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Aires de libertad en la tierra de San Martín

Una familia tipo con tonada cordobesa recorre el templete dedicado al Libertador y dispara flashes a cada paso. El General parece observarlos desde las placas conmemorativas. ¿Para qué tantas fotos? Pensar que existe solamente una del gran prócer argentino. Hombre austero, además de heroico, aceptó posar ante una cámara, por única vez, en 1848, por pedido de su hija. Dos retratos hizo entonces Robert J. Bingham; uno se extravió, el otro se conserva en el Museo Histórico Nacional. En pleno boom del daguerrotipo, sistema anterior a la fotografía moderna, José de San Martín prefería evitar las luces. Por eso una sola imagen, algo impensado hoy, entre líderes de una era digital y televisada.

Su mirada calma rodea a los visitantes, aunque también se lo ve a caballo, con actitud aguerrida. El templete resguarda las paredes reconstruidas de la casa donde vivió los primeros años. Es un monumento amplio, con ventanas que dejan circular el aire que llega desde el río Uruguay, a menos de cien metros, que le da un marco espléndido al edificio.

Casi todo a primera vista hace referencia a San Martín, como el nombre de la escuela y del hotel frente a la plaza, junto a un almacén, donde atiende una chica de ojos claros que se llama Cielo. Ante la pregunta de si hay algún bar cerca, ella responde: “Acá pueden pedir algo. ¿Quieren una cerveza? Hoy está fresco, pero en verano se sacan las mesas y el lugar se llena”. Son las 6 de la tarde y, salvo unos chicos que levantan polvo mientras corren, nadie aparece.

En la esquina está el Museo de la Cultura Jesuítica, que resume en un circuito octogonal parte de la historia de la región, que fue habitada mayormente por guaraníes y repoblada por franceses, después de ser arrasada. Susi Daniel es descendiente, sexta generación, de una de las 14 familias galas enviadas para la reconstrucción de Yapeyú. La mayoría de los turistas, cuenta la mujer, llegan motivados por la historia de San Martín, y algunos por los jesuitas, pero luego descubren la de sus antepasados.

Ella aporta un dato curioso sobre el higuerón que se encuentra en la plaza central, referencia ineludible cuando se menciona la niñez del prócer, que jugaba allí, según se cuenta. Buscando datos sobre sus parientes, Susi encontró un documento que demuestra, según dice, que esa especie de árbol fue traída por los colonos franceses, años después de la muerte del Libertador.

“Es un dato que cambia la historia”, afirma, exagerando un poco y algo preocupada porque la versión despierta polémica. Lo cierto es que los típicos higuerones de esta región son un atractivo en sí mismos, como raras esculturas que se ven, entrelazadas con otras plantas, en cada calle, y sobre todo en el campo.

Turismo rural
La mayoría, en el siglo XIX, vivía más en chacras que en los pueblos de la zona, de manera que en las afueras de Yapeyú se puede conocer más de la historia. Pero, en rigor, los alrededores son ideales para descansar.

La zona es perfecta para detenerse una o dos noches, por ejemplo, en el camino a cataratas del Iguazú, por la ruta 14. Pronto será parte de un nuevo circuito, cuando se complete el proyecto del Paso Mesa, que unirá la región con los Esteros del Iberá (ver datos útiles). De esa manera, se formará un corredor turístico muy atractivo, que abarcará también las ruinas jesuíticas de Corrientes y Misiones y los saltos de Moconá.

Con boina roja, cara afilada, facón haciendo juego y teléfono celular, Ayala guía a los visitantes por el campo de la estancia Yapeyú, en un recorrido por paisajes variados. El hombre cuenta que llegan turistas “que a cualquier pajarito le sacan fotos” y otros que se interesan mucho por la vida de los campesinos.

Se necesita coraje para ser gaucho. Si hay que alambrar, Ayala lo hace, y si hay que ser partero de algún animal, tampoco lo duda. Lo único a lo que le tiene miedo, la ruta. Jamás un auto, dice, prefiere montar.

“Vamos a entrarle por ahí”, propone el hombre, e ingresa por un pasillo de cañaverales, para atravesar luego una selva en galería, donde por momentos hay que agacharse. No son caballos de paseo, sino animales altos y señoriales, parte fundamental de una estancia que funciona como tal.

El camino alcanza una laguna con seis yacarés, escondidos ahora ante los visitantes, pero que se asoman apenas los caballos se alejan. El recorrido finaliza en el río; la costa de Brasil se observa a menos de 1000 metros.

