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?Alerta ACV: se estima que sólo el 10% de los casos presenta síntomas

El 29 de octubre se conmemora el Día Mundial del ACV y desde la Fundación Cardiológica Argentina queremos promover la toma de conciencia sobre esta enfermedad que, junto con las cardiovasculares, constituye una de las causas más importantes de discapacidad y muerte prematura en nuestro país y en todo el mundo.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 15 millones de personas sufren un accidente cerebrovascular (ACV) por año. De estos, 5 millones mueren y otros 5 millones quedan con una discapacidad permanente. En el mundo, es la segunda causa de muerte y la primera de discapacidad. Por cada ACV sintomático, se estima que hay 9 “infartos silentes” que impactan en el nivel cognitivo de los pacientes.

Según el estudio de carga de enfermedad realizado por el Ministerio de Salud de la Nación, la enfermedad cerebrovascular representó la segunda causa de años de vida perdidos por muerte prematura (4,8% del total en hombres y 6% en mujeres), siendo además la segunda causa de pérdida de años de vida ajustados a discapacidad en hombres y mujeres, solamente detrás de la enfermedad coronaria.

El problema que subyace a esta enfermedad es la aterosclerosis que progresa a lo largo de los años. De modo que cuando aparecen los síntomas, generalmente a mediana edad, suele estar en una fase avanzada.

El ACV es provocado por el taponamiento o la rotura de una arteria del cerebro; y puede ser de dos tipos: isquémico o también conocido como infarto cerebral, es el más frecuente (cerca del 80% en los registros de nuestro país) y se produce cuando se tapa una arteria; o hemorrágico, provocado por la ruptura de una arteria dentro del cerebro generando una hemorragia y dañando el sector donde ocurre (representa aproximadamente el 20% de los casos).

Por eso, el reconocimiento temprano de los signos de un ataque cerebral y la búsqueda inmediata de atención médica hacen que se pueda reducir considerablemente las posibilidades de muerte y discapacidad. Según estudios nacionales e internacionales, solo un 1 de cada 4 pacientes llega a tiempo al hospital. Hay varios factores que determinan esta baja proporción de consultas a tiempo. Uno de los más importantes es el no reconocimiento de los síntomas.

¿Cómo detectar un ACV?
Es muy importante saber reconocer los síntomas para reducir en forma inmediata el daño cerebral. Cada minuto transcurrido es crucial para prevenir los daños del ataque sobre la actividad motora del cuerpo, la palabra, la visión, la actividad psíquica y, por supuesto, la muerte. Ante la ocurrencia de los siguientes síntomas es muy importante recurrir al médico que sabrá diagnosticar qué tipo de ataque cerebral está en curso.

Los síntomas más frecuentes son falta de sensación, debilidad o parálisis repentinas en la cara, el brazo o la pierna, especialmente en un lado del cuerpo. Pero, también el comienzo brusco de alguno de los siguientes signos merece estar alerta:

  • Dificultad para caminar, mareo, vértigo, pérdida del equilibrio o falta de coordinación.
  • Dolor de cabeza súbito y de máxima intensidad, no habitual.
  • Dificultad para hablar.
  • Problemas repentinos para ver con uno o los dos ojos.
  • Pérdida súbita de la visión de un ojo, o visión borrosa o limitada.
  • Dificultad para manejar los brazos o coordinar los movimientos.
  • Confusión súbita, general, problemas repentinos para hablar o entender.

¿Cuáles son sus factores de riesgo?
Como la enfermedad cardiovascular, la cerebrovascular presenta factores de riesgo controlables y no controlables.
Entre los factores de riesgo controlables se destacan:

  • Hipertensión arterial: es el más frecuente, presente en casi el 80% de los pacientes que sufren un ataque cerebral en la Argentina.
  • Diabetes: en nuestro país, el 22% de los pacientes que presenta un ACV es diabético.
  • Alcoholismo: el consumo excesivo de alcohol tiene una estrecha relación con el riesgo de sufrir hemorragias cerebrales. También, la cocaína y otras drogas se asocian a una mayor frecuencia de ataques cerebrales.
  • Tabaquismo: aumenta entre un 50 a 70% la posibilidad de sufrir un ACV. Casi el 25% de la población son fumadores.
  • Colesterol elevado: las concentraciones poco saludables de colesterol en la sangre (altas de colesterol LDL o “colesterol malo” y bajas de colesterol HDL o “colesterol bueno”), aumentan el riesgo de oclusión de las arterias que van al cerebro.
  • Sedentarismo: La falta de actividad física puede empeorar otros factores de riesgo, como las concentraciones poco saludables de colesterol en la sangre, la presión arterial alta, la diabetes y el sobrepeso o la obesidad.
  • Obesidad: su presencia potencia a otros factores. Casi un tercio de los adultos en Argentina son obesos.

Entre los factores de riesgo no controlables se encuentran la edad (duplica el riesgo a partir de los 55 años de edad), el género (los hombres tienen mayor riesgo con respecto a las mujeres, pero éstas tienen más impacto si son fumadoras), la herencia (el antecedente familiar de enfermedad cardiovascular de aparición temprana; específicamente si el padre o hermano es diagnosticado antes de los 55 años, o su madre o hermana es diagnosticada antes de los 65 años), y los antecedentes personales (si ya sufrieron un ACV tienen mayor riesgo de tener otro).

Asimismo, la estenosis carotídea y la fibrilación auricular deberían considerarse como factores de riesgo de ACV, ya que los resultados de ensayos clínicos han demostrado que el tratamiento de estas condiciones reduce su incidencia.

¿Cómo prevenir un ACV?
Aunque el riesgo de sufrir un ataque cerebral no puede eliminarse por completo, se puede disminuir la probabilidad de sufrir un evento mediante la incorporación en nuestras vidas de ciertos comportamientos o hábitos saludables, tales como:

  • Abandonar el tabaco o no empezar a hacerlo, así como evitar el tabaquismo pasivo.
  • Adquirir y mantener un plan alimentario saludable.
  • Realizar actividad física de manera periódica.
  • Tener un peso adecuado, reduciendo -si fueran elevados- los índices de masa corporal (IMC) y el perímetro de cintura.
  • Reducir la tensión arterial si fuera superior a lo normal.
  • Alcanzar y mantener los valores recomendados de concentración de colesterol total y colesterol LDL en sangre.
  • Controlar la glucemia en personas con intolerancia a la glucosa o con diabetes.
  • Tomar antiagregantes plaquetarios cuando fuera necesario y solo bajo prescripción médica.

Aunque la edad y los antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular precoz son factores de riesgo, eso no quiere decir que se vaya a tener un ACV si tiene uno o ambos factores de riesgo. El control de otros factores de riesgo puede a menudo disminuir la influencia genética y prevenirlo, incluso en personas de edad avanzada.