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La fuga de capitales agrava la recesión y lleva al Gobierno a un callejón sin salida

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La fuga de capitales no cesa y es de por sí el problema más grave que enfrenta el Gobierno.

En lo que va del año, salieron del sistema unos u$s10.000 millones, cuando el superávit primario (ingresos menos egresos) fue apenas de $6.000 millones y prácticamente se extinguirá en el segundo. En 2008, dicha cifra había sido tres veces superior.

El tema es grave, dado que la dolarización seca la economía del país, deja sin resto al sector público a la hora de incrementar reservas y de proveer liquidez al mercado financiero.

En definitiva, reduce la cantidad de dinero disponible para que los bancos presten al sector privado, alargando aún más la recesión por la que transita el país.

Para el economista Carlos Melconian, de M&S Consultores, el nivel de actividad del tercer trimestre puede ser peor que el del segundo porque “la fuga de capitales sigue alta, el consumo empieza a sentir la sequía monetaria y la inversión privada está totalmente parada”.

En igual sentido, Aldo Abram, titular de la consultora de Exante, sostuvo a iProfesional.com que “la dolarización tiene un impacto adicional en las cuentas públicas al disminuir la recaudación”.

Se agrava el problema
Hasta la crisis del campo, el único comprador de divisas era el Banco Central, que como contrapartida emitía pesos que volcaba al mercado y alimentaba así al circuito monetario.

Desde abril de 2008 la situación cambió radicalmente: el sector privado desplazó al BCRA en la compra de divisas y dejó a la entidad con poco margen de maniobra para inyectar pesos al sistema.

“La fuga de capitales empezó en el 2007 y se acentuó en el 2008 con el problema del campo en marzo, con la expropiación de las AFJP en octubre y el acto eleccionario de este año”, afirmó Abel Viglione, analista de FIEL a iProfesional.com.

Los u$s43.000 millones que salieron desde mediados de 2007 equivalen a una pérdida anual del 8% del Producto Bruto Interno. El pico más alto se dio en el segundo trimestre de 2008. A partir de entonces, la situación pareció descomprimirse durante los primeros meses de 2009, pero en junio volvió a encenderse la alarma, fiel reflejo de que el problema de fondo subsiste y más aún, tiende a agravarse, a pesar de los estrictos controles de AFIP, CNV y Banco Central sobre los grandes compradores.

Esta vez, el detonante fue “la incertidumbre que trajo las elecciones”, tal como subrayó Abram.

Los diferentes economistas consultados por iProfesional.com estimaron que la fuga de divisas durante junio osciló entre los u$s2.200 y u$s2.400 millones, por lo que el semestre habría concluído con un monto que rondaría entre los u$s9.800 y los u$s11.500 millones.

“En junio, la fuga terminó en u$s2.400 millones y el BCRA debió vender más de u$s800 millones para que el dólar no suba”, explicaron desde la consultora dirigida por Carlos Melconian y Rodolfo Santángelo.

¿Quién se lleva el dinero?
Según Economía y Regiones, la consultora que conduce Rogelio Frigerio nieto, la salida de capitales del sistema es consecuencia de las expectativas negativas de los agentes económicos y del clima de desconfianza que impera en la actualidad.

“En realidad, mucha gente tiene la imagen de que la fuga de capitales está representada por un hombre rico con una valija llena de dinero que va a dejar el país, pero en realidad es algo mucho más amplio y tiene que ver con la incertidumbre sobre las futuras acciones del Gobierno”, explicó el director de Exante.

El analista agregó que “la mayoría de los argentinos, ante el temor optan por ahorrar, retirar los depósitos y comprar dólares para dejarlos en el placard o en cajas de seguridad. Esta medida tiene como principal costo una caída en el nivel de la producción, básicamente porque se estanca el consumo”.

Hoy en día, merced a los controles que ejerce la Secretaría de Comercio Interior sobre las mesas de dinero y las propias compañías para evitar la compra, el movimiento de billetes se explica por la demanda minorista.

“La fuga de capitales es hormiga”, dijo el economista Orlando Ferreres. “Es la gente que los adquiere en las casas de cambio, pero no solamente en la calle San Martín, sino en cada provincia y en cada pueblo”, agregó.

En el segmento mayorista, el Central tiene al mercado más controlado.

