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¿Innovar es siempre un buen negocio? ¿Hay que correr tras lo nuevo o adelantarse para ser el primero? Estas preguntas muchas veces atormentan a los creativos publicitarios pues el temor de saltar a la pileta y encontrarse con que está vacía existe, y se sabe que el golpe puede ser muy doloroso.

Esto se puso al descubierto en los últimos años en los que el mundo se digitalizó de una manera muy veloz y las campañas de comunicación quedaron retrasadas. Tanto que muchas todavía siguen expresándose por los canales tradicionales y no entraron, por ejemplo, a nuevos soportes como las redes sociales.

De la vereda de enfrente, los consumidores sí van al ritmo de la tecnología y demandan a las empresas a estar al tanto de todo lo nuevo, sentirse parte del proceso y hasta sentirse con derecho a expresar su opinión sobre los productos. Hacia esto apuntan las publicidades BTL, aunque sobre esta técnica todavía no hay demasiada información el mercado, pese a su larga trayectoria.

Las campañas BTL no son masivas y se enfocan en segmentos específicos, llegando al público a través de medios no tradicionales. Buscan sorprender para así captar la atención de los consumidores. Además, tiene ventajas significativas como su bajo costo lo que permite que Pymes también entren en la competencia que antes solo lideraban las grandes marcas. Es una herramienta que iguala oportunidades y es óptima para las acciones de marketing.

También el BTL es sumamente eficaz gracias a su versatilidad y flexibilidad, pues puede correr por infinitos canales, solo depende de la creatividad de quien diseñe la acción. Incluso, los más arriesgados pueden probar caminos hasta ahora no transitados o hasta inventar nuevos.

Quienes tienen la mirada siempre puesta en los resultados también se ven beneficiados por esta técnica, porque por lo general son de corto plazo y se miden según los objetivos planificados. Esto hace que las variables se adecuen a cada caso y a cada negocio. El éxito puede estar dado por la cantidad de visitas, de clickeos, de ventas y más.

Para las Pymes esto abre un nuevo mundo, pues al no tener que pasar sí o sí por los canales tradicionales, no solo les presentan presupuestos que pueden afrontar, sino que también cada campaña puede ser planificada de acuerdo a su necesidad y estructura, sin importar su tamaño. Cada producto llega al consumidor de manera personalizada, siendo esto gratificante para el empresario y también para los clientes que se sienten representados y tenidos en cuenta.

El pensamiento lateral vuelve a tener protagonismo, y éste busca siempre innovar, ir por donde nadie lo imaginaba. Por eso podemos responder la pregunta inicial: innovar siempre es un buen negocio.