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Mujeres sucesoras en la empresa familiar

Por: Jorge Hamra, Director del Club Argentino de Negocios de Familia

Históricamente, los padres han preparado a sus hijos varones para recibir las riendas de los negocios, pero en general, cuando ellos ingresan a la empresa para trabajar juntos comienzan ciertos choques, que muchas veces tienen que ver con la lucha por el poder y por el control de la empresa.

Por el contrario, las relaciones padre-hija son menos contradictorias: por un lado, los padres no las ven como una amenaza y, por el otro, logran escuchar sus ideas y opiniones, siendo más receptivos. A su vez, las hijas corresponden a este sentimiento, motivadas por el ánimo de ayudar a su familia a conservar la estabilidad emocional dentro y fuera de la compañía, y no necesariamente pensando en su progreso individual o sus logros personales.

Asimismo, las mujeres son más sensibles a las reacciones y necesidades emocionales del padre y están más preocupadas por preservar la armonía en la familia.

La participación de la mujer en la empresa familiar está motivada, en gran parte, por el compromiso que significa el conservar la unión.

Son precisamente estos aspectos los que conforman las ventajas competitivas que una empresa familiar presenta frente a otras que no lo son.

Sin embargo, en ocasiones, la mujer presenta una dicotomía entre unidad familiar y lo que realmente le conviene a la empresa Esto sucede al pensar que para conservar la unidad, todos los hijos deben ser tratados por igual dentro de la empresa familiar, sin contar con que cada uno tiene unas habilidades profesionales diferentes que pueden ser útiles para el desempeño de la empresa.

En ocasiones, alguno de los hijos no cuenta con la aptitud o el interés para trabajar dentro de la empresa y es en este punto donde la mujer, especialmente en su rol de madre, debe ser consciente de la importancia de tener en la empresa a personas con aptitudes adecuadas para su buen desarrollo.

Qué pasa en la actualidad
Aún en los tiempos que corren, en su mayoría las empresas familiares no cuentan con sucesoras directivas. Primero, porque se sigue privilegiando al hombre debido a un tema cultural; segundo, porque los padres sienten la obligación de proteger a sus hijas de las difíciles situaciones laborales y profesionales que conlleva el diario vivir en una empresa.

Cabe destacar que entrar a suceder a un fundador ofrece unos retos inmensos, tanto para para hombres como para mujeres. Pero evidentemente es más difícil enfrentar este proceso para el sexo femenino, ya que no sólo tiene que demostrar que no le quedan grandes los zapatos de su padre, sino que como mujer tiene las capacidades para hacerlo.

El nuevo rol de la mujer implica desarrollarse en dos ámbitos: el familiar y el profesional. Esto requiere una flexibilidad particular en el desarrollo laboral.

Es muy común pensar que la empresa familiar se convierte en una opción para aquellas mujeres que quieren mantenerse activas profesionalmente sin dejar de lado la familia. Es aquí donde se pueden presentar algunas dificultades, ya que puede ser interpretado como una falta de compromiso hacia el trabajo y, por lo tanto, una salida fácil. Esto no es necesariamente cierto, ya que el hecho de tener flexibilidad no significa falta de compromiso en el cumplimiento de los objetivos.

Esta percepción tal vez explica porqué las empresa familiares invitan a las mujeres a desempeñar trabajos simples y transitorios, sin pensar en su futuro potencial como líderes y directivas de la empresa.
Precisamente, aquí está el reto de ser una mujer de nuestras épocas, asumiendo ese doble rol que busca el desarrollo personal sin dejar de lado la familia.

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