Inicio Bon Vivir Turismo MATE, un proyecto que se toma el turismo en serio

MATE, un proyecto que se toma el turismo en serio

Que un guía de turismo promocione sus tierras no tiene nada de novedoso. Hasta sería lo lógico. Pero cuando se habla de la selva misionera, de la antiquísima tribu mbyá, de compartir saberes ancestrales y de un proyecto que marcha a todo pulmón, entonces la cosa toma otro cariz.

El tema es así: en pleno corazón de la selva de Yryapú, vecina a las cataratas del Iguazú, hay una escuela indígena de turismo cultural, donde los jóvenes de la etnia mbyá, que nunca fue dominada ni cristianizada, se capacitan para ser guías, además de aprender a gestionar y administrar sus recursos y bienes culturales.

Si bien el turismo en estas comunidades existe desde hace un tiempo, hasta ahora estuvo manejado por operadores y empresas de Puerto Iguazú, de modo que las comunidades indígenas nunca recibieron beneficio alguno. Según Claudio Salvador, coordinador del proyecto MATE, Modelo Argentino para Turismo y Empleo, y a cargo de la escuelita, se trata de revertir esta tendencia.

“Empezamos por trabajar la autoestima, por darles confianza a los chicos y enseñarles a interpretar su patrimonio cultural y natural -explica-. Es decir qué es lo que tengo para mostrar y cómo lo muestro.”

Así, los futuros guías descubren que tienen mucho para mostrar, desde la organización de la familia y el hogar hasta el uso de las plantas, la construcción de casas y templos, los tipos de trampas (para cazar animales) o la interpretación de senderos.

Salvador, que lleva años de trabajo con pueblos indígenas y otros 12 como vocero del obispo Joaquín Piña, comentó que los mbyá dejaron afuera cuestiones íntimas como la espiritualidad, que prefirieron reservar para su ámbito privado (veneran a un dios superior, el sol o Ñamandú, y otras deidades inferiores).

En la escuelita de ladrillos que ellos mismos construyeron, los estudiantes también aprenden cuestiones prácticas tales como armar senderos y señalizarlos, evitar el impacto del turismo en la naturaleza y mejorar el español.

Los maestros son tanto miembros de la comunidad local como profesionales “blancos”. Aunque también hay un aporte importante de los más ancianos, sabios indígenas cuyo mensaje se transmite a través de proyecciones audiovisuales (todo en lengua nativa). La idea es que los jóvenes puedan conocer e interpretar los valores culturales ancestrales de sus líderes, que ocupan un lugar destacado en la comunidad.

La escuela lleva el nombre de Clemencia González (Jachuka Yvapoty), la abuela y guía espiritual de los mbyá. Es más: Clemencia es quien tiene a cargo la evaluación final del alumno, al decidir si éste ha aprendido a transmitir los valores de la comunidad o no.

Vivir con dignidad
Desde que abrió la escuela, en abril de 2007, ya han egresado cerca de 30 guías, jóvenes de entre 13 y 35 años (las chicas que son madres pueden asistir a clase con sus bebes).

Lo interesante de las 265 hectáreas de la selva Yryapú, tras una ardua lucha, los mybá consiguieron el título comunitario de estas tierras, es que queda a sólo cinco minutos del centro de Puerto Iguazú, y que está rodeada de campos de golf y resorts de todo tipo.

En ese corazón verde viven unas 300 personas en estado de pobreza permanente. La desocupación es del ciento por ciento, hay una única escuela primaria, las chicas son madres a los 13 años, y se han registrado altos índices de suicidios.

Por eso, los mbyá esperan que el turismo los ayude a darse a conocer como un pueblo que se identifica con la selva misionera, al tiempo que reafirme el ñande rekó, su manera de ser y vivir. “Básicamente, les permitirá generar recursos para que puedan vivir con dignidad”, subraya Salvador (de todos modos, el precio que los guías cobran por sus servicios es de apenas 5 pesos por persona).

El proyecto MATE es el fruto de un convenio bilateral entre el Instituto Tecnológico Iguazú, ITEC, y su par de Canadá, Niagara College (la financiación proviene de la Agencia Canadiense de Desarrollo Internacional, ACDI).

Hasta ahora la escuela cuenta con un aula y dos baños (sin agua), un pizarrón que llegó a los cinco meses de su apertura, y próximamente se sumará un armario.

Aunque Salvador se opone al asistencialismo, dice que hay necesidades concretas como un proyector, cortinas para oscurecer el ambiente y zapatillas para los chicos. Para más información, escribir a comunicacion@ proyectomate.org , o llamar por el (03757) 15-456593/ 15-547086.


Fuente: La Nación

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