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Palermo Boutique
El barrio porteño con mayor cantidad de diseño por metro cuadrado respondió rápidamente a la demanda de aquellos turistas que quieren hospedarse en Buenos Aires, pero sentirse… como en su propio loft

Ser o no boutique. Esa parece ser hoy la cuestión en materia hotelera en la Argentina. No importa si se trata de una vieja casa de cinco habitaciones, reciclada a puro esfuerzo con ahorros de familiares y amigos, o un costosísimo complejo minimalista, diseñado hasta la última lamparita del baño y financiado por un poderoso grupo hotelero. Eso quieren hoy muchos turistas extranjeros que bajan hasta Buenos Aires y eso hay que darles: un cuatro estrellas personalizado, pero con una tarifa un poco más alta que la de un cuatro estrellas. Así en los últimos años han florecido, sobre todo en las zonas más cool de Palermo, los llamados hoteles de diseño o boutique, que se diferencian de las grandes cadenas por ser modernos, íntimos y coquetos, asociados con el mundo del arte y la moda, y sobre todo por tratar a los huéspedes de manera más personalizada.

El fenómeno no es nuevo en la ciudad. Desde 2000, los boutique conquistaron muchos barrios porteños, como San Telmo, Belgrano, Las Cañitas, Recoleta y Abasto. Pero en Palermo Hollywood y Palermo SoHo la movida superó todo lo esperado: ya funcionan en esas zonas más de una docena de hoteles de diseño, que en general no tienen más de diez cuartos -salvo tres de ellos, que rondan o superan las 20 habitaciones- y cobran desde 140 hasta 250 dólares o más la noche.

Entre los palermitanos están Esplendor Palermo, Malabia House, Costa Petit Hotel, Legado Mítico, Mine Hotel, Bobo Hotel, Home Buenos Aires, 1551 Palermo Boutique Hotel, Vain Hotel, Soho All Suites y el Vitrum Hotel, que se inaugurará el mes próximo. ¿Por qué Palermo? Porque es el barrio que concentra la mayor cantidad de diseño por metro cuadrado del país y porque hasta hace no mucho las propiedades allí eran más baratas que en Recoleta y Barrio Norte.

Para entender este fenómeno hay que remontarse a unas décadas atrás. Es que, de un modo u otro, estos pequeños hoteles tienen su germen primigenio en los bed & breakfast ingleses de la década del 70. En esos años, cuando los hijos por fin dejaban la casa familiar, sus padres remodelaban un poco los cuartos vacíos para alquilarlos a inquilinos y turistas. Así se ganaban una mensualidad y seguían viviendo sus propias vidas sin melancolía, a través de los relatos alegres de los viajeros que pasaban bajo el techo propio.

A principios y mediados de los años 80 nacían los primeros alojamientos boutique en Nueva York (el empresario e interiorista Ian Schrager crea junto a Andree Putnam el Morgans Hotel), Londres (el Blakes Hotel, por la diseñadora Anouska Hempel) y San Francisco (el Bedford Hotel). Estos establecimientos hacían foco en el diseño y buscaban escapar a los aburridos estándares decorativos de las grandes cadenas. Sin duda, el aporte de Philippe Stark fue fundamental en esta movida: el hombre que ideó el interior del Café Costes en París -la primera propuesta en la que se conceptualiza de otro modo el café- fue también quien diseñó en la Argentina el Faena Hotel + Universe.

Pero a nivel local el primer hotel que reunió las condiciones de un boutique con todas las letras fue el Design CE, sobre la calle Marcelo T. de Alvear, que construyó el arquitecto Ernesto Goransky.

Con onda
El perfil de turista que se aloja en un hotel boutique responde al siguiente prototipo: es extranjero, tiene entre 25 y 45 años, y en teoría es cool porque, a diferencia del viajero tradicional al que le importan más los huevos revueltos con panceta del desayuno, se fija en aspectos como el diseño de las cosas. Esto no quiere decir que se derrita de emoción alabando sillas y objetos de arte, sino que, como dice Javier Figueroa, dueño del hotel Legado Mítico, “busca cierta familiaridad con el entorno porque quiere sentirse como en su propia casa”.

Lo más común es que estos viajeros encuentren el boutique que buscan a través de Internet. “Son los clásicos que miran reportes en guías virtuales como la tripadvisor.com; se fijan mucho en los comentarios de quienes se alojaron antes que ellos y sólo entonces deciden adónde ir”, explica Marcelo Kohen, propietario del Mine Hotel, sobre la calle Gorriti, donde pasar la noche cuesta entre 150 y 200 dólares.

Kohen insiste en el rasgo personalizado de estos pequeños establecimientos: “En un gran hotel, la gente del front desk cambia todo el tiempo; de los boutique se espera que los empleados conozcan el gusto de los huéspedes, que no los manden a ver un show de tango para turistas, sino que les pasen el dato de una buena milonga local”, afirma.

