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La adaptación en el jardín

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Por: Lic. Marisa Russomando, Psicóloga (MN) 23189, Directora del espacio La Cigüeña

Cuando el jardín se integra a la rutina familiar, los pequeños inician un momento muy importante en su historia, ya que es el inicio de su socialización, fuera de su primer grupo de pertenencia: su familia. Para que se de en forma satisfactoria debe ser entendida la adaptación de los más chiquitos como un proceso y no como un período, ya que no se podría decir anticipadamente el tiempo que lleve su elaboración y por lo tanto su duración.

Proponemos realizar la adaptación en forma gradual, de esta manera favorecerá la separación del bebé o pequeño de lo suyos, sobre todo de su mamá y asimilar nuevas personas que integrarán su nuevo mundo: las maestras con sus propias características, y las propuestas con las normas que esto requiere.

Lejos de una ruptura, se trata de la integración, del encuentro donde familia y maestras se enriquecen mutuamente, por eso es necesaria una apertura para que la adaptación se de en forma natural, armónica.

A medida que la adaptación se va desarrollando y el pequeño/a comienza a quedarse solo en el jardín, son los papás quienes a veces viven con más fuerza la separación. Es muy común poner el acento en los pequeños en el momento de la adaptación: lo cierto es que es un proceso que incluye a todos los que participan de esta propuesta: pequeños, padres, maestras, coordinación.

Los sentimientos más frecuentes en relación al proceso de adaptación son: temores, celos, culpas, rivalidades…en ello la información cumple un papel muy importante, cuanto más conocimiento se tenga de la propuesta, de lo esperable, de quienes la llevan adelante, más se favorecerá a la confianza y a la seguridad. Para eso, lo esencial es preguntar, averiguar, informarse, no quedarse con las dudas.

Tengamos siempre presente que el objetivo de la propuesta no es reemplazar el vínculo familiar, sino colaborar y acompañar en el desarrollo de los más pequeños.

Este tiempo entonces se tiñe de un clima en donde lo importante es el vínculo que comienza a construirse, que nos permita el encuentro y las ganas de abrazar, contener, mirar, acariciar, escuchar, cantar, jugar, bailar, construir, pintar, garabatear, explorar, sentir….

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