El exceso de información está haciendo que el engagement de los trabajadores caiga, alertan los experto


¿Estamos perdiendo demasiado tiempo por culpa de toda la información que recibimos? Todo el mundo ha tenido esa sensación en algún momento y posiblemente no han sido pocos los que han querido poder trabajar del mismo modo que lo hace George R.R. Martin, el autor de la saga de libros en la que se inspira Juego de Tronos, quien escribe en un ordenador de hace unas décadas para no tener distracciones y no dejarse arrastrar por internet (aunque sus seguidores sentirán que tampoco es que eso le valga para mucho…). El sueño es, para quienes han visto en su método una de las potenciales soluciones a todos sus problemas, no tener que conectarse a internet y no tener que verse abrumados por mails entrantes, mensajes o agujeros de gusano que llevan a perder minutos y más minutos leyendo cosas online.

Internet se ha convertido en la razón por la que todos conocemos ahora la palabra procrastinación y por la que todos la usamos de forma recurrente. Internet es como un pozo sin fondo de contenidos que nos lleva a perder el tiempo y es también una de esas cuestiones que son inevitables. No podríamos trabajar sin internet, pero acabamos sintiendo que no podemos trabajar con ella.

Internet se ha convertido en el elemento clave a la hora de lograr establecer vínculos con los trabajadores y a la hora de generar engagement con ellos, como recuerdan en una columna en The Drum, pero también se ha convertido en el elemento que puede acabar con ello directamente. Estamos recibiendo todo el tiempo tanta información y navegando entre tantas cuestiones (y entrando en bucles que nos llevan a navegar entre otras cuantas más) que parece inevitable verse arrastrado a perder todavía más tiempo.

Así, la media de cosas a las que tiene que enfrentarse el empleado tipo es más bien una amplia lista de cosas que pueden empujar al tiempo perdido. De media, en el trabajo se reciben unos 120 mails y se pierde el 28% del día gestionándolos. No es la única cuestión. En cada jornada nos tenemos que enfrentar a una media de entre 50 y 60 interrupciones, de las que un 57% llegan desde las redes sociales. A eso se suma que es inevitable mirar de forma recurrente la pantalla de nuestros móviles. De media se ven unas 85 veces en el día pro cada cuatro horas de tiempo despierto (150 de media en el caso específico de los millennials).

Todo ello hace que, sumado a los muchos elementos recurrentes en el trabajo que hacen perder el tiempo, como las reuniones, el trabajador deba enfrentarse a un panorama en cierto modo desolador en lo que a perder el tiempo se refiere y oportunidades de engagement toca. El 40% de la jornada de trabajo, según los datos del estudio que manejan en The Drum, acaba siendo completamente improductiva. A eso se suma que esto modifica cómo percibimos nuestra jornada laboral y nuestra relación entre el trabajo y nuestra vida. Un 40% de los trabajadores cree que es imposible tener éxito en el trabajo, vivir bien y tener tiempo para la familia y la vida social.

Y todo ello acaba teniendo sus raíces en lo mismo: estamos sometidos a un exceso de información y estamos viéndonos lastrados por ello, o al menos eso es lo que sus ‘víctimas’ acaban creyendo. Según los datos del estudio, un 80% de las empresas cree que sus trabajadores están sometidos a un exceso de información y que están viéndose abrumados por ello.

Y esta situación tiene un eco en la realidad personal también, demostrando que estamos siendo arrastrados por el exceso de información a una especie de escenario en el que resulta complicado gestionar todo lo que se quiere gestionar y al mismo tiempo ser capaz de hacer lo que se quiere hacer.

Los efectos del exceso de información

En el trabajo, el exceso de información acaba haciendo que nos veamos abrumados por todo lo que estamos recibiendo y que no seamos capaces de gestionarlo todo. De hecho, un estudio demostraba que, incluso cuando no hacemos caso a nuestro mail y nos centramos en una cuestión para trabajar, el saber que nuestro mail está esperándonos allí sin leer hace que seamos menos productivos y que nuestro cerebro rinda menos.

A ello se suma que el exceso de información también tiene un efecto en cómo nuestro cerebro gestiona la información y toma las decisiones. El exceso de datos hace que llegado un momento nuestro cerebro ‘colapse’, por así decirlo, y pase de asumir más información o de tomar más decisiones. Se cerrará y hará que funcionemos peor. Igualmente, todo esto tiene un efecto en la memoria. Todo este exceso de información acaba pasando sin más por el cerebro ya que no la guardaremos a largo plazo.

Fuente: Puro Marketing

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