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Advierten que la Argentina necesita tres veces más ingenieros de los que produce

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Con la reactivación de la demanda laboral, en el primer semestre del año los ingenieros volvieron a convertirse en las “figuritas difíciles” del mercado de trabajo.

Pero aunque un mejor clima de negocios a nivel global le está dando a la Argentina la oportunidad de reformular sus capacidades de producción para transformarse en un país innovador, capaz de generar sistemas, productos y servicios con mayor valor agregado que sean demandados a nivel global, desde el sector privado alertan que, para estar a la altura de semejante desafío, hace falta incrementar la cantidad de ingenieros que salen, diploma en mano, de las casas de altos estudios.

Es que, en definitiva, los profesionales de esta disciplina son quienes toman las nuevas ideas y las modifican, o colaboran para transformarlas en productos y servicios que adquiere el mercado.

“En la actualidad, el país cuenta con algo más de 125.000 ingenieros. La tasa de estos profesionales por cantidad de habitantes ubica a la Argentina por detrás de Chile y Brasil, y muy lejos de las naciones de mayor nivel de desarrollo como Finlandia, Irlanda o Corea”, advierte Pablo Bereciartúa, presidente a cargo del Foro de Jóvenes en el Congreso Mundial y Exposición – Ingeniería 2010, que se realizará por primera vez en el país durante octubre. (Ver nota relacionada)

Según datos aportados por el responsable del Foro de Jóvenes, en las universidades nacionales se gradúan alrededor de 5.000 ingenieros por año.

La cifra, sin embargo, está lejos de ser suficiente. En opinión del experto, es necesario triplicar la cantidad de estos perfiles en los próximos 15 años, fortaleciendo sectores como, por ejemplo, el agroalimentario.

En tanto, puntualmente en las carreras informáticas, desde la Cámara de Empresas de Software y Servicios Informáticos de Argentina (CESSI) estiman que en 2009 egresaron 3.275 personas.

“Esta misma variable indica que, para el cierre de este año, el número sea menor, alcanzando los 3.158 recibidos”, expresa Fernando Racca, presidente de la entidad.

“En la medida en que el país siga en una etapa de crecimiento, requerirá de todas las ingenierías, pero hay que prestarle mucha atención a aquellas ramas vinculadas a la producción, por ejemplo, las que colaboran con la cadena agroindustrial, los sectores de alto valor agregado tecnológico, e incluso el energético”, hace hincapié Bereciartúa.

De acuerdo a su visión, el problema de la Argentina radica en la falta de una estrategia que esté orientada a utilizar los recursos humanos más capacitados, entre ellos los ingenieros

Para la demanda, siempre es temporada alta
Desde el 2001 en adelante, los pedidos de estos profesionales por parte de las empresas crecieron fuertemente. De hecho, hasta la crisis mundial de 2008 la demanda era muy superior a la oferta disponible.

Tras la salida de la Convertibilidad, en pleno auge de la reactivación económica, una situación común era que los estudiantes, sobre todo de determinadas ramas y universidades, demoraban en finalizar la carrera –e incluso la abandonaban – tras recibir excelentes propuestas laborales por parte de las compañías.

Y, en la actualidad, prácticamente todos los alumnos de los últimos años de las ramas de ingeniería reciben desde el sector privado ofertas de trabajo antes de terminar sus estudios. Dentro de esta carrera, en la Argentina hoy se pueden estudiar más de 40 especialidades.

Nuevos perfiles salen de las universidades
Para Bereciartúa, la Argentina tiene una nueva generación de jóvenes que pueden aprovechar el viento de cola que sopla en este contexto post recesión.

“Entre la Generación Y o Millenials existen nuevas concepciones sobre el trabajo, las relaciones sociales, el ambiente y la tecnología”, comenta el responsable del Foro de Jóvenes en el Congreso Mundial y Exposición – Ingeniería 2010.

Y añade: “Los jóvenes de hoy, y en particular los ingenieros, valoran más la creatividad y la innovación y aquellas actividades que les permiten desarrollar más su talento. Pero, además, también quieren ser parte de empresas e iniciativas con fines de beneficiosos para la sociedad, como el bienestar y la equidad. Y estos cambios ya son muy evidentes.”

Así, los jóvenes ingenieros difieren bastante de las anteriores generaciones porque claramente prefieren las actividades más creativas, estar en contacto directo con el desarrollo y las aplicaciones tecnológicas. También le dan gran valor a dedicarse a tareas que no sean tan repetitivas (como las del modelo industrial) y suelen optar por aquellas vinculadas a los servicios o, al menos con la innovación, con el cambio.

Además, si bien antes este perfil de profesionales aceptaba alejarse de su lugar de residencia con el objetivo de recibir mayores compensaciones, los flamantes egresados no maximizan ingresos sino que ante todo prefieren calidad de vida.

En lo que se percibe como un claro cambio de tendencia, Bereciartúa cuenta que “históricamente, los ingresantes al ITBA respondían que una vez recibidos les interesaría trabajar en compañías multinacionales. Este porcentaje, sin embargo, ha ido disminuyendo en los últimos años y en paralelo ha ido creciendo la respuesta acerca de que les gustaría crear su propio emprendimiento.”

Y, aunque a menor ritmo, en el ITBA también registraron un ascenso de la respuesta que habla del interés por trabajar, al menos por un tiempo, en iniciativas sociales. “Este dato es muy llamativo entre los ingenieros, pero sin dudas es una realidad entre la nueva generación”, remarca el experto.


Fuente: InfoBAE

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