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La crisis llegó a la salud: cada vez más jóvenes ejecutivos sufren infartos por el stress

Las crecientes tensiones en el mercado laboral se traducen en serias patologías y son ahora los jóvenes empresarios los que cada vez más casos de infartos presentan debido a las presiones de este tipo.

No es para menos considerando el marco en el que se registra el aumento de los casos. La crisis financiera internacional llegó rápidamente a la Argentina y el desaceleramiento de la economía está lejos de ser una abstracción. Los anuncios de despidos masivos en diversos sectores productivos inciden también en quienes deben tomar las duras decisiones.

Es en ese escenario que los profesionales menores de 45 años presentan un creciente número de cardiopatías severas, aunque no se encuentren en la edad tradicionalmente considerada de riesgo. Sin embargo, la menor experiencia en la toma de medidas terminantes y la mayor competencia para lograr altos cargos, se conjugan para establecer un cóctel peligroso.

Por la falta de información, “la mitad de los pacientes debutan en la actividad coronaria por infartos o directamente por muerte”, explica Gastón Rodríguez Granillo, cardiólogo del Departamento de Imágenes en Cardiología del Hospital Otamendi.

La preocupante situación, que hasta el momento no había traspasado las paredes de los hospitales, merece la atención de quienes consideran poco relevante el exceso de horas de trabajo, el dolor en el pecho, y el cansancio.

Palabras de especialistas
Los primeros en registrar el creciente número de casos de stress son, desde luego, los médicos que deben explicar los cuadros y alertar sobre el nivel de riesgo de los pacientes.

Al respecto, Rodríguez Granillo señala que “hay una tendencia más pronunciada en pacientes que presentan un dolor cardiológico agudo en el pecho y son jóvenes profesionales hombres y mujeres con estos síntomas. Puntualmente son personas que tienen una gran demanda laboral y que se encuentran entre 28 y 45 años aproximadamente”

”Si bien es difícil cuantificar el nivel de stress, constituye un factor independiente en el infarto, y cada vez vemos más casos en jóvenes empresarios”, especifica el especialista ante la consulta de iProfesional.com.

Es justamente la franja etárea lo que hace más difícil que se reconozca la peligrosidad de los síntomas y, por lo tanto, no hay un grado de conciencia alto sobre lo que implica la acumulación de stress. “Muchas personas consideran que solamente el cigarrillo y el colesterol pueden ocasionar un infarto y por eso nos encontramos con casos de gente joven que sufre un muerte súbita a pesar de hacer deportes”, manifiesta Rodríguez Granillo.

De acuerdo con su experiencia, no hay una conciencia del riesgo y los únicos que llegan advertidos son las personas de alrededor de 40 años con antecedentes familiares, por lo que “sería conveniente una campaña masiva que tratara el tema”.

Frente a esta situación, resulta imprescindible poder establecer una serie de pautas para detectar futuros problemas. Sin embargo, esto no es precisamente una tarea sencilla y diagnosticar un cuadro de agotamiento también resulta una dificultad para los médicos.

“Uno de los principales problemas con respecto a este tema, es que no es posible ‘medir’ el stress, tal como puede hacerse con el colesterol. También resulta difícil en la práctica pedir que se hagan los cambios necesarios, ya que la mayoría de las veces se trata de modificar todo un estilo de vida”, dice el cardiólogo.

En este sentido, al enfrentarse con estos casos, los médicos del Hospital Otamendi recomiendan llevar adelante una vida más relaja o al menos tener algún tipo de actividad lúdica, recreacional. “También es importante caminar al menos 30 minutos por día, controlar la presión, el colesterol y la glucemia”, agrega Rodríguez Granillo.

En tanto, Enrique Gurfinkel, jefe de Medicina Cardiovascular de la Fundación Favaloro, sostiene que ”cuando ocurre una crisis, la salud de las personas se ve afectada, aunque ahora sea imposible establecer una estadística ya que nos encontramos en medio de una, sin dudas las condiciones económicas inciden fuertemente en los cuadros cardiológico agudos“.

Como un antecedente en la Argentina, Gurfinkel realizó un estudio sobre la situación económica entre 1999 y 2004. Una de las principales conclusiones a las que se arribó luego del análisis es que existe “una vinculación entre el drama socio económico y el crecimiento de la mortalidad cardiaca”.

