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Aceptación y Compromiso: un nuevo enfoque terapéutico

Cuando una persona sufre compara su interior con lo que cree que le pasa a los otros y en consecuencia su imagen de la condición humana queda distorsionada. Esa diferencia es lo que nos hace creer que tenemos derecho de nacimiento a estar psicológicamente saludables, felices y despreocupados –y que “sentirse bien” es la medida de una vida “bien vivida”. Intereses comerciales están también encantados de contribuir a esta visión, asegurándonos que estaremos más cerca de ese objetivo a través del auto adecuado, la vivienda o las vacaciones ideales. Aparentemente, sólo las personas “anormales” sufren. Sin embargo, el exterior de los otros proporciona sólo una evidencia superficial sobre la validez de este punto de vista. Pero ¿y si cada uno tuviera su secreto? ¿Y si en el fuero interno todos sintiesemos lo mismo?.

Lo cierto es que toda la gente sufre en algún momento de su vida, esto es parte de ser humano. Encontrar métodos fáciles para sentirse bien poco tiene que ver con llevar una vida significativa, valiosa y vital. Si miramos las estadísticas de desordenes psiquiátricos y de otros problemas, tenemos que considerar la posibilidad de que el dolor humano es casi universal. Lo que es anormal entonces es pretender sentirse todo el tiempo bien, es alcanzar la felicidad permanente. Bajo este mandato de sentirse bien todo el tiempo una persona que padece intenta todo el tiempo ver como “sacarse esos problemas de encima”. Todos tenemos problemas, los que nos diferencia es que hacemos cada uno con ellos, es decir, la solución singular que cada uno de nosotros puede inventar.

Un modo posible de afrontar eso que nos pasa es en vez de intentar evitarlo, explorar cómo sería aproximarse a aquello contra lo que luchamos tan intensamente. Asi vale la pena preguntarse entonces si los enemigos son los elementos emocionales o cognitivos o la propia lucha en si. Sabemos por investigaciones que una de las cosas más patológicas que puede hacer un ser humano es tratar de evitar sus propios pensamientos y sentimientos y asociar sus conductas a este intento de evitación. La inflexibilidad psicológica que esto genera, ya que empezamos a responder en automático, debilita la posibilidad de aprender cosas nuevas quedando asi encerrados en las soluciones disfuncionales ya conocidas. De esta manera nos enredamos en una lucha innecesaria con nuestros propios pensamientos y sentimientos. Aparecen entonces las frases: “más de lo mismo”, “otra vez tropiezo en el mismo lugar”, “no le encuentro la salida”.

Si no queremos tener un recuerdo doloroso y tratamos de no pensar en él, lo estaremos situando más en el foco de nuestra atención, con mayor frecuencia y con mayor impacto. Si a lo que tememos es al sufrimiento producido por un futuro ataque de pánico y tratamos de evitarlo, estaremos trayendo a nuestro presente ese sufrimiento imaginado y amplificando su papel en nuestra vida.

En Hémera, siguiendo los nuevos enfoques producidos por las últimas investigaciones, hemos desarrollado métodos para promover en las personas alternativas más saludables y flexibles: aceptar los sentimientos y ser conscientes de nuestros pensamientos sin discutir con ellos, centrándonos, en cambio, en el presente de una manera más plena comprometidos con nosotros mismos.

El enfoque de aceptacion y compromiso (ACT) está teniendo un profundo impacto en la práctica clínica. Investigaciones controladas muestras que estos métodos son útiles en áreas tan diversas como la ansiedad, ‘burn out’, estrés, abuso de sustancias, problemas de alimentación, dolor y depresiones entre otras. ACT se basa en la idea de que el sufrimiento psicológico es usulamente causado por la evitación y por los enredos de pensamientos con el resultado de realizar acciones o conductas no acordes con los valores propios. En este tipo de enfoque se enseña a los pacientes como modificar el modo en que las experiencias privadas problemáticas de nuestro fuero interno funcionan más que eliminarlas. Aprender a con-vivir con ellas. Al combinarlas con valores propios y en consecuencia con acciones comprometidas, pueden movilizar incluso a aquellos pacientes muy resistentes al tratamiento. No se trata entonces tanto de modificar los contenidos de los pensamientos y corregir las distorsiones sino de cambiar nuestra relación con nuestros pensamientos, emociones, recuerdos y otros eventos de nuestro fuero interno. Esto quiere decir que dentro de este enfoque de ACT, no se trata tanto de hacer que la ansiedad o la depresión desaparezcan sino más de desenredarse de los pensamientos y las emociones que nos atrapan para poder movernos en al dirección que es importante para nosostros mismos.

Dado que a veces al enredarnos en nuestros propios pensamientos nos enredamos en el lenguaje, este tipo de enfoque no solo trabaja mediante la palabra sino también a través de vivencias, experiencias, metáforas, paradojas y otros métodos que permitan que el paciente no quede atrapado en sus palabras e ideas y pueda actuar más flexiblemente. Esta flexibilidad psicológica significa poder contactar con el tiempo presente con atención plena y acorde con la situación que corresponda afrontar, modificando o perseverando en las acciones de manera tal que esten al servicio de los valores propios. Asi los pacientes en contacto consigo mismos pueden desarrollar recursos para recontextualizar y aceptar los que les sucede y comprometerse consigo mismos.

Siguiendo este enfoque tenemos propuestas de tratamientos individuales y grupales, inclusive corporales. La tarea consiste entonces en aprender cómo llevar nuestros problemas sin amplificarlos innecesariamente en forma de sufrimiento y utilizando recursos flexibles mientras creamos una vida significativa basada en un compromiso pleno con nosotros mismos.