Inicio Tecno La web cumple quince años: pasado, presente y futuro del negocio

La web cumple quince años: pasado, presente y futuro del negocio

Quince años han pasado desde que Tim Berners Lee y Robert Cailliau decidieron, en el CERN, cambiar el mundo poniendo los códigos de su funcionamiento a disposición libre y gratuita para todos.

Así, desencadenaron uno de los procesos de difusión tecnológica más importantes de nuestro tiempo y dieron origen a una de las plataformas de desarrollo con más potencial en la historia de la tecnología.

Ahora, tras quince años de usar la web, de ver su crecimiento y su entrada en la adolescencia, es un buen momento para pensar en el futuro: tanto en el de la web, como en el nuestro o el de nuestro negocio.

Si algo resulta evidente es que, desde su nacimiento, la web se ha convertido en uno de los mayores reductores de fricción jamás puestos a disposición del género humano.

Un motor de búsqueda como Google produce, en una fracción de segundo, una página de resultados que antes habríamos tardado horas en generar (seguramente, tras múltiples desplazamientos y un minucioso trabajo de documentación y síntesis).

Y la fricción, como dice la Economía clásica, es una parte muy importante de los negocios.

Incluso, la fricción es, en muchas ocasiones y para muchos productos o servicios, la verdadera razón de ser.

Yo podría, en principio, fabricar mi propio automóvil.

Pero la fricción inherente a ello hace que, salvo en casos muy especiales, prefiera pagar a alguien que ha desarrollado una experiencia determinada en hacerlo.

También podría unirme a otros para programar conjuntamente un sistema operativo.

Pero, ante la magnitud de la tarea, tradicionalmente era preferible ir a una empresa que tuviese esos equipos de programadores ya creados y funcionando, lo que le permitía ser más eficiente en las tareas de coordinación y obtener el resultado más rápido.

Antes de la web, este tipo de decisiones eran lo que los americanos llaman un “no-brainer”, una evidencia.

A nadie en su sano juicio se le ocurría ponerse a fabricar un automóvil o crear un sistema operativo, razón que permitía a empresas como Ford o Microsoft construir sus modelos de negocio sobre la realización de esas tareas.

Sin embargo, como hemos podido comprobar, la situación ha cambiado en los últimos años.

Si bien la fabricación del coche sigue llevando aparejada una cantidad de fricción tal que pocos se planteen hacerlo por su cuenta, la del sistema operativo ya ha demostrado ser incluso más eficiente cuando se hace así.

Linux, un sistema operativo creado por cientos de personas con contribuciones de todo tipo, desarrollado al margen de una empresa determinada, es hoy el más estable, el más barato y hasta el más bonito en su uso.

Incluso, este sistema está obligando a Microsoft a repensar su modelo de negocio, a intentar acortar (por ahora, sin conseguirlo) sus extraordinariamente largos tiempos de producción para competir contra una especie de “enemigo invisible” con infinitos ojos y manos, que incorpora mejoras y corrige errores mucho más rápido que la propia empresa.

Ronald Coase y su “The nature of the firm”, revisitado varias décadas después: si la empresa era una respuesta a la fricción inherente a comunicarse y coordinarse fuera de ella, tenemos que repensar la empresa.

Un proyecto como Linux habría resultado completamente impensable antes de Internet.

De hecho, fueron evidencias como éstas (además de una palmaria falta de visión) las que llevaron a Microsoft a ignorar la web durante años y a llegar tarde a su desarrollo.

La empresa no veía nada claro que el resultado de tanta libertad y falta de fricción fuese bueno para ella, y prefería apostar por modelos como el que tenía AOL en un principio y como el que intentó ser MSN; plataformas cerradas y propietarias donde todo aquel que quería dar un paso, debía contar con la venia del propietario.

Afortunadamente, el éxito sin par de la web eclipsó este tipo de modelos, y el progreso que la humanidad en su conjunto ha obtenido de ello resulta, tras quince años, completamente evidente.

Evaluar nuestro negocio a la luz del inmenso reductor de fricción que la red supone, es el trabajo que nos corresponde como directivos cuando la web cumple quince años.

Ante esta espléndida quinceañera que se pasea ante nosotros con más vida que nunca, no vale mirar hacia otro lado.

La web reúne lo mejor y lo peor del género humano, porque no deja de ser el reflejo del mismo, y afecta a todo: a la manera en que se plantea su actividad, a cómo se comunica, a cómo vende, a cómo investiga…

En definitiva, hoy que la web cumple quince años, usted no puede permitirse el lujo de, como dice uno de los autores del muy recomendable Funky Business: “seguir en su puesto gracias al hecho de ser experto en lo que era importante ayer”.

Desde la web, quince años de reducción de fricción nos contemplan.