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Hipertensión: enemigo silencioso en el embarazo

El 17 de mayo se conmemora el día mundial de la hipertensión arterial con el objetivo de concientizar sobre la importancia de la prevención y el control de esta enfermedad. Según la World Hypertension League, 3 de cada 10 personas viven con hipertensión, y el 50% de ellos no son conscientes de su condición. De aquellos que lo son, la mitad no toma ninguna medida para controlar su presión arterial. El 75% de la población hipertensa en el mundo está en riesgo porque se predisponen a la aparición de enfermedades cardiovasculares.

La hipertensión es la elevación persistente de la presión arterial por encima del nivel aceptado de tensión normal (mayor a 140/90mmHg), es decir, es un aumento de la presión que existe dentro de los vasos sanguíneos que irrigan los órganos del cuerpo. En casi la mitad de los casos, la hipertensión arterial no provoca ningún síntoma, y por eso se recomienda controlarla periódicamente para descubrirla. En algunas situaciones puede producir dolor de cabeza, dolor de nuca, mareos, zumbidos en los oídos, palpitaciones, hemorragia nasal.

La prevención es la acción más eficaz, por eso se recomienda adquirir hábitos saludables como: restringir la ingesta de sal, moderar el consumo de alcohol, consumir abundantes frutas, verduras y alimentos bajos en grasa, reducir y controlar el peso, realizar actividad física y no fumar.

Hipertensión gestacional y preeclampsia
Muchos casos de hipertensión en el embarazo adquieren formas leves pero otros pueden ser muy severos y llegar a tener un gran impacto en la salud de la embarazada y su bebé. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la hipertensión relacionada con el embarazo es una de las principales causas de muerte materna en el mundo, con el 14 % de los casos. Es, además, una de las principales causas de nacimientos prematuros, y mortalidad perinatal.

La preeclampsia es una de las patologías de mayor incidencia durante la gestación. Afecta aproximadamente al 5-10% de las mujeres en los países desarrollados pero podría llegar al 18% en los países en vías de desarrollo. Se manifiesta por una suba de la presión arterial a partir de las 20 semanas de gestación asociada a una pérdida de proteínas por la orina. La presión debe ser mayor o igual a 140 mm Hg de sistólica y 90 mmHg de diastólica, y debe ser registrada dos veces en el mismo día, con un intervalo no menor de 4 horas. Además, más de 300 mg de proteínas en orina de 24 horas manifiesta el segundo elemento diagnóstico.

En este sentido, el primer paso es detectar a las personas de riesgo a partir de evaluar los antecedentes familiares y propios de la paciente. Además, se realiza un estudio en las primeras etapas del embarazo -a las 12 semanas- en el mismo momento en que se realiza el screening del primer trimestre -translucencia nucal-, en el cual, según las características de la paciente, la medición de una hormona (PAPP-A) y un doppler en las arterias uterinas para determinar con que velocidad fluye la sangre por las mismas –esto permite evaluar su resistencia-, se puede predecir en casi un 90% de los casos el riesgo de desarrollar Preeclampsia. Ese diagnóstico permitirá realizar un seguimiento más estricto de la presión, de la placenta y del crecimiento del bebé en estas pacientes.

La única arma con la que se cuenta para prevenir la aparición de esta patología, es detectar a las mujeres en riesgo antes de las 16 semanas de gestación dado que en este momento la formación de la placenta no está completa. En esos momentos, la administración de aspirina a bajas dosis puede llegar a prevenir la aparición de la preeclampsia en un 40 a 50 %. El tratamiento actual para controlarla consiste en medicamentos para bajar la presión pero la única forma de “curar” la preeclampsia es teniendo el parto.

El Ministerio de Salud aconseja estar atentas a los siguientes síntomas:

• Presión arterial igual o mayor a 140/90 mm Hg.
• Visión borrosa o nublada, visión de puntos negros.
• Dolor de cabeza intenso.
• Náuseas y/o vómitos persistentes.
• Disminución o ausencia de los movimientos del bebé.
• Dolor en el abdomen superior derecho o en la boca del estómago.
• Fotofobia (intolerancia a la luz).
• Exagerada tendencia al sueño (somnolencia).

Los controles periódicos son indispensables para asegurarse una buena evolución del embarazo y monitorear de cerca la salud de la mamá y el bebé. Las mamás deben saber que detectarla en forma temprana y seguir las indicaciones de su médico es fundamental para evitar complicaciones.