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La paradoja del dólar: cuanto más lo “congela” el Gobierno, más seducirá a ahorristas

Ya es aceptado como un axioma que, en la Argentina, cualquier movimiento en la cotización del dólar genera alarma en la gente, que rápidamente sale a comprar billetes verdes para sentirse segura.

Pero, ¿puede ocurrir que la quietud en el tipo de cambio también se transforme en motivo de nerviosismo?

Hay opiniones de peso que sostienen que, ante un dólar que siga calmo mientras la inflación continúa empujando con fuerza, el público tenderá a dolarizar sus ahorros.

Y encuentran una razón más que valedera para justificar su pronóstico: el billete verde, como activo, resulta más barato y, por ende, más accesible para gran parte de los argentinos.

Esto lleva al Gobierno a una situación casi “paradójica”: cuanto más esfuerzo haga por llevar calma al mercado (léase por mantener quieto el tipo de cambio), mayor será la propensión de la gente a comprar divisas.

La argumentación de quienes sostienen este pronóstico también encuentra otro sustento: si la inflación se acelera, el dólar sigue “planchado” y, al mismo tiempo, el contexto es de mayor incertidumbre –tanto en el plano político como fiscal– una parte de la sociedad tenderá a pensar de que hay mayores probabilidades de que se dé un ajuste abrupto, tal como ha pasado en otras oportunidades.

En palabras de Ricardo López Murphy, uno de los economistas que con más énfasis ha fundamentado este punto, “ante una tasa de devaluación que va mucho más lenta que la suba de precios, con más razón el público tenderá a pasarse al dólar, porque lo ve barato”.

El ex ministro de Economía pronostica que hacia finales de año, la dolarización de los ahorros se dará “de una manera más acentuada de lo que se ha visto hasta ahora”.

Su punto de vista empieza a ganar adeptos en la city, aun cuando todavía este traspaso de carteras sea incipiente.

“Es una argumentación valedera y son altas las probabilidades de que esto ocurra” afirma, off the record, un ex administrador de fondos de inversión, que actualmente ocupa un cargo ejecutivo en un banco internacional.

Otros prestigiosos economistas, como Alberto Ramos, de Goldman Sachs, y Claudio Loser, ex funcionario del Fondo Monetario Internacional, abogaron esta postura e hicieron énfasis en las consecuencias negativas de la mayor conflictividad a nivel político.

Y señalaron que hay un alto riesgo de que vuelva a cobrar impulso la fuga de capitales, revirtiendo el flujo de entrada de dólares que, en los últimos meses, aportó cierto oxígeno al Gobierno.

¿Qué tan barato estará el dólar?
Lo cierto es que la Argentina ya está entrando en su octavo año consecutivo en el que la inflación correrá por encima del movimiento ascendente de la divisa.

Y la brecha que se registrará en 2010, de acuerdo con el pronóstico de los economistas privados, estará en torno de los 12 puntos. Esto es, los precios aumentarán un 12% más que el billete verde.

El siguiente gráfico muestra cómo, a lo largo de esta década, la brecha entre inflación y devaluación fue una constante, aunque con cambios abruptos en cada año.

Tal como puede apreciarse, el pico fue en 2007, año en el que se dispararon los precios internos. En 2009 la diferencia fue pequeña, debido al sostenido aumento de la divisa norteamericana registrada a finales de 2008.

Todo indica que este atraso cambiario se agudizará en 2010. Al respecto las estimaciones de los analistas dan cuenta de que al final de este período se requerirá de un 17% más de dólares de los que se necesitaban en diciembre de 2008 para comprar la misma cantidad de bienes.

Y los salarios, al menos para aquellos sectores que ajustan aproximadamente por la inflación real, también se habrán encarecido, en dólares, en la misma medida.

Más inflación para licuar gasto, dólar más barato
La grave situación fiscal que enfrenta la Argentina se convirtió en el principal punto de preocupación de la mayoría de los analistas. Asociado a este rojo, la alta inflación necesaria para licuar el gasto y, en consecuencia, la mayor distancia entre ésta y el movimiento del billete verde.

No es para menos, si se tiene en cuenta que el gasto público ya se encuentra en unos de sus niveles récord y viene trepando desde hace varios años un 15% por encima de los ingresos.

“La causa de fondo del problema del Banco Central es un notable incremento de la brecha de financiamiento público, que fue de $15.000M en 2008 y $40.000M en 2009. Si el gasto crece un 25% este año se irá a $60.000M y si lo hace al 40% ese rojo llegará a $90.000M”, enfatizó Miguel Angel Broda.

