Inicio Empresas y Negocios El quiebre generacional en las empresas, qué tener en cuenta para entenderlo.

El quiebre generacional en las empresas, qué tener en cuenta para entenderlo.

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Por: Nilva Vidal

El trabajo en consultoría de empresas permite conocer diversas realidades que acontecen cotidianamente estas organizaciones. Esta interacción posibilita realizar una mirada bastante general que no intentará ser una foto de la realidad que viven muchas organizaciones, sino simplemente llamaremos la atención, sobre ciertas cuestiones recurrentes y comunes a diversas empresas, y que tal vez permita visualizar un hecho social más amplio.

Ante esto, se buscará analizar el punto de encuentro -¿o desencuentro?- entre las empresas y sus necesidades, y las generaciones que están ingresando al mundo del trabajo. Los jóvenes de 18 a 25 años hacen hoy en día sus primeras experiencias laborales. Por una cuestión lógica de su corta edad y, por ende, falta de experiencia en algún oficio, ingresan a los puestos de menor calificación.

¿Qué demandan las empresas a estos jóvenes al momento de incorporarlos? La pregunta tiene su importancia si se piensa que, en lo estrictamente laboral, en cuanto a formación no pueden demandarles calificación alguna, puesto que saben que están incorporando personal sin experiencia previa, a los que las mismas empresas aportarán su participación como ente formador.
Comprobamos que, en estos casos, lo que se demanda entonces queda circunscripto al ámbito de la personalidad de los postulantes a ingresar.

Cuando las empresas van a sumar personal muy joven sin calificación, esperan que los mismos presenten un aspecto que suelen nombrar como “Predisposición”. Bajo ese concepto difuso e impreciso cada empresa engloba un conjunto de actitudes, a las que otorgará a su vez, diverso grado de importancia. Y que, sin importar que para cada una de ellas ese concepto suponga algo particular, lo escuchamos repetirse, me animaría a decir, casi sin excepción. A la hora de enumerar las actitudes y comportamientos que caerían bajo el concepto de “Predisposición”, la mayoría de las veces encontramos cosas tan dispares como: “Que no llegue tarde”; “Que no sea faltador”; “Que haga horas extras”; “Que se comprometa con los objetivos”; “Que no esté pensando en cambiar de empresa”;y la lista continúa…

No obstante, El hecho de que la persona se responsabilice de su puesto de trabajo no teniendo alto nivel de ausentismo ni renunciando inmediatamente tentado por otra oferta laboral, ocupan el número uno de esta lista.

Por esto, es necesario preguntarse: ¿Cómo está conformada esta generación de 18 a 25 años? ¿Qué cultura de trabajo han incorporado?

Los chicos de 18 a 25 años de hoy son los hijos de los desocupados masivos de la década del ’90. Esta generación ha visto roto el lazo de continuidad con la fuente laboral. Sus padres, que ingresaron con la idea de hacer “carrera” en una fábrica o empresa, de pronto se vieron sin trabajo, optando por trabajos informales, de poca continuidad, y llevando una vida laboral que combina el paro con la actividad. Esa cultura del trabajo que se absorbe en casa cuando los hijos ven a sus padres respetar un horario y una rutina diariamente; cuando los adultos referentes tienen sentimientos de pertenencia por una empresa que les aporta estabilidad económica y simbólica, ofreciendo la oportunidad de integrar su identidad a la de su lugar de trabajo, como referente material fijo absorbiendo los valores que emanan de dicha organización. Todo este mundo material y simbólico que aporta el trabajo a la personalidad, se rompe, pierde continuidad cuando la relación laboral es discontinua, precaria y cuando se experimentan largos períodos de desocupación.

Las capas sociales mas empobrecidas son las que mas han padecido los efectos de la desocupación. Son precisamente los hijos de estos desocupados los que intentan hoy incorporarse al mundo laboral ¿Podrán responder ellos con “compromiso” y “predisposición” cuando han crecido y se han formado en la cultura de la desocupación?

Habrá que apostar por la continuidad de la cultura del trabajo. Habrá que hacer improvisaciones, y algunos parches allí donde la línea de continuidad se vio interrumpida. Tendrá, cada uno desde su pequeño lugar, que trabajar con “Compromiso” y “Predisposición”, con la convicción de que eso también se puede enseñar.

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