Inicio Empresas y Negocios Empleados que juegan al Tetris en la oficina: ¿hay que castigarlos?

Empleados que juegan al Tetris en la oficina: ¿hay que castigarlos?

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En la segunda parte de El Capital, Karl Marx describe una sencilla transacción que constituye la columna vertebral del sistema capitalista: la compra de fuerza de trabajo por parte del empresario.

La diferencia específica del capitalismo en relación con otras formas de organización económica es la libre compra-venta de fuerza de trabajo en el mercado. De esta forma, el empresario paga al “proletario” un salario por la exclusividad del uso de su fuerza de trabajo a lo largo de la jornada laboral.

No obstante, la teoría no siempre describe fielmente a la realidad. Y, lo cierto es que muchos empleados dedican parte de la jornada a ejecutar actividades personales que no crean valor para la empresa. Piense, por ejemplo, en el oficinista que, en horas de trabajo, prepara un plan de negocios para un emprendimiento personal.

En otros casos, el empleado no sólo utiliza tiempo sino también recursos de la empresa. Pensemos, por ejemplo, en un obrero que emplea materiales de la fábrica en armar un objeto de decoración que se llevará a su casa.

De hecho, en una encuesta en empresas francesas, el 28 por ciento de los trabajadores confesó utilizar tiempo en tareas no encomendadas por sus empleadores.

Ahora bien, ¿qué hace usted si descubre que uno de sus subordinados dedica horas de trabajo a sus propios proyectos?

En muchos casos, la situación puede terminar en un despido. No obstante, un artículo de Harvard Business School nos presenta una perspectiva diferente. De hecho, ciertas empresas toleran (y hasta incentivan) estas prácticas. Incluso, en ciertos rubros, esta actitud puede ser una buena práctica de gestión del capital humano.

El caso paradigmático es la industria aeronáutica, caracterizada por un comportamiento cíclico donde los “períodos muertos” alternan con etapas de producción a marcha forzada, con largas horas extra para entregar los pedidos a tiempo.

En rubros típicamente cíclicos, es perfectamente racional para el manager autorizar a los empleados a dedicar tiempo a sus actividades personales durante las etapas de baja producción.

Si usted lo prohíbe, el trabajador lo hará a escondidas. Pero si usted adopta una actitud proactiva y toma en cuenta los intereses de la empresa y de los empleados, probablemente podrá alcanzar con sus trabajadores un acuerdo del siguiente estilo: “En los momentos de baja producción, te permitiré que dediques parte de la jornada a tus proyectos personales. Sin embargo, cuando te necesite para terminar un proyecto, te quedarás en la oficina todo el tiempo que la empresa necesite”.

Según la investigación de Harvard, este principio de gestión es todavía incipiente y, por el momento, son pocas las empresas que se atreven a implementarlo. Sin embargo, el manager no debería temer la explicitación de estos acuerdos. Al fin y al cabo, pueden derivar en una situación donde todos ganan.