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Termas de primera clase

Aristocrático, elegante, sanador, confortable. Estos son algunos de los adjetivos que mejor le sientan al salteño Hotel Termas, el más antiguo de los centros termales de la Argentina, reconocido por la calidad de sus vertientes curativas que concentran, como pocos sitios en el mundo, una amplia variedad de minerales, a distintas temperaturas y con un alto grado de pureza.

Una joya de 1920
Situado en Rosario de la Frontera, a 180 km al sur de la ciudad de Salta, fue fundado muchísimos años antes de que el estrés de las grandes ciudades pusiera de moda a los centros termales. En 1880, hasta aquí llegó José Palau, un médico catalán que ejercía en Tucumán, para fundar el primer balneario termal de nuestro país, el actual Hotel Termas.

Ocupa un magnífico edificio belle epoque, hoy reacondicionado y en camino de recuperar su antiguo esplendor. Cuenta con 76 habitaciones en tres plantas y largas galerías vidriadas, testigos del paso de ilustres visitantes, como Domingo Faustino Sarmiento, Lola Mora, Victoria Ocampo y los salteños Cuchi Leguizamón y Manuel Castilla, entre otros. En los pasillos, interesantes fotografías de la primera mitad del siglo pasado dan cuenta del encanto del hotel.

En el hall principal, sorprende encontrar un ascensor Roux-Combaluzier de 1920, de los cuales sólo existen dos unidades en la Argentina (el otro se encuentra en la Casa Rosada). Otra grata sorpresa es el gran parque con jardines escalonados que alberga una de las piscinas con cuatro variedades de aguas termales. Y junto a una cancha de tenis, asoma una capilla de piedra y madera, belleza arquitectónica.

No sólo termas ofrece el hotel. En las 18 hectáreas del campo de golf (homologado por la Asociación Argentina de Golf), con sus nueve hoyos, pratctican huéspedes y juegan profesionales. Y el campo también tiene su historia: aquí jugó el maestro Roberto De Vicenzo.

Todo el complejo respira vida sana y ofrece alternativas para todos los gustos: además de natación, golf y tenis, se pueden hacer cabalgatas, paseos en bicicleta o animarse a pescar en el Dique. Para conectarse con el resto del mundo, el hotel cuenta con conexión Wi-Fi en todas sus instalaciones, incluido el parque.

Aguas sanadoras
Las aguas termales de esta región eran conocidas desde antes de la conquista española. Se cree que los incas llegaron a frecuentarlas y su fama se extendió con el nombre indígena de Inti Yaco (Aguas del Sol).

Las vertientes de las diferentes variedades de aguas se encuentran muy cercanas unas de otras y se llega a ellas tras una breve caminata desde el hotel. La de mayor temperatura es la silicosa, que surge a 99° C y está indicada para la hipertensión y la arterioesclerosis. Le sigue, en nivel de calor, el agua salada a 89°, ideal para el reumatismo. La sulfurosa brota a 87° y tiene propiedades curativas sobre la ciática, las neuralgias y la epidermis. Si se sumerge uno en ella, la inhalación de sus vapores actúa sobre las afecciones de las vías respiratorias. Por su parte, la ferruginosa, que brota a 85°, produce asombrosos resultados en cuadros anémicos o de desnutrición orgánica.

El pabellón del hotel dedicado al spa y a los baños termales cuenta con una piscina en la que se mezclan cuatro aguas termales (silicosa, ferruginosa, salada y de la Virgen) y es de uso exclusivo y gratuito para los huéspedes. Las opciones de baños y tratamientos incluyen vapor sulfuroso, barro radiactivo, hidromasaje de cuatro aguas termales, ducha escocesa, baño de inmersión y masajes, que se encuentran arancelados, pero a un costo que apenas si supera el de una entrada de cine.