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La Gripe en las personas con enfermedad cardiovascular

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Por: Dr. Francisco Nacinovich

La gripe es una enfermedad respiratoria que ha acompañado al hombre desde hace más de 1000 años. Además de las epidemias de influenza que cada año ocurren durante la época invernal, a lo largo de su historia la humanidad ha padecido varias pandemias. Como es sabido, al menos tres de ellas se desarrollaron en el transcurso del siglo pasado, en los años 1918, 1957 y 1968.

La pandemia de gripe actual ocasionada por el virus A (H1N1) no es una situación imprevista pues hace ya más de 10 años (con la aparición de los primeros casos de gripe de origen aviar A (H5N1) en Asia) los expertos anunciaban la posibilidad de que una nueva pandemia ocurriría en el transcurso del nuevo milenio. Y esta pandemia (que será la primera pero quizás no la última del siglo XXI) no sólo desafía una vez más la capacidad del hombre de enfrentar y resolver dificultades, sino que pone de manifiesto la necesidad de orientar los recursos disponibles para proteger a los más vulnerables.

¿Con qué cartas contamos para enfrentar una pandemia de gripe? En primer lugar todo aquello que conocemos de la enfermedad, tanto de la gripe estacional (que nos aqueja invariablemente cada año) como de la influenza que ha causado las sucesivas pandemias. Sabemos que la gripe estacional o común, si bien puede afectar a cualquier persona, es en los individuos de cualquier edad que padecen enfermedades cardiovasculares (junto a todos los mayores de 65 años y a aquellos que tienen enfermedades pulmonares crónicas, diabetes y enfermedades renales, entre otras) en los cuales puede causar mayor impacto; es por ello que a estos grupos se los considera los más vulnerables a la gripe y sus complicaciones. Y esto es cierto también en el escenario de la pandemia de gripe A (H1N1) que nos afecta en las últimas semanas.

Es necesario destacar, por otra parte, que por primera vez en la historia contamos con una serie de recursos técnicos y posibilidades de comunicación y organización prácticamente inmediatas, con los cuales podemos seguir el comportamiento de este nuevo virus casi diariamente y comprender mejor a quienes afecta y de qué modo, de manera de implementar las medidas de cuidado más apropiadas. Desde el inicio de la pandemia se ha observado que este nuevo virus es capaz de afectar a personas sin ningún factor de riesgo para las complicaciones de la gripe. Recientemente se han incorporado a la lista de individuos vulnerables ya conocidos (como lo son las embarazadas) a otras personas como los obesos. Sin embargo, aquellos que sufren enfermedades cardíacas (así como el resto de los grupos considerados de riesgo) siguen siendo pasibles de sufrir los embates de la gripe A (H1N1).

¿Cómo afecta la gripe, estacional o pandémica, a este grupo de personas? No sólo lo hace provocando la enfermedad por todos conocida (caracterizada por fiebre >38º C de aparición brusca, tos, dolor de garganta, secreción nasal o rinorrea, cefaleas, dolores musculares y postración) sino también causando alteraciones o deterioro de la enfermedad subyacente que los predispone: se sabe claramente que durante la temporada de influenza aumenta la incidencia de

hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca y hay mayor incidencia de episodios de enfermedad coronaria (incluyendo el infarto de miocardio) y de infartos cerebrales; también puede producir descompensaciones en pacientes con enfermedades pulmonares (incluyendo a los asmáticos) y en los diabéticos.

¿Qué podemos hacer para evitar estas situaciones? La pandemia que nos afecta no sólo motiva el autocuidado, con las pautas y recomendaciones que se sugieren, sino también el cuidado de los que nos rodean, mediante la práctica de la solidaridad y la responsabilidad social. Por otra parte, es muy importante que las personas con características que los ubican en alguno de los grupos de riesgo tengan un seguimiento médico periódico adecuado y reciban, además de las pautas de alarma apropiadas, la vacuna antigripal. La misma los protege (más que de padecer la misma enfermedad – la cual puede manifestarse de una manera menos intensa, en caso de ocurrir en las personas previamente vacunadas) principalmente porque disminuye la posibilidad de sufrir las complicaciones descriptas.

Debe destacarse que la American Heart Association recomienda desde el año 2006 (a raíz de experiencias llevadas a cabo por diferentes grupos de expertos, incluyendo a profesionales de nuestro país) y con el mismo entusiasmo que el control de la presión arterial y el colesterol, la vacunación antigripal en los enfermos con patologías cardiovasculares crónicas. Además, es conveniente la consulta con el médico de cabecera particularmente ante la aparición de cuadros como los descriptos, durante la época en la que circula el virus de la gripe. En el escenario de la pandemia actual, si bien no está claro aún si la vacuna antigripal estacional protege contra el virus de la gripe A (H1N1) no debe olvidarse que también circula en la comunidad el virus estacional y las personas con factores de riesgo deben estar vacunadas.

Las dificultades y desafíos que estamos obligados a enfrentar en estos días con motivo de la pandemia de gripe A (H1N1) son una oportunidad para poner en práctica tanto los conocimientos que disponemos, los recursos médicos (como la vacuna antigripal y los antivirales) y técnicos, como la capacidad de comunicar (alertando y enseñando, pero sin atemorizar). Estas son algunas de las herramientas que tenemos en nuestras manos para enfrentar un problema de tamaña magnitud como el que nos plantea hoy una nueva pandemia.

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