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Por qué cada vez menos personas se lanzan a un emprendimiento en la Argentina

La Tasa de Actividad Emprendedora (TEA) cayó por segundo año consecutivo y se ubicó en el 16% en 2013. Luego del pico histórico de 2011, que marcó que un 21% de la población adulta se dedicaba a emprender en la Argentina, comenzó un ciclo descendente tanto en los emprendimientos motivados por una oportunidad como en los que se inician por necesidad.

Los datos surgen del informe 2013 del Global Entrepreneurship Monitor (GEM), un consorcio de investigación académica sin fines de lucro que releva la actividad económica de más de 197.000 adultos en 70 economías de todo el mundo.

“El ciclo del GEM 2013 en Argentina muestra en general una caída de todos los indicadores relevantes respecto al ciclo 2012”, señala el informe que en nuestro país elabora el Centro de Entrepreneurship del IAE, conducido por Silvia de Torres Carbonell. El principal indicador elaborado a partir del relevamiento es la TEA, que agrupa a los emprendedores nacientes, con emprendimientos de 0 a 3 meses de vida (el 10,5% de la población en 2013), y los dueños de nuevos negocios, o empresas de entre 3 y 42 meses de existencia (el 5,5% de la población), según informó Clarín.

En total, la TEA cayó tres puntos porcentuales respecto de 2012 y cinco respecto de 2011. Este dato podría interpretarse desde una perspectiva optimista, dado que las regiones menos desarrolladas del mundo exhiben los niveles más altos de actividad emprendedora, mientras que las economías “impulsadas por la innovación”, como las define el estudio, cuentan con las tasas más bajas de TEA. Sin embargo, los especialistas coinciden en que la baja debe explicarse a partir del contexto económico inestable, que eleva el riesgo de emprender a un nivel que vuelve preferible esperar.

“En la Argentina, la actividad emprendedora es alta, muy dinámica, con un ecosistema de soporte que se va consolidando cada vez más, pero con un contexto país con alto riesgo para las inversiones que condiciona el crecimiento y en muchos casos la supervivencia de los emprendimientos”, dice Torres Carbonell.

“El emprendedor es capaz de asumir riesgos y puede convivir con ellos fácilmente”, dice, por su parte, Juan Manuel Menazzi, director del Centro de Emprendedores del ITBA. “El problema es que en determinado momento estos riesgos se vuelven intolerables. Siempre que hay variaciones de la economía macro local o regional aumentan los niveles de riesgo y se reciente la actividad emprendedora: cuando aumenta el riesgo, aquél que podría emprender pospone decisiones”, agrega.

Durante 2013, la actividad emprendedora motivada por una oportunidad de mejora cayó (era casi el 10% y bajó al 8%), pero se mantiene mayor que la actividad emprendedora motivada por la necesidad, que también disminuyó (del 7% al 5%).

“La actividad emprendedora por necesidad llegó a ser el 50% de la actividad emprendedora total después de la crisis 2001”, explica Torres Carbonell. “Luego bajó y hoy representa el 33% de la actividad total, lo que es mucho: en economías “innovadoras” llega a ser el 10% como máximo”, señala.

En 2013, la actividad motivada por oportunidad representó un 47% de la actividad total y el 20% restante agrupó a los que emprenden por “otras razones”: “Mucha gente no se identifica ni en oportunidad ni en necesidad. Los que emprenden por otras razones incluyen a los que quieren ser independientes, aumentar sus ingresos o mantenerlos”, describe Torres Carbonell. “Analizando estas motivaciones con los académicos globales, concluimos que los que contestan en esta categoría están más cerca de los de necesidad que los de oportunidad”, dice en declaraciones consignadas por el matutino.

En su reciente exposición en la Conferencia Latinoamericana MIT, Andy Freire, emprendedor “serial” fundador de Quasar Ventures, describió la “promesa incumplida de emprender” en América Latina: “Mientras que la región se posiciona primera en espíritu emprendedor, por encima de Estados Unidos, cuando se mide qué porcentaje de empresas salen a cotizar en bolsa por cada 100.000 habitantes, América Latina sólo supera a Africa”, describe. Entre otras razones que explican esta distancia entre la promesa y la consolidación de los emprendimientos, Freire señala que en la Argentina “hay una contracción de los capitales de riesgo, más que nada por una situación de relativa baja productividad, cambio volátil y expectativas de inflación”.

En el mismo sentido opina Sergio Postigo, director del Centro de Emprendedores de la Universidad de San Andrés: “Se necesitaría mayor desarrollo del venture capital para las etapas iniciales de los proyectos, donde el riesgo es mayor”.

En el Centro de Desarrollo para Emprendedores y Exportadores (CEDEX) de la Universidad de Palermo desde 2012 relevan la opinión de los emprendedores sobre su propia actividad. “Cuando les preguntamos qué es lo que consideran más importante para desarrollar con éxito un proyecto de negocio, la motivación y el equipo de trabajo aparecen en primero y segundo lugar. El dinero se encuentra último”, describe Diana Silveira, coordinadora del Centro, que analiza el ejemplo como una mirada de corto plazo. “Los proyectos pueden no ser muy costosos cuando comienzan, el problema se presenta cuando se empieza a crecer: si no tenés financiamiento para desarrollar una estructura, el proyecto muere”, dice.

Al mismo tiempo, los especialistas coinciden en que en los últimos años el ecosistema emprendedor se consolidó: “Hay muchas cosas que se hacen bien: la prensa difunde historias de emprendedores y cambió mucho la situación educativa. Ahora son excepcionales las universidades que no tienen un programa de formación de emprendedores. Algunas incluso tienen centros de emprendedores y otras, además, otro tipo de iniciativas”, destaca Postigo.


Fuente: iProfesional

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