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El peor de los comienzos: el comercio exterior argentino ingresó en el ojo del huracán

Cuando se cerró el telón sobre el 2008, el sabor que quedó en la boca de industriales, analistas y funcionarios fue entre amargo y agridulce. Sucede que si bien muchas ramas del sector productivo -con la industria automotriz a la cabeza- habían redondeado niveles récord de actividad, lo cierto es que el argumento de la película sufrió un violento golpe de timón y pasó del género suspenso a un drama, con golpes bajos incluidos.

Con un viento de cola que pasó a formar parte de la historia, todas las expectativas se posaron sobre las primeras estadísticas de 2009, que servirían para comenzar a marcar un poco la tendencia del complejo período que se avecina por la crisis internacional.

Y la película comenzó de la peor manera. A la sequía del agro -que se extiende a lo largo y ancho del campo argentino, azotando cultivos y ganado-, se sumó el parcial cierre de los grifos del exterior que hasta hace poco le garantizaban al Gobierno gozar de un colchón y de una plaza inundada de dólares.

Según datos oficiales a los que accedió iProfesional.com -estadísticas que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) recién dará a conocer el 24 de este mes-, el comercio exterior arrancó con el pie izquierdo debido principalmente a la mala performance del agro y a la caída de la demanda internacional.

En efecto, las ventas al exterior en enero totalizaron la magra suma de u$s3.687 M, lo que implicó un derrumbe del 35% con respecto al mismo mes del año pasado. De este modo, la Argentina pasó a acumular tres meses consecutivos de caídas de sus ventas al exterior, algo inédito desde la salida de la crisis de 2001.

A esto hay que agregar el dramático nivel de la contracción del primer mes de 2009, ya que las mermas en noviembre y diciembre habían sido del 6 y 24%, respectivamente.

El analista Jorge Castro sostuvo que “el arranque del año fue muy duro para el sector exportador, que enfrenta un panorama muy complicado de cara al resto del año por la caída de la demanda internacional”.

Por su parte, Héctor Méndez, futuro presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) en reemplazo de Juan Carlos Lascurain, explicó a iProfesional.com que “el arranque para los exportadores fue muy flojo porque el comercio mundial está flojo. Evidentemente hay problemas”.

En la misma línea, el presidente del Centro de Despachantes de Aduana (CDA), que representa a 2.600 profesionales en todo el país, confirmó que “desde que arrancó el año la actividad nos cayó muchísimo. Si digo que la actividad bajó un 50% estoy siendo optimista. Y si bien hubo un parate en los dos frentes, en exportaciones lo estamos sintiendo más”.

Para Méndez, ante los nubarrones que ya están instalados en los mercados internacionales, “hay que preservar, potenciar y darle manija al mercado local. Como dijo un ministro, ahora hay que tratar de vivir un poco con lo nuestro, desgraciadamente”.

Los mercados más comprometidos
La contracción de las exportaciones fue tal durante enero que, de los primeros 20 países de destino, 16 registraron fuertes caídas en su nivel de demanda, con bajas de hasta el 60%, como el caso de Uruguay.

Le siguieron Brasil, con una contracción del 54%; Perú, con una caída del 51% y los Países Bajos, el quinto mercado en importancia para la Argentina, que compró la mitad durante el primer mes del año.

En este contexto, hay un consenso generalizado de que el futuro del comercio exterior está íntimamente ligado a la suerte de Brasil.

En otras palabras, si el principal socio comercial estornuda, la Argentina corre serios riesgos de contraer una gripe.

En algún punto, esto fue lo que ocurrió en el inicio del año, ya que la contracción de la actividad del principal socio comercial arrastró hacia abajo los niveles de exportación.

El último relevamiento del Banco Central de Brasil, que compila los pronósticos de un centenar de analistas, redujo las expectativas de crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) de 1,8 a 1,7 por ciento.

Por otra parte, también bajó la expectativa sobre la expansión de la producción industrial, que pasó de 2 a apenas 1,5 por ciento.

