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Buena Vista, el auténtico campo con todo incluido

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ESQUINA.- Klaus Liebig habla muy bien el castellano. Cómo no lo va a hablar bien si llegó a los 12 años de Berlín y desde entonces vivió, estudió y se enamoró en la Argentina. Pero su estatura, acento y actitud denotan un inconfundible origen alemán. Su pelo blanco y sus ojos celestes de expresión tímida hacen juego con los de Sara Röhner. Juntos llevan adelante la atención y el cuidado de la estancia Buena Vista, a 40 kilómetros de la ciudad de Esquina, Corrientes, y a 600 de Buenos Aires.

Son 4000 hectáreas de campo en el paraje Los Laureles, sobre la ruta provincial 30, terreno ondulado que incluye bosques, esteros, lagunas, bañados, costa de río y monte, que se puede recorrer en sulky, 4×4 o en alguno de los caballos del establecimiento, para encontrar vacas, búfalos de agua, chivas, ovejas, gansos, gallinas, patos, cerdos, chivos, faisanes “Y turistas, otro rodeo más”, bromea Klaus.

“Mi padre repartió en vida su campo de 16.000 hectáreas entre sus cuatro hijos -cuenta Sara-. A mí me tocó una casa-puesto construida en 1890, que había sido quemada, en parte, por un rayo. Desde 1979 comenzamos a reciclarla conservando estructura, algunos techos, aberturas y puertas, y hoy tenemos una casa con forma de ele con 4 habitaciones dobles en suite, un living con vista al campo y open bar , amplias galerías, cocina y desayunador.”

El parque arbolado que rodea el casco y la pileta incluye ejemplares bicentenarios de magnolias, santa rita, palmeras pindó, ombúes, jazmines azules, hibiscus, orquídeas, aguaribays. La quinta de frutales exhibe oronda sus naranjos, pomelos, mandarinos, durazneros, membrillares.

Y todo es grande, abundante y tropical en este sitio. El viajero se topa con manadas de mil ovejas, cien búfalos de agua, 3000 vacunos Caminos de arena y sal conducen hasta remotos bosques centenarios que desembocan en la costa del río cristalino, uno de los extremos del campo. Tan larga es la propiedad que 15 kilómetros hacia el otro lado, el siguiente límite es el pequeño estero Pucú. Y los potreros recuerdan los paisajes de alguna película rodada en Africa.

Lindera con la vivienda asoma la casa del motor que provee la luz. Siguen el monturero, la casa de los empleados solteros, la de huéspedes -dos habitaciones con baño e independencia de la casa principal-, y el área de trabajo: la veterinaria, la talabartería y la granja, cuyas jaulas de patos, pavos, pollos y gallinas fueron construidas por don Peti Sandoval.

Don Peti es un auténtico gaucho con polainas o guardamontes correntinos: seguro que en bicicleta no anda. A puro trote llegan por la mañana a trabajar los empleados de los puestos del campo. Tan de a caballos son estos correntinos que cuando se da la ocasión se ponen a mostrar sus destrezas criollas a los turistas en la nueva cancha de tambores. En el taller, el Peti y sus ayudantes reparan las tranqueras -más de 70- y los alambrados. Fabián trenza el cuero, alimenta los animales de la granja y cabalga con los viajeros.

Tocó la suerte que el día que llegamos a Buena Vista, el Peti había preparado chorizos de cerdo y cordero exquisitos, casi magros Fue el tiempo de la choriceada anual con los doce empleados, distribuidos en ocho puestos y comandados por Felipe, el capataz con más de 35 años de antigüedad.

Pero antes de comer visitamos el compost con lombrices, tierra y hojas que da vida a la espléndida huerta donde resaltan rúculas, albahacas y lechugas, entre otras verduras de invierno, y también las plantas autóctonas del vivero de Sara. También recorrimos el camino de las palmeras, dos kilómetros entre tacurús y otros obstáculos que se sortean fácilmente a pie o a caballo, no así en camioneta.

“Acá no hay aire acondicionado, Internet, señal de celular ni losa radiante. Es un campo como los de antes, con luz con motor y estufas de querosén. Nuestra idea es fomentar el gaucho, el caballo, la destreza criolla y hacer participar al viajero”, cuenta Sara.

Klaus le grita un potente buenos días a sus amigas las chivas mientras explica que se pueden hacer cabalgatas de 4 horas con almuerzo en el campo de asado a la estaca o pollo al disco, entre otras especialidades. O pasear en carro cervecero de 1930, volanta de 1950 o sulky tradicional, siempre guiados por gauchos de la estancia.

Datos útiles

Cómo llegar
En auto: desde Buenos Aires, tomar la Panamericana ramal Escobar y luego la ruta 9. Una vez en Entre Ríos, la ruta se transforma en la 12. Hay que pasar Ceibas, Gualeguay, Rosario del Tala y Villaguay, hasta llegar a Esquina. Se atraviesa el pueblo y se sigue 29 km más hasta el cruce con la ruta provincial 30, por la que se dobla a la derecha. Son 19 km más (de tierra y arena) hasta el campo.

El pasaje en micro, de Buenos Aires a Esquina, cuesta unos cien pesos.

Tarifas
250 pesos por día, por persona, incluyendo alojamiento por una noche, desayuno de campo, almuerzo, té y cena (generalmente asado), todo de elaboración casera y con bebidas. Paseos en carruajes, cabalgatas, participación en las actividades de los gauchos, excursión en 4×4, pesca con anzuelo o mosca en canoa de remo en las lagunas de la estancia, y más actividades. Sala de juegos con mesa de pool y ping-pong, DirecTV, pileta de natación y driving de golf.

Contacto
Teléfono en Buenos Aires, 4815-9305; en Esquina, 03777-460-169, celular: 03777- 15412888. En la estancia, 03777-468-086.

Dirección: 3» sección paraje Los Laureles, Esquina, Corrientes. www.estanciabuenavista.com.ar


Fuente: La Nación

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