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Vacaciones de invierno con el vehículo a punto

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Las vacaciones de invierno están cerca. Por lo tanto, hay que tener en cuenta algunas sugerencias para realizar el viaje con seguridad. Así, una revisión exhaustiva resulta prioritaria.

Primero hay que hacer revisar por personal especializado las suspensiones, los frenos y la dirección. Esto debe incluir alineación y balanceo de los neumáticos.

De más está decir que el estado de los neumáticos es vital. Revise los testigos de desgaste de la banda de rodamiento para comprobar la cantidad de caucho útil que queda. Deben tener un dibujo profundo, indispensable para evacuar el agua en días de lluvia y proporcionar un agarre óptimo. Además, si se va a lugares con nieve u otras superficies blandas se debe evaluar la necesidad de cambiar los neumáticos por otros específicos para esas condiciones, en especial en vehículos con doble tracción.

Otro tema importante son las luces. Todas deben funcionar a la perfección y ser reglamentarias. En la ruta, ver y ser vistos es fundamental. No está de más comprobar el estado de las escobillas de los limpiaparabrisas (hay que reemplazarlas anualmente) y el funcionamiento del sistema.

Verifique el kilometraje del lubricante. Es preferible cambiar el aceite y todos los filtros antes de salir.

A punto de partir
Antes de salir a la ruta, tenga en cuenta la carga y cómo se distribuye. Si una parte se va a ubicar en el portaequipaje, en el techo, tenga en cuenta que esto modificará el comportamiento del vehículo, ya que lo hará más inestable al doblar. Trate de distribuirla lo más uniformemente posible.

Esto influye en la presión de los neumáticos. Con un peso normal, para salir a la ruta hay que subir la presión entre 2 y 3 libras más de lo que se usa en la ciudad (así, el neumático disipa mejor el calor). Si lleva mucho peso hay que inflar las cubiertas aún más. A mayor carga, más presión. No olvide revisar el inflado del neumático de auxilio.

Controle el nivel de aceite y del líquido refrigerante del motor, así como los fluidos de freno y dirección. Cargue el depósito del sapito limpiaparabrisas, e incluya un poco de detergente en el agua. No deben faltar en el vehículo balizas portátiles, críquet y matafuegos. Además, un buen mapa rutero nunca viene mal.

Conducción en la nieve
La nieve y el hielo requieren de un estilo de manejo delicado, en el que se deben evitar maniobras bruscas.

La conducción sobre nieve se asemeja a la en el barro, sin aceleraciones ni frenadas violentas, que hagan derrapar las ruedas. La clave es mantener un ritmo suave y constante, usando una marcha justa, con reserva de potencia para una rápida respuesta del motor.

En sendas con nieve pisada se conduce sin dificultad, pero hay que prestar atención a la presencia de hielo en las zonas con sombra.

Trace las curvas con suavidad, girando lo menos posible el volante. Para detenerse, utilice el efecto freno-motor mediante rebajes de marchas. Evite los frenos o utilícelos con mucha suavidad. Use siempre marchas largas para arrancar, muy lentamente.

Lleve cadenas. No sólo se las exigirán en la entrada de los parques nacionales, a veces son indispensables para traccionar en la nieve. Colóquelas en lugares planos. Mientras utilice las cadenas, maneje también despacio y con seguridad. Tampoco ejecute maniobras bruscas.

Apenas deje de necesitarlas, retírelas. Pueden producir daños en la mecánica y la carrocería.


Fuente: La Nación

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