“En nuestro caso particular se sintió mucho la enorme caída del mercado brasileño, desde diciembre que está todo parado”, explicó Méndez.

En este contexto, el futuro hombre fuerte de los industriales consideró preocupante la situación: “Si se llegan a perder mercados, porque aparecen competidores que con la crisis salen a vender con mejores precios, son muy difíciles de recuperar”.

En la misma línea, Raúl Ochoa, miembro del comité académico de la Fundación Standard Bank, agregó que “las cifras de enero están cien por cien relacionadas con el desplome del comercio con Brasil. El año lo empezamos muy mal con nuestro principal socio comercial. Esto es una pésima noticia”.

Radiografía de los sectores más afectados
Según los datos que el INDEC hará públicos en dos semanas, los productos que más sintieron el impacto fueron los del complejo agrícola y el de la industria automotriz.

En el primer caso, se destaca la pobre performance de las exportaciones de trigo, que se desplomaron 80%, seguido por una caída del 60% del aceite de soja.

Por otra parte, en dólares, la demanda de automóviles argentinos se derrumbó un 73%, al pasar de u$s159 M a apenas u$s43 M.

Algo similar ocurrió con los camiones: de colocar en el mundo unidades por u$s92 M se pasó a u$s41 M, una baja del 56 por ciento.

“Se podría decir que en la Argentina prácticamente exportan sólo dos complejos: el agroalimentario y el automotriz. Con la caída de la actividad que están experimentando ambos sectores se explica en gran medida la suerte que está corriendo las exportaciones del país”, explicó Castro.

Jorge Todesca, director de la consultora Finsoport, agregó que también “hay complicaciones en el sector de la madera y en el siderúrgico”, pero coincidió en que “en el campo y en la industria automotriz es donde están los mayores problemas”.

En tanto, el presidente del Centro de Despachantes de Aduana sostuvo que “tengo clientes que exportan productos químicos que antes hacían 30 operaciones por mes y ahora están haciendo cinco con suerte”.

La punta de lanza, en problemas
Más allá de los sectores industriales, un protagonista del comercio exterior argentino que merece un capítulo aparte es el campo.

Un informe del IERAL de la Fundación Mediterránea, explica que “en los últimos años, todas las campañas agrícolas se iniciaron con un escenario esperado relativamente favorable. La presente campaña, que tanto conflicto generó entre el sector y el gobierno, se mostraba alentadora en sus comienzos, básicamente debido a la excepcional coyuntura internacional de los precios, que parecía capaz de diluir cualquier obstáculo que se impusiera en el frente interno”.

Sin embargo, “ahora, el balance muestra que esta campaña se diferenciará considerablemente de las anteriores. En primer lugar, el deterioro de la situación externa y la permanencia de los focos de conflicto en el frente interno -los elevados impuestos a la exportación y las restantes intervenciones en los mercados- se combinaron de forma tal de anticipar una campaña 2008/2009 pobre en materia de expectativas. En segundo lugar, por la sequía”.

En este contexto, desde el IERAL estiman que:

* El valor de la producción agrícola disminuirá en un rango de entre u$s12.000 y u$s14.000 millones, lo que implicaría una caída de hasta el 40% con respecto de la campaña 2007/2008.

* A su vez, el valor de las exportaciones agrícolas podría caer hasta los u$s19.000 millones, lo que implicaría una merma de u$s12.000 M. Esto representaría nada más ni nada menos que el 91% del superávit de la balanza comercial de 2008.

El tipo de cambio, un factor determinante
En momentos en que la demanda mundial se achica y que crece la amenaza de los bienes a precios de saldo del sudeste asiático, la competitividad de la moneda es una variable importante.

Al respecto, Méndez aseguró que “el tipo de cambio nos dejó un poco afuera del mercado brasileño”. Y si bien “hubo una mejora en los últimos meses, hay mucho terreno por recuperar”.

