hacia el equipo propio, y competitivo hacia el mercado, es la mejor fórmula para aumentar la probabilidad de transitar la crisis, salir fortalecido y con una visión bastante clara de un futuro deseado para la organización.

Seguramente, el líder del que estamos hablando (que, antes que nada, es una persona con una educación que supera la mera formación académica, un sentido ético y una concepción del respeto y la valoración por los demás), viene desarrollando su rol apoyado en dichos valores. Y es esto lo que lo lleva a instalarlos y validarlos en su entorno laboral.

Ahora bien, ¿cómo hace el líder una vez que ha conseguido alinear a su equipo a las variables reinantes en época de crisis, para mantener el modo de funcionamiento que le permitirá salir de la misma, y luego cambiarlo por el que será vigente cuando la tormenta termine?

El conductor actual gestiona instalado en el paradigma del repensarse permanentemente a sí mismo, a la organización que lidera y al mundo en el que vive.

Eso le permite, en principio y traducido al marco de su funcionamiento, preveer y construir el futuro.

Esta actitud intelectual y especialmente ejecutiva le permitió entender que, en los momentos álgidos de la crisis, debía calzarse el traje de fajina y estimular a sus colaboradores a que salieran con el cuchillo comercial entre los dientes. Y esta misma actitud es la que le permite descubrir el momento en que deba regresar a su indumentaria de convivencia para tiempos menos conflictivos.

Así como logró que todos entiendan que, en plena crisis, las prioridades son vender, cobrar y mantener asociados a los clientes, ya está imaginando el horizonte postcrisis.

El líder visionario, al tener las primeras imágenes firmes de los futuros escenarios posibles, reúne a su equipo de colaboradores inmediatos (los cinco o seis gerentes de área), los introduce en el tema, los moviliza y les transmite: “señores, hoy estamos aquí, pero empezamos a estar allá”.

Apertura, comunicación, pedido de visiones alternativas, valoración por la diversidad, generación de conocimiento, actitudes que responden genuinamente a sus valores.

Genera, a su vez, el efecto dominó, impulsándolos a que desarrollen la misma conducta con sus respectivos equipos. Procura que la información vaya y vuelva, que circule, que nadie la retenga. Eso sería prehistoria, viejos exponentes de líderes débiles, inseguros y temerosos de que alguien más capaz les quitara cetro y corona.

El líder visionario genera las instancias para que toda la empresa se movilice y, sin dejar de gestionar la crisis actual, comience a desarrollar el ejercicio de repensarse postcrisis. Juega y promueve el juego, lo comparte y se iguala ante todos aviniéndose a las mismas reglas.

El líder visionario insta a toda su compañía a interactuar con el mercado. A que cada uno, desde su lugar de trabajo, capte información, busque, intercambie y que lo haga con agilidad y generosidad.

Todos queremos recibir algo a cambio de lo que damos. Toda la compañía, activamente, comienza a buscar a los referentes externos (clientes, proveedores, profesionales independientes, servicios tercerizados) que serán las puntas de la red sobre la que se construirá el cambio en los que la compañía se apoyará para lanzar la etapa postcrisis.

Toda la compañía generará clima. En algún punto, el mercado percibe que la empresa es distinta, se diferencia, genera atracción y deseos de asociación de parte de sus clientes reales y los que alguna vez fueron potenciales.

Los resultados comienzan a notarse, el clima dentro de la empresa sigue siendo bueno, se abren posibilidades de desplegar creatividad e innovación frente a etapas que demandarán otro tipo de acciones e iniciativas.

El líder visionario abre el juego a todos los miembros de su equipo para que todos tengan las mismas posibilidades. Seguramente surgirán quienes se destaquen y a quienes quizás se les confíen responsabilidades más sofisticadas.

Pero habrán salido de la base y seguramente serán apoyados por la mayoría. No arma “Comité de…”, sino que estimula a que los grupos se construyan naturalmente a partir de la confianza transmitida a todos por igual. Incluso, el líder visionario consigue que los accionistas se involucren en el proceso, perciban el movimiento que genera en la empresa y lo respalden.

La profunda diferencia que fortalece al líder visionario es que, siendo distinto, se muestra como un igual, pese a que todos saben que cumple el rol más importante de la compañía.

Conduce a su equipo por un camino que él vio antes que todos y que, sin embargo, comparte con la convicción, ingenio y generosidad que sólo los grandes despliegan naturalmente.


Fuente: Materia Biz

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