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Acción en la quietud de las sierras

Originalmente se llamó Las Tablas, por la madera que se utilizaba en la construcción y reparación de carretas y carruajes. Con el tiempo, el nombre derivó en el actual de Carpintería, y denomina a una pequeña localidad ubicada en el noroeste de la provincia de San Luis, sobre el margen occidental de la Sierra de Comechingones.

En pleno Valle de Conlara, Carpintería atrae con los mismos encantos que su vecina más famosa, Merlo, pero con un carácter mucho más reposado y tranquilo. Sin embargo, es también aventurera y adrenalínica, con su gran variedad de actividades vinculadas a las sierras, como rappel, tirolesa, trekking, parapente, aladeltismo o cabalgatas.

No está mal comenzar el recorrido por el Paseo Peatonal del pueblo, ubicado en pleno centro y atravesado por el Arroyo Carpintería. O acercarse al Monasterio de Belén, ideal para amantes del descanso y la reflexión, y donde se consiguen artesanías talladas en marfilina y dolomita por las propias monjas, además de piezas provenientes de la sede francesa de la congregación.

Desde el aire y bajo tierra
Este sector de las Sierras de Comechingones es famoso por sus balnearios y campings a la orilla de arroyos, y se puede conocer por tierra, por aire, o incluso bajo tierra. Veamos. Conocida como “Capital del Vuelo Libre”, Carpintería es para los expertos una verdadera “Meca” del vuelo en parapente. Se despega desde el Mirador de los Cóndores, en el filo de las sierras, a 2.050 metros de altura. “Es un vuelo muy seguro y no requiere experiencia previa. Dura en promedio uno 20 minutos, por lo que es uno de los más largos que se pueden hacer en el país, y permite obtener inolvidables vistas de las sierras y la planicie puntana”, describe Juan Delgado, instructor de vuelos en tándem. Y ni qué decir cuando ese vuelo va acompañado por los majestuosos cóndores, que abundan en esta parte de las sierras. “Es una de las actividades más demandadas porque éste es uno de los mejores lugares de Sudamérica para practicarla”, comenta. Y agrega que aquí se logró récord argentino de distancia: 218 km.

Al descender se puede probar sin culpas un buen chivito al asador, el plato típico de la zona. O internarse en las sierras con una buena caminata o una cabalgata como las que organiza el baqueano “Tono” Silva. Tanto a pie como a caballo hay distintos circuitos, aptos para toda la familia, aunque no son pocos los que no resisten encarar directamente la Cuesta de Carpintería, un antiguo camino que se usaba para transportar sobre mulas el wolfram de las altas minas, hoy convertido en un sendero que llega al filo mismo de las sierras.

Para los menos aventureros, hay otros senderos más cortos, que en menos de una hora llegan a saltos de agua. A caballo también hay varias opciones, como visitar Salto del Tigre o Cerro Aspero, donde se puede pasar la noche en las barracas de una antigua mina abandonada.

Y no está mal completar la visita con una verdadera aventura “en el corazón de la piedra” en Mina de Los Cóndores, cerca de Concarán. Allí un guía minero, luego de proveer los rigurosos cascos, botas y linternas, lidera un recorrido por el pueblo minero abandonado, en el que llegaron a vivir más de 2.000 personas, mientras cuenta la historia del lugar. Un excelente prolegómeno para internarse luego en los tramos de los viejos túneles, acercándose a las entrañas de la Tierra.

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