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Una cultura del coraje en las empresas hubiera suavizado los efectos de la crisis

La crisis actual requiere coraje. A esa conclusión llega Monica C. Worline, que es profesora de management en la Goizueta Business School, de la Universidad de Emory, en los Estados Unidos. Según ella, parte de los problemas que sufrimos en la caótica situación que estamos viviendo se podrían haber evitado si las suficientes personas en las suficientes empresas hubieran tenido un poco de coraje para cuestionar si las decisiones estratégicas que se estaban tomando eran las más adecuadas.

“Cuando no cuestionamos algo que todos los demás están haciendo, es un típico comportamiento de conformismo”, comenta Worline en un artículo que publica Knowledge Emory.

Worline estudia la importancia del coraje en las empresas, y cómo los trabajadores que tienen esta cualidad (ya sean administrativos, vendedores o ejecutivos) pueden ayudar a sus empresas a operar con más eficiencia, generar más beneficios y, lo que es más importante, evitar situaciones de crisis.

Después de años investigando sobre el tema, y de haber entrevistado a cientos de trabajadores sobre actos de coraje vistos en sus empresas, ha llegado a la conclusión de que las empresas y organizaciones se podrían beneficiar de promover el coraje de sus empleados para cuestionar su estrategia y sus prácticas, incluso si se cuestiona abiertamente a los niveles más altos de dicha organización.

No hace falta ir muy lejos para darse cuento de que la situación complicada que pasa, por ejemplo los Estados Unidos es en parte resultado de decisiones muy pobres tomadas desde puestos de máxima responsabilidad, ya sean del estado, ya sean de las empresas. Muchas de esas estrategias no fueron cuestionadas en ningún momento.

Inconformistas, despedidos

“Imagino que hubo gente en niveles bajos de las instituciones financieras que dijeron a sus supervisores “esto no va bien del todo”, pero no fueron escuchados”, comenta Worline. Esta investigadora ha detectado este tipo de comportamientos en empresas que después han quebrado.

En ellas, lo trabajadores “rasos” no sólo no fueron escuchados, sino que además fueron despedidos por hacer más preguntas de la cuenta. “Creo que uno de los problemas en la situación actual es que, si las empresas se hubieran comprometido realmente con esta idea del coraje entre sus empleados, ahora se podría estar gestionando la situación de un modo diferente”.

¿Por qué se dan estas situaciones? Para Worline, las organizaciones funcionan como “sistemas de control”. En otras palabras, las empresas suelen funcionar queriendo alcanzar el conformismo, manteniendo a sus empleados “alineados” y sistematizando las expectativas, de tal modo que la gente hace exactamente lo que la empresa necesita.

“Las organizaciones están pensadas para sistematizar y llevar a cabo comportamientos rutinarios, pero no es menos cierto que los líderes quieren que la gente haga las cosas bien, lo que en muchas ocasiones no coincide con esa rutina”, comenta Worline. “Necesitan gente que tenga el coraje de tener un campo de visión más amplio y mantener a la empresa en línea con sus objetivos”.

Incluso las grandes empresas muchas veces se pierden por el camino; incluso los ejecutivos más avezados toman malas decisiones. En tales casos, los empleados deben estar alerta y los ejecutivos deben escuchar lo que éstos les dicen.

La cultura del coraje

¿Cómo pueden las empresas crear esta cultura del coraje? Según Worline, todo comienza con la comunicación. Generalmente, en una empresa la información circula más fácilmente de arriaba hacia abajo que viceversa. Esta estructura de comunicación no facilita que se cuestionen, desde abajo, las acciones o estrategias dudosas que se llevan a cabo por parte de la dirección de una empresa.

Según los estudios de esta profesora, los empleados enseguida captan si sus superiores aceptan fácilmente el “candor”. Si los superiores rebaten constantemente críticas constructivas que les llegan desde estamentos inferiores, no pasará mucho tiempo para que lo único que les llegue sea el silencio. Las empresas pueden impulsar una atmosfera más abierta sencillamente escuchando, escuchando y, algunas veces, actuando en función de la información que les llega.

“Los directivos tienen que tomárselo en serio, y tienen que hacer llegar estas cuestiones a otras personas que estén por encima de ellos en el escalafón”, dice Worline.

Aunque los errores que se han tomado en esta crisis no se pueden deshacer, esta profesora asegura que se pueden aprender muchas lecciones de este momento. Por ejemplo, que el conformismo tiene parte de la culpa de que las instituciones financieras estén como estén.


Fuente: Tendencias 21

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