En efecto, según datos de Economática, desde diciembre, el peso argentino se devaluó un 2% con respecto al dólar, mientras que el real lo hizo un 1,5% y la moneda de Chile incluso se llegó a apreciar casi 1 por ciento.

Sin embargo, si se tiene en cuenta la evolución desde febrero de 2008, la situación es diametralmente opuesta: la devaluación en la Argentina fue del 8,8%, muy lejos de Brasil y Chile, donde las monedas perdieron un 34 y un 32% con respecto a la divisa estadounidense.

A la hora de explicar el verdadero impacto del tipo de cambio en la estructura industrial argentina, fuentes de la UIA sostuvieron que el negocio está dividido en dos.

”Hay sectores con escala y con productividad internacional, como el petroquímico, el siderúrgico y el automotriz donde, por más que se incentive la demanda doméstica, si se caen las ventas a EE.UU., Brasil y México, el sector queda fuertemente golpeado”.

En estos complejos, que representan el 70% de las exportaciones de manufacturas industriales, “si bien el valor del dólar es importante, lo prioritario es la demanda internacional y ese es un frente muy complicado”.

Por su parte, “en los sectores más atomizados como plásticos, químicos y metalúrgicos, ahí juegan los programas de política pública y el tipo de cambio. Es verdad que tenemos sectores que los $3.50 por dólar más o menos les conviene, pero hay otros a los que esta ecuación no les cierra ni para las exportaciones ni para las importaciones”.

Empleo: las exportadoras, las más perjudicadas
Más allá de los grandes números del agro y de la performance de las multinacionales, la demanda internacional se convirtió en una fuente de ingresos clave para las pequeñas y medianas empresas argentinas.

Según un estudio del Observatorio Pyme, el 30% de las firmas industriales realiza ventas al exterior que equivalen a casi 19% de sus ventas totales, dos puntos más que en 2005.

Para Jorge Todesca, la caída en el sector externo está repercutiendo en la actividad de las empresas argentinas y también puede terminar afectando el nivel de empleo.

“Lo que están haciendo las empresas exportadoras es lo mismo que hacen las que destinan su producción al mercado doméstico: ajustar stocks, no tomar capital de trabajo y evitar atarse a créditos”, explicó el analista, para luego agregar que “una vez que termina ese proceso, y si continúan los problemas, recién ahí van a tocar la planta de personal”.

Al respecto, explicó que “si bien no se espera un aumento monstruoso del desempleo, sí se puede prever que aquellas empresas que más dependen de los mercados mundiales son las que más se van a ver afectadas”.

Según Todesca, “por el momento, se manejan con suspensiones y vacaciones anticipadas. En marzo o abril va a empezar a definirse el panorama y ahí se van a ver los verdaderos ajustes”.

En la misma línea, un informe de SEL Consultores publicado por iProfesional.com sostiene que la medida más extendida y que explica el casi nulo crecimiento previsto para este año de la dotación, es el congelamiento de vacantes y la suspensión de contrataciones, que está vigente en cerca de la mitad de las empresas. La reducción de horas extras, una medida que no afecta directamente la dotación, pero sí la demanda de trabajo y los ingresos de los asalariados, está en práctica en casi el 30% de las firmas y en estudio en otro 8 por ciento.”

Por su parte, desde la UIA adelantaron que “el combo es muy complicado, hay menos mercado externo e interno. Si no hay un cambio de tendencia, empezarán los verdaderos problemas con el empleo”.

Perspectivas negativas
A la hora de analizar el futuro del comercio exterior, las proyecciones no son optimistas. De acuerdo al Estimador Mensual Industrial (EMI) del INDEC:

* El 56% de las empresas consultadas prevé un ritmo estable de sus exportaciones durante el primer trimestre del año con respecto al mismo período del 2008.

* A esto suma casi un 29% que anticipa una baja en sus ventas al exterior y apenas un 14,5% opina que aumentarán.

