Siguen ganando espacios, pero aún tienen una limitada intervención allí donde se toman las decisiones. A pesar de los avances, ése sigue siendo el panorama para las mujeres que encaran una carrera ejecutiva.
Según una encuesta de Marcu y Asociados, entre 34 empresas de la Argentina, Chile y Perú, la participación femenina en las organizaciones disminuye a medida que crece la responsabilidad: en la Argentina sólo el 7% de los cargos de dirección son ocupados por mujeres; igual porcentaje se registra en Perú y en Chile baja al 4%. En cambio, en las empresas locales el 19% de las gerencias medias está a a cargo de mujeres, mientras que sus colegas de Chile ocupan el 29% y las de Perú, el 33%.
A pesar de esto, «hoy existe una mayor preocupación de las empresas por la diversidad, que aquí impacta en la problemática de género, y por nivelar la cantidad de hombres y mujeres para equilibrar a las compañías en cuanto a criterios, pensamiento y sensibilidad», expresa Marcela Angeli, directora de la división RR.HH. de Marcu y Asociados.
Según la encuesta -que en la Argentina contestaron Arcor, Bayer, Cargill, Coca Cola, IBM, Molinos, Repsol YPF y Unilever, entre otras-, la participación de las mujeres es mayor en las áreas de Marketing, Administración y Finanzas y RR.HH., y en los mercados de servicios y consumo masivo; aunque Angeli destaca que «sectores como el automotriz están incorporando ingenieras».
«Las empresas deberían abrir un espacio de discusión: si las mujeres son responsables de casi un 80% de las decisiones de compra, concentran el 55% del cupo universitario y representan el 40% de la Población Económicamente Activa, ¿por qué son tan bajos los porcentajes que ocupan puestos de dirección?», se pregunta Analía Remedi, directora general de Hewlett Packard. «Las empresas se pierden la oportunidad de reclutar talento y de enriquecer sus equipos», completa.
Lo primero es la familia
El 13% de las empresas argentinas, el 37,5% de las chilenas y el 9% de las peruanas manifestó haber tenido algún inconveniente al plantear el ascenso de una mujer, por cuestiones de horarios, familiares o por transferencias al exterior.
Las ejecutivas consultadas por iEco coinciden en que el desarrollo profesional se «logra con mucho esfuerzo y sacrificio» y que la tensión continúa siendo compatibilizar la familia con el trabajo.
Victoria Quade es contadora pública y gerente de Regulaciones Corporativas de Transportadora de Gas del Sur (TGS); además, tiene tres hijos en edad escolar. «En el trabajo tenés que rendir igual o más que un hombre, y la jefa del hogar, en cuanto a organización, sigue siendo la mujer. Por eso, es doble el esfuerzo. Y cuando llego del trabajo quiero estar con mis hijos». ¿La clave? «Duermo poco y trato de estar en todos lados».
A pesar de tener una larga trayectoria profesional y de que su gerencia brinda soporte al CEO y al director de Finanzas, «todavía me encuentro con hombres que admiten ser machistas y reconocen que les cuesta discutir temas profesionales con una mujer», dice Quade; sin embargo, «creo que hay un quiebre generacional: son hombres mayores de 40 o 50 años, que ocupan posiciones muy importantes. La mujer todavía necesita tener una fundamentación técnica y conceptual más fuerte para ser considerada. Aunque eso está cambiando con las nuevas generaciones», concluye.
Marisa Soria es gerente general de Swiss Medical Group, donde además fue gerente de Administración. Para ella, también «es un proyecto de familia» que una mujer ocupe esta posición.
«Mis hijos comparten mi rol y creo que para ellos es una buena experiencia, quizá algo diferente del modelo clásico de mujer -comenta-. Llegar a la gerencia general fue un cambio cualitativo: es una función más estratégica, global y abarcativa, y menos técnica, que requiere estar 100% disponible».
Si bien no está de acuerdo con implementar políticas que diferenciadas por género, considera que las mujeres tienen un estilo de gestión diferente. «Creo que estamos más orientadas a las personas y a la formación de equipos multidisciplinarios», afirma Soria.
Analía Remedi, con 20 años de carrera en HP, asegura que a un puesto de dirección «se llega con mucho esfuerzo, dedicación, compromiso y resignando cosas; se renuncia a lo mismo que los hombres. Pero la sociedad tiene que estar preparada para aceptar a una mujer que trabaja tantas horas». También opina que serían favorables una mayor flexibilidad, una descripción objetiva de puestos y una política de compensaciones transparente.