El estudio tomó como referencia la evolución del Producto Bruto Interno (PBI) que mide el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). “En momentos económicos críticos se registraron 10.000 casos más de los que por año se registran en nuestro país, que son cerca de 50.000”, manifiesta Gurfinkel a iProfesional.com.

Y agrega: “Desde, mi punto de vista, cada vez que se produzca una crisis de magnitud, nos vamos a encontrar con estas cifras lamentables”.

En cuanto al momento en el que se realizan las consultas, Gurfinkel aclara que “hay más consultas pero las personas llegan cuando los cuadros son agudos. Esto sucede porque durante el período de la crisis propiamente dicha, la gente tiende a quedarse en su casa, intenta pasar el tiempo crítico aislada de la sociedad y es por eso que los casos se agravan aún en entre los jóvenes”.

La salud ante la crisis
Las afecciones de los jóvenes profesionales, sin embargo, tienen sus antecedentes que se han vistos agravados nuevamente en los momentos de crisis.

Según el psiquiatra Gustavo Kásparas, los jóvenes profesionales se vieron en los últimos tiempos cada vez más afectados por el síndrome de agotamiento profesional, también conocido como burn out.

“Es difícil establecer un rango de edad claro, pero a partir del estudio que realizamos a los profesionales observamos que son mucho más reiterados los casos de las personas más jóvenes afectadas por el síndrome”, comentó oportunamente a iProfesional.com el especialista.

El estrés laboral es una de las tantas causas de este síndrome. Según el especialista, una de las explicaciones de que esta enfermedad se de con mucha mayor frecuencia en los jóvenes profesionales sería el “sesgo de supervivencia”.

De acuerdo con su visión, esta franja de trabajadores sufre cada vez más este problema porque “están menos capacitados, tienen menos experiencia, menos aplomo emocional y habilidades de comunicación interpersonal”.

Para Kásparas, la falta de entrenamiento y de experiencia de vida hace que sean más proclives a sufrir esta situación, al tiempo que tienen mayores presiones y muchas veces sus días transcurren en ámbitos laborales en los que predomina una excesiva competencia por ascender y hacer carrera.

Como contrapartida, el especialista remarcó: “A diferencia de lo que ocurre con los más jóvenes, los profesionales de mayor edad ya están mejor posicionados, por lo que no atraviesan una situación de competencia encarnizada que se genera en algunos ambientes laborales y empresas”.

Pero las causas no son sólo personales. Y aunque caer o no en esta patología depende mucho de la personalidad del profesional o ejecutivo, también existen motivos para la aparición de esta enfermedad que están directamente vinculados con el ambiente laboral.

En este último caso, las razones pueden ser la falta de entrenamiento adecuado, de experiencia profesional, de supervisión, de reconocimiento, como así también el exceso de supervisión, la carencia de apoyo emocional en el ámbito laboral, el desbalance entre vida personal y familiar y el vivir apagando incendios más que proyectar metas.

En ese sentido, las noticias sobre las pérdidas de puestos de trabajo que están ganando las tapas de los medios influyen fuertemente en la tensión de los jóvenes. La necesidad de conservar el puesto de trabajo hace que se acepten cargas horarias superiores a las de ocho horas establecidas por ley y, por supuesto, con el paso del tiempo el agotamiento se acumula.

La sobrecarga de responsabilidades hace, según el especialista, que comiencen a manifestarse “signos de agotamiento emocional, angustia expresada a través de la falta de aire, opresión en el pecho, palpitaciones, sudoración en las manos, sensación de opresión en el estómago”.

Frente a esta situación, hay una serie de medidas para prevenir estos síntomas. Kásparas consideró que los más importantes son el cultivo de lazos afectivos sólidos. Principalmente, se trata de dedicarle tiempo a la familia, los amigos y otras relaciones sociales. Este es un factor importante que contribuye a prevenir el desgaste profesional.

También las recompensas tienden a neutralizar o amortiguar los efectos de una pesada carga laboral: la gratitud, el reconocimiento profesional por parte de los colegas o superiores, una retribución económica justa, la sensación de bienestar por ser eficaz en el trabajo, agregó el psiquiatra.

Finalmente, aseguró que se pueden organizar instancias grupales de reflexión, para proporcionar formación psicológica a los miembros del equipo de trabajo, con apoyo psicológico sobre formas de prevención del burn out.