* Estos números contrastan fuertemente con los que el organismo había difundido a mitad del 2008, cuando el desenlace de la crisis del campo generaba altas expectativas entre los exportadores argentinos.

* En ese entonces, la Argentina vivía un escenario totalmente distinto: el 29,2% estimaba una suba en sus envíos al mundo, mientras que el 22,2% pensaba que iban a disminuir.

En lo que se refiere a los números totales, las proyecciones del sector privado sobre el impacto de la crisis y la sequía por el momento registran muchas diferencias.

Desde la consultora Abeceb.com, por ejemplo, estiman una caída del 9% con respecto a los u$s70.589 M logrados en 2008. En la otra punta, la consultora de Orlando Ferreres cree que el año finalizará con una baja del 29%.

Esto implica que, entre los pronósticos de las consultoras, haya una brecha de u$s14.000 M. La evolución del crac y del clima en el campo irá afinando el lápiz y las calculadoras de los especialistas.

Superávit comercial: positivo pero más chico
Donde sí el nivel de consenso aumenta es en el saldo de la balanza comercial: las perspectivas, en general, lo ubican entre u$s4.000 M y u$s5.000 M.

Si bien las estimaciones se mantienen en terreno positivo, implicaría una caída brusca del 69 y 62%, respectivamente, en relación a los u$s13.176 logrados el año pasado.

“Como las importaciones van a caer, el superávit del saldo comercial seguiría en pie. Sin embargo, lo negativo es que el menor ingreso de bienes va a evidenciar un desplome de la actividad económica. De este modo, estaríamos ante un clásico ajuste de la balanza comercial vía retracción del PBI. La Argentina tiene una larga experiencia en los stop and go”, explicó Ramiro Castiñeira, analista de Econométrica.

Un golpe a la caja
Por el lado de los ingresos por retenciones, el panorama, aseguran, es extremadamente complicado:

* Según el IERAL, el gobierno nacional podría recaudar en concepto de derechos de exportación sobre granos y derivados de la campaña 2008/2009 entre u$s5.600 y u$s6.200 M, cifra bastante menor a los u$s9.000 M que habría dejado la última cosecha.

* Por su parte, desde Econométrica, son menos optimistas: los recursos tributarios vía retenciones que pesan sobre todas las exportaciones se desplomarían un 50% en dólares.

* Esto implica que de los u$s11.000 M que recaudó el Estado en 2008 se pasaría a unos magros u$s5.500 M, equivalente a una pérdida de recursos del 1,7% del Producto Bruto Interno (PBI).

Desde la UIA alertaron que “con el debilitamiento del frente externo van a faltar divisas, que conformaron el pilar del modelo económico de los últimos cinco años”.

”Se acabó la lluvia de dólares, y si se genera un estrés en el mercado cambiario, habrá presión desordenada sobre el tipo de cambio, como así también desfasajes a nivel fiscal y monetario”, agregaron.

En este contexto, Castiñeira sostuvo que “como el desplome de ingresos por retenciones va a ser importante, si bien el Gobierno cuenta con recursos para 2009, sí o sí va a haber una devaluación”.

Esto se debe a que la baja del 50% por derechos de exportación en dólares, con una devaluación del 20%, pasaría a ser una caída del 30%, debido a que por cada dólar que entra habría más pesos para gastar.

“El Gobierno todavía tiene oxígeno para decidir el ritmo de deslizamiento del tipo de cambio. Sin embargo hay una luz de alerta porque si volvemos a ver la fuga de capitales del año pasado ahí va a mandar el mercado”, sostuvo el analista de Econométrica.

A modo de síntesis sobre el panorama que viene para las empresas, Méndez explicó que “las exportaciones seguirán siendo una fuente de ingresos para las empresas donde la Argentina es muy competitiva o irremplazable”.

En cambio, “en productos donde hay muchos oferentes se va a hacer muy difícil. Los mercados mundiales van a tener tendencias a cerrar sus puertas. El proteccionismo avanza, lamentablemente”.


Fuente: InfoBAE

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