Según Broda, “la Argentina no tiene un problema de reservas, porque tiene suficientes, sino un gran problema de control monetario”. Y advirtió que “si se pierde dicho control, el país se encamina a un descontrol como el de los ´80″.

Broda no es el único que hace referencia a esta situación. También el ex vice ministro de Economía, Jorge Todesca, enfatiza que se avecina una “enorme brecha fiscal”. “Las necesidades de financiamiento para este año son de $110.000 millones de pesos. El financiamiento asegurado hasta ahora es de unos $12.000 millones. El resto –$99.000 millones– está aún sin definir”, explicó.

Para Enrique Szewach el Gobierno cayó en “una trampa”. En su visión, el dilema es que, ya agotadas todas las fuentes de fondos para tapar los desequilibrios fiscales, su último recurso será el de licuar el gasto, que está en niveles récord, vía inflación.

“En la medida en que no pueda usar el Fondo del Bicentenario, como quería, la solución para financiar este elevado nivel de gasto es la de fogonear la inflación, así recauda más pesos. Pero claro, resuelve un problema y genera otro, porque se le escapa el dólar, con lo cual se generan condiciones para una fuga de capitales”, explica el economista.

El choque de las dos visiones
Es así como el actual contexto, que se irá profundizando en los próximos meses, da lugar al choque de dos visiones contrapuestas:

La del Gobierno, que sostiene que:

* La política del dólar planchado desestimula la compra del billete verde y, por lo tanto, lleva al fin de la salida de capitales.

* Eso hace que los argentinos tengan una mayor predisposición a consumir, al no temer movimientos abruptos en el tipo de cambio, y por el abaratamiento relativo de algunos productos.

* Este mayor nivel de consumo hará expandir la economía y proveerá los recursos fiscales necesarios para sostener el nivel de gasto público.

* Por otro lado, con un flujo positivo de dólares entrando al país, el Banco Central seguirá comprando reservas y alejará cualquier expectativa devaluatoria, con lo cual la gente no encontrará incentivo para comprar billete verde.

* Es así como los ahorros de los argentinos seguirán en pesos y bajará el costo del crédito.

Por el contrario, está la visión de reconocidos analistas, que sostienen:

* Que el Gobierno ya agotó todas las vías para financiar su nivel de gasto, con lo cual, ante un panorama fiscal que se agrava, no tendrá más salida que acelerar la inflación, como forma de recaudar más pesos. Lo que en la jerga se conoce como “cobrar impuesto inflacionario”.

* Cualquier intento de acelerar el crecimiento económico que implique inyectar liquidez en el mercado (como los planes sociales o los fondos “liberados” del presupuesto) agravará la inflación.

* Los precios de la economía (incluyendo salarios) comenzarán a ser caros -en términos de dólares- en la medida en que la tasa devaluatoria (suba de la divisa) sea menor al incremento general de precios.

* Así, la economía dará señales de recalentamiento y algunos sectores comenzarán a sufrir problemas de competitividad.

* La gente percibirá que sus pesos pierden valor y algunos aprovecharán para adelantar consumos. Sin embargo, otra parte de la sociedad (aquellos que se asusten más o que cuenten con una mayor capacidad de ahorro) aprovecharán para comprar dólares que, por el contexto de alta inflación, les resultará más económico.

¿Por qué se producen las corridas contra el peso?
La historia argentina tiene varios capítulos que dan cuenta de la relación entre la sociedad y su pasión por atesorar billetes verdes, un enamoramiento que se da en algunas etapas de manera más marcada que en otras.

Los expertos hacen referencia a que esta búsqueda de la moneda norteamericana se profundiza cuando ocurren cambios abruptos en el contexto internacional. Otros señalan que aumenta con los ruidos políticos domésticos, mientras que varios señalan que este movimiento se potencia cuando el país se encarece en términos de dólares.

Lo cierto es que resulta claro cómo funciona el mecanismo: a partir de determinado momento, el ahorrista ya no quiere conservar los pesos en su poder, y prefiere convertirlos en otro activo.

Es decir, o acelera su nivel de consumo o se dolariza. A esta situación, los economistas la denominan “cambio en la demanda de dinero”.

Sobre este punto, Javier González Fraga, influyente economista y ex presidente del Banco Central, sostuvo: “Si se quiebra la expectativa de una moderada estabilidad, puede romperse muy rápidamente esa demanda de dinero, y generarse una huída hacia bienes, consumo o divisas. Y ese mayor gasto público, en un contexto adverso a la inversión, será inflacionario, ya sea que se pague con reservas o con endeudamiento”.

Muy crítico del Fondo del Bicentenario, González Fraga manifestó que el camino actual de gasto creciente y endeudamiento externo “es un pasaporte a la devaluación y a la inflación”.

