Inicio Empresas y Negocios ¿Debería jubilarse la gente?, el debate está abierto

¿Debería jubilarse la gente?, el debate está abierto

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Por: Luis María Cravino

Una vez conocí a alguien que estaba en las Fuerzas Armadas y que todo el tiempo pedía a sus jefes una transferencia a la Antártida.

Cuando le pregunté qué buscaba en el “continente blanco”, obtuve una respuesta contundente: “En la Antártida, los años de servicio se computan doble. Por lo tanto, me podré jubilar antes”.

Desde luego, la historia podrá parecer extraña a quienes nunca imaginaron trabajar en el Polo Sur. Sin embargo, el paradigma de este señor es extremadamente frecuente.

¿Comparte usted este paradigma? Responda (con toda sinceridad) a la siguiente oferta.

Le propongo que trabaje un 10 por ciento de tiempo adicional todos los días. En una jornada hipotética de 8 horas, son apenas 48 minutos.

A cambio de este esfuerzo extra, usted podrá jubilarse antes. Por cada 10 por ciento que usted trabaja de más le reduciremos un 10 por ciento el tiempo que se requiere para el retiro.

Así, por ejemplo, si usted esperaba jubilarse a los 65 (después de 40 años de trabajo), con mi propuesta podrá retirarse cuatro años antes. ¿Qué le parece?

La mayoría de las personas a las que hice esta oferta aceptaron. En última instancia, ellas compartían el paradigma del señor de las Fuerzas Armadas desesperado por ir a la Antártida: “trabajemos mucho de jóvenes para descansar en nuestra madurez”.

Ahora bien, en el 2006, Ken Drychtwald, Tamara Erickson y Robert Morrison publicaron un muy interesante libro titulado “Workforce Crisis”, donde comparaban la productividad y compromiso de empleados de diferentes edades.

La conclusión parece sorprendente: los adultos de más de 45 años presentan los mejores indicadores. No sólo son los más experimentados sino también los más responsables, los más comprometidos con los resultados, los de menor ausentismo y accidentes, etc.

No obstante, muchas empresas parecen ignorar estas evidencias cuando generan iniciativas tendientes a expulsar o acelerar el retiro de los mayores.

Precisamente, el libro mencionado señala que “la jubilación a los 65 es una costumbre pintoresca del siglo XX, nacida de la necesidad económica durante la Gran Depresión, que no se compadece con las necesidades que plantea la demografía en el siglo XXI”.

Además plantea que durante el “próximo cuarto de siglo, la gente deberá seguir trabajando después de los 70, pero su participación en la fuerza laboral no será como empleados full-time… sino que adquirirá nuevas formas”

En síntesis, el libro describe a la institución de la jubilación como un mito que es necesario revisar.

Sin embargo, si digo que la gente no debe jubilarse (o que debe hacerlo a mayor edad) pareceré un destructor de las conquistas sociales. La verdad es que no lo soy.

Sólo propongo repensar la manera en que trabajamos, en que nos jubilamos y en que vivimos.

Volviendo al libro en cuestión, los autores concluyen que los mayores de 45 años desearían tener más tiempo para dedicar a sus hijos y a sus padres.

El siglo le trajo a los maduros una situación de sandwich de responsabilidades donde están a cargo de hijos, padres, suegros y otros parientes más o menos cercanos.

Ahora bien, ¿cómo resolver el dilema?

Hace unos años, en una conferencia a la que asistí sobre Recursos Humanos en Río de Janeiro, escuché a un empresario muy innovador llamado Ricardo Semler que ofrecía la mejor solución posible para este mundo complejo: trabajar más años, pero menos horas.

Parece que el mundo ha vivido equivocado ya que la mayoría cree que lo mejor es todo lo contrario: trabajar más horas, pero menos años.

Por eso, propongo desterrar la jubilación a una edad determinada y dejar que la gente trabaje hasta que ya no tenga ganas. Propongo abolir las jornadas extenuantes y definir un mejor balance entre la vida y el trabajo.

Finalmente, propongo otorgar más libertad a los adultos para que puedan ocuparse tanto de sus hijos como de sus padres.

Respetemos a los jóvenes y confiemos en ellos. Respetemos a los mayores, a su sabiduría, a su capacidad y a su historia. Pensemos que el mundo ha vivido equivocado y pensémoslo de vuelta


Fuente: Materia Biz

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