El Mine Hotel tiene otro rasgo que distingue a varios hoteles de diseño de Palermo: el restaurante propio con onda -también es el caso del Bobo Hotel y del Home Buenos Aires-, al que asisten comensales que no necesariamente están hospedados en el complejo. Ese es, también, el toque cool del asunto, porque, entre platos y tragos, los turistas se mezclan con algo del agite nocturno vernáculo.

En cada hotel boutique se dan casos curiosos y extravagantes. Por ejemplo, las habitaciones de Legado Mítico están decoradas con rostros de personajes de la historia argentina, desde Eva Perón hasta Carlos Gardel, Jorge Luis Borges y el Che Guevara, entre otros. Los precios aquí parten de los 190 a 250 dólares.

En el Mine Hotel, la música ambiental fue especialmente compuesta por el trovador rosarino Rubén Goldín y en el Esplendor Palermo todo el mobiliario, la decoración y los amenities corrieron por cuenta del Grupo Tramando, del consagrado diseñador de moda Martín Churba.

También está el caso del Vitrum Hotel, de la cadena NA Town & Country, que se inaugurará el mes que viene y cuya fachada es un enorme collage de vidrios de todos colores. “Cada objeto, desde las lámparas hasta el tapizado, fue realizado por un diseñador argentino”, comenta Luciana Salaün, gerente de Marketing y Comunicación de NA, al tiempo que el CEO de la empresa, Cees Houweling, anuncia para septiembre próximo la apertura de un nuevo boutique de 22 habitaciones que estará en las calles Jorge L. Borges y El Salvador.

Entre lo cool y lo útil
“Acá todos reciclan una casa y dicen que son boutique, pero tienen sólo cinco habitaciones. Ese es el problema: hay muchos establecimientos de diseño con muy pocos cuartos”, dice Alejandro Frenkel, CEO de Fën Hoteles, que gerencia ocho establecimientos hoteleros con 500 habitaciones en Buenos Aires, Pilar y El Calafate, entre ellos, el Esplendor Palermo Soho, sobre Guatemala al 4900.

También sucede que, a veces, estos alojamientos se pasan de onda . “Me he agarrado con diseñadores que, por ejemplo, dicen que una ducha es cool, pero uno sabe que a un turista siempre le dan ganas de darse un buen baño de inmersión. Entonces hay que combinar diseño y funcionalidad porque si no la gente no vuelve”, insiste Frenkel.

A su vez, Goransky dice que, por ahora, la coyuntura ayuda mucho a los hoteles boutique, pero que cuando venga la mala no todos quedarán bien parados.

“Hoy el fenómeno es más fuerte, pero lo cierto es que no hay planes de negocio y la gente está haciendo cosas muy improvisadas, hasta el punto que los turistas terminan pagando hasta US$ 200 por sitios que abren aun antes de estar habilitados”, avisa el pionero de los hoteles de diseño en estas tierras. “Todos los días un restaurante agrega habitaciones y se declara boutique; la competencia no es sana, es complicada”, analiza Goransky.

Al fin de cuentas, uno se termina preguntando si tanto diseño no es para problema.

Una habitación por US$ 80.000
La irrupción de los establecimientos boutique en el mundo fue un éxito no sólo en términos de ocupación, sino también como modelo de negocios. A fines de los años 90, cuando explotó el fenómeno, la tasa de ocupación de la industria hotelera en general promediaba el 63%, mientras que en los boutique alcanzaba el 72%, según un estudio que proporcionó a LA NACION Alejandro Frenkel, gerente general de Fën Hoteles.

Al mismo tiempo, si la tarifa promedio del sector rondaba los 80 dólares la noche, en el caso de los boutique superaba los US$ 200.

Aunque estos alojamientos de diseño tienen asociados costos de mantenimiento más altos que sus pares de las grandes cadenas, generan también una rentabilidad sobre la inversión que supera al hotel tradicional.

El modelo de negocios a escala de los boutique, y sobre todo el hecho de que se puedan cobrar hasta US$ 250 la noche por cuarto, permite un recupero más veloz de la inversión. Lo cual no es poco si se tiene en cuenta que, según fuentes de este segmento, construir una habitación de hotel hiperdiseñada en la Argentina, en un barrio como Palermo Hollywood, cuesta ni más ni menos que 80.000 dólares.

* Fenómeno: desde el comienzo de esta década los llamados hoteles boutique se multiplicaron por la ciudad y proliferaron especialmente en Palermo, donde ya se cuenta más de una docena de este tipo de establecimientos.

* Capacidad limitada: en general, los hoteles boutique no tienen más de diez cuartos.

* Atención personalizada: uno de los aspectos diferenciales de este tipo de hoteles es el asesoramiento al huésped más allá de los circuitos y consumos tradicionales del turismo en la ciudad.

* Buen negocio: estos hoteles con diseño tienen costos asociados de mantenimiento más altos que los tradicionales, pero también una mayor rentabilidad sobre la inversión.

* Perfil del pasajero: extranjeros de entre 25 y 45 años con cierta debilidad por el diseño.

* Tarifas: de 140 a 250 dólares la noche.