Callejón sin salida
De mantenerse esta tendencia, los analistas consideran que este año podrían fugarse unos u$s20.000 millones que se sumarían así a los u$s23.000 millones de todo el 2008.

Según explicó Jorge Todesca, titular de Finsoport, “para el segundo semestre, la salida registrada en estos primeros seis meses no es sostenible en el tiempo”, un punto en el que coinciden todos los analistas consultados por este medio.

El ex funcionario agregó que “si se mantuviera este nivel, tendríamos a fin de año una cifra cercana a los u$s18.000 millones, frente a un saldo comercial de u$s15.000 millones, por lo que habría un faltante de u$s3.000 millones”.

El especialista agregó que “hay un límite en la desmonetización”, haciendo referencia a que cada dólar que sale equivale a menos pesos disponibles para prestar a particulares y empresas.

Incluso, para otras consultoras la situación es aún más grave dado que proyectan una fuga cercana a los u$s23.000 millones.

Para Econométrica, “la salida de capitales se ve agravada si se tiene en cuenta la evolución de las cuentas públicas, que reflejan un fuerte deterioro en el primer semestre del año, con una reducción del superávit primario que, si no se considerasen los nuevos recursos provenientes de las AFJP, rondaría el 90 por ciento”.

Este fuerte derrumbe hace que, al no tener acceso al crédito externo, el Gobierno se encamine a un callejón sin salida a la hora de financiar el pago de deuda (cercana a los u$s8.800 millones para este segundo semestre, entre capital e intereses, según dio cuenta Ferreres).

Más fuga, más recesión
Para que la economía evite un segundo año seguido de recesión, el Banco Central tendría que revertir ese drenaje y comprar en los próximos doce meses un monto similar al de la salida de divisas.

Según Melconian, “en el segundo semestre de 2009 el superávit comercial rondaría los u$s1.000 M por mes. Por lo tanto, si la fuga de capitales se estacionara en idéntico piso, no habría stress cambiario pero tampoco más liquidez y será difícil que así se vaya gestando un rebote notorio del nivel de actividad”.

“Pero si se disparara por arriba de ese número, el superávit comercial no va a alcanzar para financiarla”, sostuvo.

De esta manera, Melconian explicó cómo la fuga impacta de lleno agravando el escenario recesivo por el que transita el país al restarle liquidez al sistema y reduciendo las posibilidades que tiene para una salida rápida.

Un sector en la mira
Ante este escenario de difícil solución los analistas esperan que la ANSES, el Banco Nación y el Central sean quienes ayuden a cerrar este agujero, aunque también ven más de cerca la necesidad de recurrir al crédito externo.

Para Melconian, aunque el Banco Nación le preste al Tesoro $9.000 millones (el tope que le puede dar según su Carta Orgánica) y use unos $1.000 millones de adelantos transitorios del BCRA, al Tesoro no le alcanzarán los pesos para comprar los dólares que necesita sin financiamiento de un organismo internacional.

El especialista no descarta que se apele directamente al uso de reservas mediante alguna modificación legal que habilite al Gobierno para hacerlo.

Sin embargo, por estos días crecieron fuerte las versiones que dan cuenta de que, para cerrar la brecha fiscal, se recurriría a un bono “voluntario” que se le impondría a los bancos que, dicho sea de paso, cuentan en la actualidad con una “irresistible” dosis de liquidez.

Al respecto, dicho excedente (de liquidez) rondaría los $15.000 millones, sin contar los $24.000 millones de tenencias de Lebac y Nobac, de los cuales $11.000 M son del Banco Nación.

“Tomar una medida como la de los bonos sería un descarrilamiento perjudicial para el sistema”, sostuvo Todesca

Según Abram, “si los bancos tienen esa liquidez, es producto de la misma desconfianza sobre el devenir de la economía. Las entidades la necesitan para cubrirse de una posible corrida bancaria, porque hay que recordar que la plata es de los depositantes, no de los bancos y éstos deciden mantener ese efectivo para poder responder los posibles pedidos”

En tal sentido, el analista de Exante fue concluyente: “Si el Gobierno decidiera colocar bonos, sería una señal de saqueo del dinero y aún si los depositantes no reaccionaran, los bancos volverían a acumular esa liquidez debido a la misma incertidumbre”.

De avanzar en esta idea, no sería la primera vez que los bancos terminen resolviendo los problemas de caja que tiene el país derivados del exceso en su gasto público.


Fuente: InfoBAE

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