Su recomendación en este sentido es la de realizar un ajuste del gasto por la vía de bajar drásticamente los subsidios en las tarifas de los servicios públicos.

Más temor, más dólar
Mientras tanto, ¿qué dicen los que palpan día a día el humor del mercado cambiario?

Afirman que el movimiento hacia la dolarización es todavía pequeño, pero que la historia reciente muestra que puede acelerarse, y de golpe.

Al respecto, varios expertos comparten el pronóstico de López Murphy. Y advierten que la combinación de un dólar que corre por debajo de la inflación, la mayor incertidumbre política y el deterioro de las cuentas fiscales son un cóctel muy tentador para que los ahorristas vayan al dólar.

“La gente, cuando está asustada, se dolariza. Lo hemos visto en crisis recientes, como el conflicto del campo”, afirma Carlos Risso, gerente de cambios de Banco Meridian.

Agrega que, desde que estalló el conflicto en torno al Banco Central, se ha notado un aumento en la demanda minorista, aunque reconoce que se está lejos de un nivel de pánico.

Lo ocurrido durante 2008 es citado por los expertos como una señal contundente de cómo un clima político enrarecido puede reflejarse en el mercado cambiario, dando señales confusas a todos los actores económicos. Al inicio del conflicto entre el Gobierno y el agro, el dólar estaba calmo, en un nivel de $3,17 y con más presión a la baja que a la suba.

Con los ruidos políticos, la demanda minorista se disparó y llevó la cotización por encima de $3,20 hacia mitad de año. Entonces el Banco Central cambió su política y pasó a ser fuerte vendedor para aplastar la cotización, con días de más de u$s130 millones volcados al mercado.

La estrategia oficial aplastó la cotización hasta un nivel de $ 3,05 y el comentario de aquellos días era que el Gobierno había querido “castigar” a quienes estaban especulando. Finalmente, el Central dejó subir nuevamente al dólar, que sobre fin de año llegó a $3,47.

El gráfico es elocuente:

“En comparación con lo que compraba la gente durante la crisis de la 125, el volumen de hoy es un 30%”, explica.

Pero cree que, en la medida en que la situación actual se profundice, el aliciente para volver a dolarizarse estará más latente.

Rizzo señala que la caída de tasas en los plazos fijos, junto a una suba de precios que tiende a potenciarse y al enrarecimiento del clima político pueden gatillar el cambio de expectativas.

¿Cómo está hoy el dólar futuro?
Una de las formas de analizar la sensación del público sobre qué pasará con el dólar es observar el mercado de futuros. El gráfico a continuación muestra los momentos en que se produjeron los cambios más violentos en las expectativas.

La curva roja muestra la volatilidad del dólar futuro a 30 días. E ilustra sobre la fluctuación del precio respecto de la media. A mayor movimiento, indica que el mercado está más volátil.

La curva azul es la tasa implícita, es decir, el costo anual de tomar una cobertura, y se puede interpretar como cualquier tasa de interés.

Se calcula como la diferencia entre el tipo de cambio y el precio del dólar futuro. Los saltos bruscos de la curva corresponden a los momentos en que, por expectativas de mayor devaluación, el precio del futuro sube más que proporcionalmente al tipo de cambio.

“En momentos de mucha incertidumbre, como cuando ocurrió el conflicto con el campo, o cuando cayó el banco Lehman, se vio una suba importante en el volumen, porque los operadores buscan una cobertura”, afirma Alejandro Bour, jefe de research de Rofex.

Pero cree que los cambios en la tasa implícita son el mejor indicador de los cambios de humor en el mercado, y un análisis de estos indicadores parecen darle la razón: los momentos de nerviosismo social coinciden con los picos en el gráfico.

“Hoy la tasa está en un nivel de 11%, relativamente estable, pero había estado mucho más baja. Hace tres meses se ubicaba en 4%. En el otro extremo, durante los momentos de incertidumbre, llegó a 20%”, dice Bour.

Respecto de qué pueda suceder en 2010, cree que la percepción de un tipo de cambio atrasado puede llegar a materializarse si ocurriera un cambio brusco en las condiciones actuales: “En realidad, en esto no influye tanto la cantidad de reservas que tenga el Banco Central. Si ocurre un shock de expectativas desde el exterior, o se revierte el flujo de capitales, la gente va al dólar”.

Mientras tanto, lejos de la polémica teórica, los pequeños ahorristas se aferran a su propio dogma: el que apostó a la divisa pudo haber tenido pérdidas coyunturales, pero en el largo plazo siempre ganó.