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Arquitectura “verde”: ideas para preservar el agua

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Por: el Arq. Gustavo Di Costa, Coordinador de la Carrera Proyecto y Construcción de Obras y Docente de INTEGRAL Instituto de Diseño

Nuestro mundo es cada vez más complejo, por lo que el desarrollo de las especialidades exigirá integrarlas con una visión global, recuperando una estrategia tanto de lo cotidiano como de lo aplicable en las áreas tecnológicas. Todo ello implica, desde mi punto de vista, la necesidad de comprender mejor el contexto en el que vivimos, y poder ofrecer respuestas y beneficios a la totalidad de los actores sociales. Analicemos un ejemplo práctico sobre esta línea de pensamiento.

La Consejería de Vivienda de Galicia, España, ha reglamentado la obligatoriedad para que las nuevas viviendas instalen sistemas que reciclen el agua de lluvia. De este modo, y aplicando por obra un presupuesto de 2.000 euros (una parte de los cuales el mismo Estado subvenciona), es posible ahorrar hasta un 50% del agua corriente.

De más está remarcar el notable aporte que esta acción implica para la sociedad, en este caso de Galicia, al desarrollarse este programa del tipo ”todos ganan”.

– El Estado se beneficia, porque respeta y cumple sus funciones al velar por el cuidado de un recurso tan vital como lo es el agua potable;
– los usuarios ven reducido el importe económico de su consumo en casi la mitad; las empresas, técnicos y proveedores de esta tecnología obtienen utilidades, puesto que se abastecen de una notable fuente de trabajo;
– y por último, pero no por ello menos importante, nuestro planeta suma un rédito esencial, ya que la sequía y la escasez de agua constituyen algunos de los problemas ambientales más acuciantes.

Pensemos cuántas soluciones aportaría este sistema aplicado en aquellas ciudades como nuestra Buenos Aires, donde las precipitaciones pluviales se convierten en una verdadera trampa que anega calles y viviendas, inunda comercios (con la consecuente pérdida de mercaderías y daño económico), interrumpe el tráfico vehicular, sin mencionar el peligro latente de la electrocución para los transeúntes y otras desgracias.

Dado que en esas urbes hemos reducido la superficie absorbente de los suelos, sería sumamente oportuno que cada nueva unidad construida (vivienda, comercio, oficina, etc., etc.), pudiera captar el agua de lluvia y almacenarla en tanques. Luego podría ser reutilizada, en lugar de volcarla a una red colapsada que, al desbordar, acarrea como drástica consecuencia los problemas antes enunciados.

El aporte de cada unidad no será menor si consideramos que, con precipitaciones pluviales de 30 litros/m2 y una superficie de recolección de 150 m2, se puede obtener una reserva de 4.500 litros de agua.
Sumados, conformarán millones de litros que el Estado argentino ya no debería ocuparse de potabilizar, y que podían ser empleados en la descarga de inodoros, la limpieza de veredas, el riego, entre muchísimos otros usos para los que actualmente empleamos agua potable. Un lujo que por solidaridad (con nuestros hermanos que no cuentan con ella y con la salud medioambiental del planeta) ya no nos debemos dar.

La técnica para aplicar estos sistemas se encuentra disponible. En muchos puntos del globo reutilizan el agua de lluvia desde hace varios años. Sólo resta a los profesionales, técnicos, empresas y a la sociedad toda, que asimilemos estos exitosos conceptos en el mundo, y los dispongamos conforme a nuestras necesidades.

Todos tenemos que hacer algo y tenemos que hacerlo ya. La ONU presagia que para el año 2025 la demanda de agua potable será un 56% mayor que el suministro existente, es decir, que 3.500 millones de personas padecerán escasez. Reciclar, entonces, es la tarea humana más indicada.

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