Inicio Salud y Belleza Ataque de pánico – panic attack: ¿mal de época?

Ataque de pánico – panic attack: ¿mal de época?

Un poco de historia
El ataque de pánico o crisis de angustia, también conocido como “panic attack”, es una denominación incluida por la Asociación Americana de Psiquiatría en el DSM IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales). A pesar de estar descripta dentro de un nomenclador de trastornos, la crisis de angustia no aparece con un código aislado sino como una manifestación dentro de los diversos trastornos por ansiedad como lo son el trastorno de angustia con o sin agorafobia, la fobia específica, el trastorno obsesivo-compulsivo y el trastorno de ansiedad generalizada, entre otros.

Este “nuevo mal” del siglo XXI, es muy frecuente afectando, de acuerdo a algunos estudios, a uno de cada treinta sujetos, pero llamativamente no es exclusivo de nuestra época. Freud en 1894 le da el nombre de neurosis de angustia a dicho cuadro; “llamo «neurosis de angustia» a este complejo de síntomas porque todos sus componentes se pueden agrupar en derredor del síntoma principal de la angustia; cada uno de ellos posee una determinada relación con la angustia” (…). Es allí donde el padre del psicoanálisis enumera uno a uno los síntomas que describe el manual norteamericano para la crisis de angustia. Entonces es ¿el ataque de pánico un mal de nuestra época? o ¿es una nueva forma de nombrar a un padecer que aqueja desde siglos a la humanidad?

Hace ya varios años que esta nueva forma de presentación del ataque de angustia ha inundado nuestros consultorios psi. A partir de la crisis desatada en nuestro país desde el año 2001, este tipo de patología se ha ido exacerbando como consecuencia (entre otras razones) de las diversas problemáticas que genera el malestar socio-económico en el que vivimos: desempleo, inseguridad, inflación, empobrecimiento del sistema educativo y de salud, etc.

Sintomatología y características
En cuanto a la sintomatología propia del ataque de pánico, el mismo consiste en una repentina sensación de intenso miedo o malestar, alcanzando su intensidad máxima dentro de los primeros diez minutos y llegando a tener una duración de treinta minutos aproximadamente. Acompañando a dicha aparición aislada de miedo deben reportarse por lo menos cuatro de los siguientes síntomas:

1. Palpitaciones o taquicardia.
2. Sudoración.
3. Temblores o sacudidas.
4. Sensación de ahogo o falta de aire.
5. Sensación de atragantamiento.
6. Opresión o malestar torácico.
7. Náuseas o molestias abdominales.
8. Inestabilidad, mareo (aturdimiento) o sensación de desmayo.
9. Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo).
10. Miedo a perder el control o a volverse loco.
11. Miedo a morir
12. Parestesias (sensación de adormecimiento u hormigueo en manos, pies, etc.).
13. Escalofríos o sofocaciones (calor).

Abordando la cuestión desde un lugar menos técnico y más del lado de la opinión pública, podríamos pensar que lo que comúnmente llamamos panic attack, se refiere al cuadro denominado trastorno de angustia (panic disorder) y no a todos los desórdenes incluidos dentro de la categoría de trastornos de ansiedad.

Para considerar un caso como trastorno de angustia es necesario que a la sintomatología arriba citada se le sumen las siguientes condiciones:

Las crisis de angustia deben ser recidivantes e inesperadas y producir un cambio significativo del comportamiento del sujeto junto a un estado de permanente preocupación ante la posibilidad de aparezcan nuevas crisis y las consecuencias de éstas (volverse loco, infarto, etc.). Asimismo puede producirse con presencia o ausencia de agorafobia (evitación de lugares o situaciones donde escapar pueda resultar difícil)

Existen tres tipos de crisis de angustia, que pueden darse en el trastorno de angustia, de acuerdo a la forma de inicio y la presencia o ausencia de desencadenantes ambientales:

1. Crisis de angustia inesperada: en la que el inicio de la crisis de angustia no se encuentra asociado a motivo aparente. Muy común en el trastorno de angustia.

2. Crisis de angustia situacional: donde la crisis de angustia aparece de forma casi exclusiva inmediatamente después de la exposición o anticipación de un estímulo (por ej.: ver una araña desencadena automáticamente una crisis de angustia). Propia de las fobias sociales y específicas.

3. Crisis de angustia más o menos relacionada con una situación determinada: tiene más probabilidades de aparecer al exponerse el sujeto a ciertos estímulos ambientales, aunque no siempre aparezca ante dicho estímulo ni tampoco inmediatamente después de exponerse a la situación. Presentes en el trastorno de angustia y en las fobias.

La persona que experimenta ataque de pánico expresa que es una de las experiencias más aterradoras que puede padecer un sujeto en su vida, “es la vivencia más cercana a sentir que te vas a morir”, comenta un paciente. Inclusive muchos de los afectados, en su primer ataque, llaman a un servicio de emergencias médicas ya que piensan estar sufriendo un infarto. Luego de realizarse varios chequeos médicos y seguramente con el consejo de algún profesional de la medicina aceptan que lo que les pasa no tiene un origen físico sino psíquico.

El desencadenamiento del primer ataque de pánico se da generalmente cuando el individuo se encuentra atravesando situaciones estresantes como lo pueden ser mudanzas, conflictos amorosos, desempleo, problemas económicos, fracaso escolar, muerte o enfermedad grave de un ser querido, vivencias traumáticas y toda situación generadora de ansiedad. Luego, a todo esto se le suma el mismo estrés causado por el primer ataque con lo cual se entra en un circuito cerrado del que solo puede salirse con tratamiento psicológico ya que vendrán a sumarse numerosas restricciones que van a ir produciendo un deterioro en las diversas áreas de la vida del afectado (laboral, afectiva, social, física, etc.)

Tratamiento
Cuando un paciente llega por primera vez al consultorio viene portando la etiqueta del ataque de pánico, como un modo más seguro para él mismo de saber lo que tiene, demandando así una receta mágica que le diga que hacer ante esto carente de explicación que le ocurre. Esto es mucho más simple que ponerse a revisar porque le pasa esto que le produce sufrimiento. Desde nuestra perspectiva, lo recomendable para la persona que sufre de esta sintomatología es comenzar un tratamiento psicológico con la posibilidad (de acuerdo a lo singular de cada caso) de combinarlo interdisciplinariamente con un tratamiento farmacológico específico. Es importante destacar que el solo tratamiento por medicación no logra la remisión del cuadro.

La oferta que proponemos para aquel que realiza la consulta psicológica es tratar de abordar esto que le pasa desde la intermediación de la palabra ya que justamente si se intenta acallar el síntoma con medicación inmediata, sin tratamiento psicológico, solo se esta tapando algo que va a estallar más adelante y en mayor magnitud. La estrategia a seguir es que el paciente comience a recorrer un camino donde pueda relacionar la crisis de angustia con algo de su historia, donde pueda responderse que es lo que no está funcionando en su vida y comience así a apoderarse de aquello que lo angustia en vez de vivirlo como algo ajeno que se le impone.