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Petrobras invertirá en gas natural licuado

La firma brasileña Petrobras piensa contribuir con fuentes nuevas al abastecimiento de gas de la Argentina en los próximos años: analiza edificar una planta de gas natural licuado en Uruguay, desde donde podría enviar a Buenos Aires. La inversión se ubicará entre 300 y 400 millones de dólares, según la magnitud del emprendimiento que se decida.

Así lo afirmó a LA NACION Décio Oddone, CEO de la estatal brasileña para el Cono Sur, poco antes de retirarse del hotel Hilton, donde finalizó ayer la XVI Conferencia de Energía de América latina, en esta ciudad de California. “Queremos venderles gas a Uruguay y a la Argentina”, dijo.

La Argentina es un mercado natural para el proyecto, porque tiene necesidad de gas no sólo para su consumo local, sino también para exportarle a Chile. El gas natural licuado es un producto de enorme expansión en el mundo en los últimos años, y es visto por los petroleros como una alternativa viable para reemplazar los gasoductos extensos. Se obtiene sometiendo el gas natural, el que sale de los yacimientos, a temperaturas inferiores a -160 °C mediante un proceso llamado licuación. Una vez en estado líquido se almacena en recipientes de un tamaño hasta 600 veces inferior al volumen que tenía en estado gaseoso y es transportado por barcos hasta otra planta, que lo vuelve a convertir en gas natural y al tamaño original. La ventaja es su mayor accesibilidad para los compradores, lo que lo convierte en una commoditie, al igual que el petróleo.

Para la Argentina no es una novedad. En realidad, el Gobierno había sondeado a varias empresas, hace un año, para estudiar la viabilidad de una planta que, según los analistas, debería estar en Bahía Blanca y ser complementaria a la importación de fluido desde Bolivia.

En el Ministerio de Planificación siempre negaron a LA NACION la posibilidad de una obra semejante, pero algunos ejecutivos privados fueron llamados a modo de consulta, con el sigilo que caracteriza a la administración de Néstor Kirchner en esos temas.

Es, además, la misma opción que ha encontrado Chile para resolver el desabastecimiento que le crearon los cortes de gas desde la Argentina: con una planta que demandará unos US$ 350 millones y que estará lista en 2009, prevé nutrirse con 6 millones de metros cúbicos de gas por día.

Pocas horas antes de irse de esta ciudad, el secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Chile, Rodrigo Iglesias, confirmó las expectativas que ese país tenía puestas en el proyecto. “El problema es que tenemos que esperar hasta 2009”, se lamentó.

En rigor, Chile usará ese gas sólo si puede obtenerlo a un precio de hasta 6 dólares por millón de BTU (unidad de medida británica). Si, en cambio, los valores fueran más elevados, emplearía carbón para sus usinas eléctricas, un sustituto no demasiado aconsejable desde el punto de vista ambiental y que tenía previsto abandonar, pero que ha debido recuperar por la crisis argentina.

Iglesias detalló los inconvenientes que tuvo su país por los cortes en el suministro de gas argentino. “Las interrupciones desde la Argentina paralizaron todas las inversiones en generación eléctrica en Chile. Habíamos hecho una apuesta importante con ese gas”, dijo.

La Argentina le corta, según el día y las condiciones, más de 20 millones de metros cúbicos diarios. Pero le garantizó, de palabra, 1,6 millones, lo indispensable para el consumo domiciliario. Iglesias dijo que el secretario de Energía, Daniel Cameron, le había hecho la promesa. ¿No teme que en algún momento se corte también eso?, le preguntó aquí una periodista. En silencio, el funcionario asintió varias veces con la cabeza; después agregó: “Pensamos que no. No es una magnitud tan significativa para la producción argentina. Aunque siempre hay imponderables”.

Horas antes, durante su presentación, el moderador le había pedido que hablara más lento porque su velocidad discursiva dificultaba la traducción simultánea al inglés. Iglesias aprovechó la ocasión para hacer una broma que motivó carcajadas en el auditorio: “Disculpa, es que ésta es la parte difícil, la del gas argentino; entonces la quiero pasar como superrápido”.


Fuente: La Nación

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