Para conocer mejor la zona, Eduardo, dueño de la estancia, ofrece un paseo en lancha. El punto de partida puede ser ése o la costa de Yapeyú; elige el segundo. Desde un muelle del balneario El Piñeral, el primer destino es una pequeña isla ubicada justo frente a la ciudad. El lugar está vacío, ya que casi no hay embarcaciones que naveguen por la zona, de manera que la playita de arena se puede disfrutar en total soledad. Lo increíble es que la isla es territorio brasileño. Un martín pescador acompaña la entrada al río Aguapey, donde se prueba suerte para el surubí, la boga o el dorado.

De nuevo en la estancia, Josefina termina de preparar la comida. La idea de sumar un chef al equipo, como ocurre en otros establecimientos de turismo rural de alta gama, fue descartada cuando probaron el primer guiso de esta gran cocinera. Además, la propuesta es de turismo rural en serio, aunque Domingo se vista de gala para tocar el chamamé, si alguien se lo pide, antes o después de asar un cordero. Parece un disfraz de gaucho, pero es su ropa de artista, que se luce aún más cuando comienza a tocar el acordeón.

La Cruz sorprende
Fueron 30 los pueblos jesuitas guaraníes en toda la región. La Cruz fue el único caso de repoblamiento a cargo de gente nativa, luego de su destrucción, en 1817. Hoy sus calles guardan historias que se revelan a cada paso, ya que se encuentran elementos del pasado sin mayor dificultad. En algunos casos, basta agacharse para reconocer pedazos de tejas y vasijas de diferentes épocas.

Eso es lo que fascina a María Eugenia Turus, arqueóloga, además de la posibilidad de trabajar en el rescate, la conservación y la puesta en valor turístico de algunos sitios específicos del pueblo. Ella vive aquí hace un año, cuando comenzaron los trabajos en el sitio arqueológico “Hornos de tejas y ladrillos de La Cruz”, ubicado en una esquina del pueblo.

Allí funcionaba una fábrica, hace 300 años. Una parte de la misma se observa desde la calle a través de una estructura de vidrio, inaugurada en abril. Los hornos habían sido descubiertos aproximadamente en 1930, por buscadores de tesoros. Desde entonces, la gente sabía que en el lugar “había algo jesuita”.

Ahora La Cruz puede sentirse orgullosa del rescate de su patrimonio, que irá creciendo. “Las excavaciones son un atractivo en sí mismo para los turistas y la gente del pueblo, que se acerca a ver y pregunta cada día qué encontramos”, cuenta María Eugenia.

El proyecto abarca la reestructuración del museo. Allí se podrán observar imágenes jesuíticas, que hoy se muestran en la iglesia, frente a la plaza. Entre las piezas se destacan miniaturas como las de San La Muerte.

Si las costas del Paraná han sido siempre las que recibieron más atención en la provincia, ahora los pueblos del Uruguay trabajan, con proyectos de este tipo, para atraer todas las miradas. Por eso cada vez más gente apoya el rescate patrimonial; lo ve también como una posibilidad a futuro. Pronto llegarán nuevos visitantes, sobre todo si se realiza el puente del Paso Mesa.

Uno de los objetivos es “cargar de valor -como dice María Eugenia- cada descubrimiento. Lo bueno de los pueblos y las pequeñas ciudades es que no sólo mantienen su esencia, sino también que las máquinas no destruyeron su patrimonio”.

Datos utiles

Cómo llegar

* Yapeyú está a 770 kilómetros de Buenos Aires. Hay que tomar la RN 9, después la RN 12, a la altura de Campana. Se ingresa en la RN 14, luego en la RN 130 EMP, y finalmente se retorna a la 14 hasta el ingreso a Yapeyú.

* El Paso Masa unirá la zona con los Esteros del Iberá. Hoy, para ir a Colonia Pellegrini desde Yapeyú, hay que recorrer unos 240 km. Con este viaducto sobre el estero Miriñay quedará Pellegrini a 130 km de la RN 14, a la altura de La Cruz.

Estancia Yapeyú
La estada es con pensión completa y las actividades están incluidas: cabalgatas, paseos en sulky, navegación y pesca, tareas rurales, caminatas, salidas en cuatriciclo, travesías en 4×4, y visitas a Yapeyú y La Cruz. Cuesta $ 302,50 por día y por persona en habitación doble. Informes: Essential Travel, (011) 4321-1090.

Más información: www.yapeyu.gov.ar


Fuente: La Nación

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