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De la estética, la salud y la calidad de vida, a la complacencia, el vacío y la actividad frenética

¿Qué buscamos cuando ponemos tanto esfuerzo en el cuerpo? ¿Qué costo pagamos por eso? Observamos que cada vez con mayor frecuencia todo comienza cuando buscamos vernos y sentirnos mejor; pero termina en una actividad desenfrenada, o cayendo en ciertas conductas patológicas o por lo menos sintomáticas, o en enfermedades como la anorexia y la bulimia. Verdaderamente parecería que por este camino no estamos logrando aquello que realmente necesitamos y en general esto tiene que ver con sentimientos de vacío, soledad, baja autoestima y la necesidad de gustar o complacer a un otro.

Si bien lo que mostramos es casi lo único que se mira últimamente, ¿cómo no poner en la imagen todo lo que somos? Lo cierto es que aquí estamos con otro verano encima y buscando más enardecidamente que antes un cuerpo seductor. ¿Podemos parar y ver?

Ya sabemos que la sociedad tiende a lo superficial y el consumismo, nos venda los ojos para que no veamos mas allá de las figuras y las formas, pero de verdad que hay que estar muy ciego para no darse cuenta cuando un cuerpo se enferma (por más lindo que sea) y para no entender que si el cuerpo está enfermo es porque algo pasa en la cabeza. Es cierto que a esta altura de los conocimientos ya nadie puede pensar que esto no es así pero sin embargo… ESTAMOS TAN CIEGOS. Tal vez no pasa por un tema de ceguera real sino por otras razones que podríamos reducir a que no podemos ver todo y hay tanto que mirar, no olvidemos la frase, que lo urgente le resta a lo importante.

También nos pasa que lo que tenemos que mirar es lo suficientemente perturbador como para que no queramos mirarlo. Muchas veces porque nos sentimos absolutamente impotentes frente a ciertas situaciones y no sabemos qué hacer y por ende no vemos alternativas.

Se viene observando que el culto al cuerpo que antes era un tema supuestamente estético en realidad es mucho más que eso. Terminó siendo una actividad casi desenfrenada tan vital como comer, si tenés un minuto libre como no vas al gym, o hacer algo, por lo menos caminá! Una gran parte de la población “sana” busca de manera vital hacer ejercicio, y/o cuidarse de las comidas, cuando no pasar por el quirófano. ¿Que está pasando con esto? es un fenómeno cada vez más arraigado. El cuidado con las comidas es otro ejemplo: dietas light, comida sana natural, nutritiva sin grasas trans, 0%, baja en sodio, de gluten, etc. Y si todo esto no alcanza porque no darse un tijeretazo y sacar lo que no nos gusta.

Cuanta sofisticación, todo sea para vender, perdón por la salud. Hago este comentario porque lo cierto es que si todo esto no estuviera motorizado por el “consumismo” no sé si llegaríamos a enfermar como llegamos a hacerlo. Lo cierto es que son muchas las cosas que nos ponen donde estamos, pero solo podemos nosotros encargarnos de nuestra parte, que no es poca. Ya que al “consumismo” lo hacemos entre todos.

Buscamos de esta manera estar bien estéticamente, agradarle a los otros, conocer gente, relacionarnos, calidad de vida, salud, algo para hacer que tenga un sentido. Nada de esto es reprochable, todo lo contrario. Pero también está bueno pensar hasta que punto. Qué hay detrás de tanta fascinación por el deporte, el cuerpo la salud y la actividad. Cuánto le pedimos al deporte y la vida sana!!

Cuando una persona dedica tanto a ciertas actividades, que no le queda más tiempo ni energía para otras cosas, y no me refiero a otras cosas sin importancia, sino a enriquecer vínculos, jugar, dialogar de lo que hace falta, conocernos, tener sexo, descansar, descubrir que singularmente yo como individuo necesito. ¿Qué le pasa a esa persona, que hueco está llenando con tanta actividad? Todo esto muestra la soledad en la que vivimos, el inconformismo, la impotencia y hasta la ignorancia de no saber qué hacer en estas áreas de la vida en las que nos sentimos totalmente ineficaces. Y donde consumir aunque sea deporte o actividad física nos alivia, nos distrae y nos divierte, pero no nos llena.

Pero por más que hagamos todo esfuerzo es siempre relativo y los resultados también lo son y entonces vienen las trabas, porque no alcanza lo que se logra aunque esto sea mucho para obtener lo que singularmente quiero. Seamos realistas a nadie le alcanza con tener un buen físico y una cara bonita. Ayudar ayuda, pero no satisface ni cerca nuestras necesidades humanas. Porque llegamos a enloquecer con el tema de la estética por qué no desarrollar otras habilidades. Como el autoconocimiento, la aceptación, el diálogo, el compartir, la autoestima, la creatividad etc.

El problema no es hacer ejercicio, tampoco estoy en contra de la sana alimentación lo que cuestiono es quedarme solo en eso. Lo que cuestiono es cuánto tiempo y de qué manera. Si hay un límite. Si la vida pasa solo por ahí. O si son otras las cosas que hacen a la felicidad.

Como decía antes, las personas que están inmersas en este tipo de conductas sufren de una inmensa necesidad de complacencia hacia los otros y de voracidad. Complacencia que nunca se logra y entonces genera que hagamos más de lo mismo para ver si por ahí lo alcanzamos, pero ese obviamente no es el camino. Como decía Confucio “la salida es por la puerta, porque nadie la utiliza”.

Voracidad que surge de una sensación de vacío interno por tener situaciones vitales, no procesadas, y de esta surgen las conductas adictivas que en el mejor de los casos no dejan de ser un síntoma que a gritos nos piden un cambio. Cualquier persona es capaz de desarrollar conductas adictivas, si lo que hace con sus emociones displacenteras es intentar deshacerse de ellas, en lugar de entender de que se trata, porque en realidad nos molestan.

Las emociones surgen como respuesta a algo que nos está pasando, es más, son la señal con la que se nos indica que algo pasa en nuestro mundo interior. Tratar de ignorarla es como tratar de silenciar una alarma de incendio, tapar la luz roja del auto indicadora de nafta, o no atender el telefono. Por ejemplo el miedo nos alerta sobre la desproporción entre la amenaza que enfrentamos y los recursos con que contamos para enfrentarla. Por lo tanto aunque a veces molestas las emociones tienen un sentido, si son atendidas y utilizadas. Solemos creer que las emociones que nos disgustan son un problema y no que en realidad son la llave para saber acerca de lo que nos pasa y que si hacemos lo que debemos hacer con ellas daríamos una repuesta eficaz a esa situación conflictiva. Por eso la emoción es lo que necesitamos saber, para captar nuestra singularidad y ver de que manera podría satisfacerla. No hay otra señal, y nosotros vivimos intentando desconectarla. El cambio pasa por conocer, entender, respetar, y cuidar lo que me pasa, lo que soy, para brindarme lo que necesito. La consistencia de ser quien soy está en el equilibrio entre lo que deseo, lo que pienso y lo que hago. Por lo que debo conocer que necesito, combinarlo con mis valores y poner mis acciones al servicio de aquello. Y no, hacer todo para adecuarme a las exigencias del mundo externo, teniendo a medias en cuenta mis valores y negando mis necesidades individuales.

De esto se trata, de saber mirar, de ser lúcidos acerca de nuestra singular existencia y de la vida que nos rodea y no dejarnos llevar por la ola de la moda. Hay mucho por lo que podemos seguir trabajando para desarrollar nuestro potencial y no tiene que ver con nuestro cuerpo tal vez la calidad de vida, la salud, y la felicidad estén pasando por otro lado.