Inicio Empresas y Negocios Crecer o mantenerse, el desafío de los fabricantes de ropa infantil

Crecer o mantenerse, el desafío de los fabricantes de ropa infantil

“Empezamos en el garaje de casa; mamá era profesora de Bellas Artes y se le ocurrió hacer estampados a mano para vender”, dice Eugenia Domenech, de la fábrica de ropa para chicos Miele. Tiempo después, Felicitas, la mamá de Eugenia, se decidió a dar el salto y puso una “estampería” en una casa que compraron con una hipoteca. Con el tiempo dejaron de ser proveedores de terceros y montaron su propia fábrica de ropa para chicos.

Hoy son una pyme familiar que factura dos millones de pesos al año y vende alrededor de 80.000 prendas. Acaban de mudarse a una nueva planta de 500 metros cuadrados en Don Torcuato, donde emplean “entre 13 y 15 personas, según la época”, y tienen ocho locales: dos propios y el resto franquiciados. Este año empezaron a exportar a Israel, Uruguay, Paraguay y Brasil.

¿Cómo sobrevivir en un mercado tan competitivo como el textil? Domenech suspira: “Mi competencia fabrica afuera, en China o en Brasil, y a mí me aumentan los costos un 20% temporada contra temporada; es complicado”, dice, aunque agrega que no cree que la solución esté en trabar las importaciones, sino en incentivar la producción nacional. “El sistema no ayuda a la fabricación local, así como tampoco a que pymes del tamaño de Miele sigan creciendo. Hay una presión fiscal muy grande sobre las empresas más chicas porque son más fáciles de detectar”, sostiene.
Aumentos para el verano

Domenech dice que los precios de este verano sin duda van a ser entre un 20 y un 25% más caros. “Tratamos de mantenernos en un precio lógico, pero si bajamos el margen de rentabilidad, con la inflación que hay en la reposición, nos come toda la ganancia. Por eso es más fácil fabricar afuera.”

El momento más complicado fue, sin dudas, la crisis de 2002. “Fue empezar desde menos que cero: lo único que teníamos eran cheques rechazados de nuestros clientes”, dice Eugenia, que cuenta que la estrategia fue poner la ropa a precio de fábrica y renegociar hasta bajar a un 50% el contrato de alquiler del entonces único local que tenían, en Uruguay y Arenales.

“Sobrevivimos porque teníamos stock de telas y muchas prendas ya fabricadas. Tuvimos que suspender al personal por un mes porque no había plata para nadie. Al final agotamos todo lo que teníamos y con esa plata en la mano volvimos a empezar.” Una amiga les prestó otro local, donde la estrategia fue vender un año más casi a precio de fábrica y así comenzó el crecimiento en las ventas.

De esa época, aprendió que “no hay socio como la familia” (su hermano está a cargo de todo el proceso de fabricación, mientras ella y su madre hacen el diseño y la comercialización) y que la ropa para bebes “siempre es una necesidad; por eso, si hay crisis sobrevivís y, cuando pasa, es una satisfacción para los padres comprarles ropa linda a sus hijos”.

Ahora la duda es acerca de cómo encarar la expansión. “No sabemos si crecer o mantener la producción que tenemos ahora”, admite la emprendedora, que estuvo la semana pasada en Rosario y la anterior en Córdoba para presentar la nueva temporada. “Están llegando muchos pedidos del exterior, pero necesitaríamos un socio financiero para crecer; crecer o mantenernos es la duda del momento.”

Las exportaciones son un 20% de la producción, pero Domenech cree que hay campo para crecer. “Cuando empezaron a llegar los pedidos del exterior, no lo podía creer, pero ya estamos vendiendo en lugares como Jerusalén, Montevideo y San Pablo.”

Domenech diseña sobre la base de lo que ve, lo que le gusta y lo que testea que usan sus hijos y sus sobrinos. “Después de 2002, apareció una movida muy interesante; el mercado creció muchísimo, hay muchas marcas nuevas y se nota la gran cantidad de egresados de las carreras de diseño de indumentaria”, dice, mientras camina hacia su local y hace notar las vidrieras en las que cada vez más las marcas de “grandes” suman la línea infantil.

“Los chicos se visten como les gusta a las madres hasta que empiezan a decidir. ¡Y deciden cada vez más temprano!”, ríe. Admite que al principio tenían un estilo menos definido, pero que con el tiempo lo fueron “afinando”. Miele está dentro de lo clásico de la oferta de la indumentaria infantil: camisas blancas, pantalones de lino y pulóveres y chalecos de hilo escote en v para los varones, y vestiditos punto smock, pantalones con flores y camisas con estampados liberty para las nenas. “Lo que tengo en claro es que nunca vamos a hacer ropa negra, como se ve ahora”, dice Eugenia. “Hay que estar dentro del estilo que uno sabe hacer y mantenerse.”


Fuente: La Nación

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