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La maternidad luego de los 35 años

Se trata de una situación cada vez mas frecuente debido a la prioridad que dan algunas mujeres a su desarrollo personal- profesional, a cuestiones de salud que con la edad se manifiestan como dificultades en la procreación, a que se trata muchas veces de la conformación de su segunda familia y otros tantos motivos asociados tanto a lo cultural, como a lo singular de cada una.

A partir de esta llegada tardía a la maternidad, se da un cambio en la manera de concebirla.

Algunas de ellas podrían ser pensadas como puntos fuertes en relación a características asociadas a la edad como lo son: la mayor formación con que las mujeres llegan a esta etapa, su creciente madurez, el mayor registro de riesgos y una mayor conciencia de lo que un embarazo y la llegada de un hijo significan en la vida de un adulto. Es por ello que estas mujeres demandan más información y preparación a lo largo de este proceso.

Sus puntos débiles podrían ser las consecuencias de salud en relación a lo considerado “embarazo añoso”: mayor dificultad en el proceso de la fertilidad, ya que en líneas generales el embarazo tarda un poco más de tiempo en llegar, existen mayores riesgos y suelen aparecer temores económicos y emocionales.

A partir de allí las preguntas más frecuentes son:

– Será el mejor momento?

– Seré una buena madre?

– Será para mí la maternidad?

Y es que a su vez cada vez nos encontramos con más mujeres que se animan a cuestionar la maternidad como su destino, decidiendo en algunos casos no responder a esta demanda considerada cultural.

Cuando estas preguntas nos surgen y no logramos despejar nuestro deseo más propio, es importante apoyarse en la pareja, conversar acerca de lo que en cada uno despierta este tema y en caso de necesitarlo pedir ayuda profesional. Se trata de llegar al embarazo y nacimiento de nuestro hijo de la mejor manera posible.

Una vez tomada la decisión y luego del ansioso tiempo de espera, devendrá un tiempo de grandes cambios. Se trata de los impactos que el embarazo traerá en nuestro cuerpo, en lo emocional, laboral y en el mundo de nuestras relaciones.

El cuerpo ya no es el de una joven de 20 años y cada vez hay que cuidarse más y es más difícil recuperarse. El embarazo necesita otros recaudos como más exámenes diagnósticos, un cuidado anterior, y un seguimiento cercano.

En esta etapa de la vida suele darse el mayor porcentaje de embarazos sorpresivos. Uno de cada tres embarazos luego de los 35 años no ha sido planificado, y llegado a los 40 será uno de cada dos embarazos en esta situación. Solidario a estos datos, se da la también con frecuencia el hecho de enfrentar el embarazo sola ya sea por elección o por otras situaciones de la vida como separación, viudez, relaciones circunstanciales, abandono…

Es ahí donde las preguntas toman más fuerza… podré?, podré cuidar de mí y de mi bebé sola?…

Es importante tener presente que estar sola de pareja no implica estar sola frente a la crianza de un hijo. Se trata de armar una red de contención que acompañe a la madre soltera a vivir este proceso de la manera más saludable y alegre posible.

Nuestra pareja

Como en un primer momento el embarazo no trae cambios físicos visibles, el hombre tal vez no advierta el cuidado especial que ahora necesita su mujer, aunque ahora embarazada, casi convive con otra persona, más aún en las primerizas.

Es importante por ello conversar mucho en pareja, poder explicitar qué necesita cada uno…

Recordemos que si a ella le cuesta pedir ayuda y él no adivina… será complicado!

Otros hijos

Los más pequeños a veces se asustan al ver a su madre más cansada o tal vez no sintiéndose del todo bien. Por ello lo mejor es explicar lo que sucede y tranquilizarlos, teniendo presente que se trata de una buena noticia.

Si se trata de adolescentes, suele ser más difícil. En general se manifiesta una primera etapa de rechazo, consintiendo luego a la llegada de un hermano que con el tiempo despertará ternura y emoción.

En estas relaciones es muy importante el papel del padre, ya que es esperable que asuma su función en forma más activa, acompañando a sus hijos y a su mujer, intentando acercar lazos, sustituir ausencias, asistiendo en la dinámica familiar.

Pos parto

En líneas generales podemos decir que “a mujeres más independientes más angustia de pos parto”, dado que el cambio que la llegada de un bebé conlleva es más profundo que en mujeres menos activas.

Repentinamente llega una personita que depende de esa mujer, que requiere horarios, rutinas, cambios en lo cotidiano, prioridades nuevas.

Se trata de un mundo nuevo al que hay que dedicarle tiempo para conocer al bebé y descubrir actividades para compartir.

Si nos disponemos a dejarnos “tocar” por este nuevo rol, si nos animamos a “dejarnos llevar” será sin duda una experiencia única, enriquecedora y amorosa…