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El placer de viajar

Journey, en inglés, quiere decir viaje, pero con una connotación de larga distancia. Un nombre muy apropiado (no casual, claro) para este modelo de Dodge.

Todo el diseño del Journey gira alrededor de esa idea: viajar muchos kilómetros con máximo confort, en familia o con un grupo de amigos.

Cada detalle del interior, el espacio, las siete plazas (de serie en la versión full RT probada por LA NACION), la concepción modular de los asientos, el equipamiento, y hasta el confort de marcha, la mecánica y la seguridad responden a esa directiva.

El Journey es un verdadero modelo crossover. Un vehículo que puede resultar práctico según las necesidades de diversos tipos de usuarios. Tiene pinta de SUV, pero es 4×2 y su hábitat, el asfalto.

La primera de las cualidades que satisfacen esta categorización es la versatilidad interior. Amplio, con butacas muy cómodas para los pasajeros de adelante y mucho espacio para las piernas de los que deben sentarse atrás, el Journey agrega una tercera fila de asientos (tipo 50/50) confortable incluso para adultos.

Las butacas delanteras son calefaccionadas y con ajustes eléctricos la del conductor, por lo que ofrece una óptima postura de manejo.

Además, la tercera fila se rebate con mucha facilidad para transformarse en el sólido piso de un amplio compartimiento de carga.

También la segunda fila se pliega entera o por partes. Es del tipo 40/60, pero la butaca más ancha se desdobla y deja en el medio una amplia y cómoda mesa. Así, la capacidad de carga pasa de los escasos 155 litros con las tres filas desplegadas a 783 y 1610 con todos los asientos rebatidos. Las butacas de la segunda fila cuentan además con un práctico sistema ( Tilt ´n Slide ) que, mediante una palanca, se corren hacia adelante y queda suficiente espacio para acceder a las últimas plazas.

A esto hay que agregar dos com-partimientos bajo el piso de los pasajeros de atrás, guantera doble con la parte superior refrigerada, apoyabrazos central con gaveta y portamapas con posabotellas. En fin, un buena cantidad de rincones para guardar todo tipo de objetos.

El equipamiento es muy importante en este concepto viajero. Climatizador automático de tres zonas, todas con regulación y salidas de aire independientes, DVD de 8″, un estupendo equipo de audio con seis parlantes Infinity de alta calidad y techo solar eléctrico.

El sistema multimedia del Journey merece un párrafo aparte. Integra el audio con radio AM/FM, CD Player de 6 discos; lee DVD, y tiene puerto USB y conector auxiliar, más conexión inalámbrica para teléfono. Cuenta además con un disco rígido de 30 GB (en Estados Unidos y Europa incluye navegación), que permite cargar música (6700 canciones) e imágenes JPG. Estos archivos se administran desde la práctica pantalla táctil (o desde el volante) con menús fáciles de utilizar. Este display también muestra las imágenes que transmite la cámara posterior al engranar la marcha atrás.
Tecnología de punta

Otra cualidad viajera del Journey es, como buen modelo norteamericano (se fabrica en Toluca, México), el notable confort de marcha que proporcionan las mullidas suspensiones (McPherson adelante y multilink atrás). Pozos y baches son casi una anécdota en el Journey.

La mecánica no puede negar el origen americano, pero sí jactarse de la tecnología que la compone.

La versión RT está equipada con un moderno motor V6 de 2.7 litros, que entrega 190 CV y un torque de 26,3 kgm. Este propulsor está a tono con lo que se pretende: muy buenos registros de aceleración y recuperaciones (la prueba se hizo con fuerte viento cruzado), lo que resulta muy útil para sobrepasos en ruta y un andar ágil, casi de automóvil o monovolumen, en la ciudad.

Se combina con una caja automá-tica íntegramente nueva de doble embrague, con 6 velocidades, control electrónico y Autostick (opción manual secuencial de Chrysler), desarrollada en colaboración con Gertrag, que hace su debut en el Journey.

Esta transmisión, más que regulada para aceleraciones furiosas, está programada para funcionar de manera progresiva, sin brusquedades, pero sin interrumpir la entrega de torque, lo que mantiene la tracción (delantera) y rapidez en los cambios.

De hecho, al acelerar a fondo las relaciones estiran al máximo el régimen del motor antes de hacer el cambio. Salvo que se haga una ligera levantada del pedal, que provoca de inmediato el engrane de la siguiente marcha. En ruta, en sexta, el motor viene planchado entre 2000 y 2500 rpm y se mantiene sin problemas la velocidad de crucero. Según Chrysler, esta caja permite un consumo menor y un 6% menos de emisión de CO2 que una de cuatro marchas. Con esta combinación de motor y caja el consumo en ruta es muy razonable si se considera el tipo de mecánica, el peso (2480 kg) y un coeficiente aerodinámico Cx de 0,368. En ciudad, obviamente, se incrementa, pero tampoco es exagerado.

El comportamiento dinámico es franco y, más allá de sus dimensiones tipo SUV (4887 mm de longitud, 1834 de ancho y 1692 de alto), dobla muy bien, frena con firmeza y transmite control y seguridad al conductor. Buena parte de este excelente comportamiento se debe a la incorporación de sistemas de estabilidad (ESP), tracción (TCS), mitigación electrónica del balanceo de la carrocería (ERM), antibloqueo (ABS), freno asistido (BAS) y otros. A estos dispositivos activos hay que agregar airbags frontales, laterales y de cortina para todos los asientos. No en vano el Journey obtuvo 5 estrellas en los crash test frontales y laterales en Estados Unidos.