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¿Porque los grupos de crecimiento y desarrollo personal aceleran los cambios de las personas?

Por: Lic. Elsa E. Alvarez - Directora de INEPA

Al analizar los grupos de desarrollo y crecimiento personal me vienen a la mente dos frases de dos maestros muy importantes en mi formación profesional.
Uno es de Eric Berne, creador del Análisis Transaccional, a mi criterio la técnica más potente y provocadora de cambios de los últimos 70 años. “Cuando no sepa de que se trata, piénselo en términos de caricias” (refiriéndose a los problemas que traen las personas que nos consultan). “Caricias” es un término creado por E. Berne que remite a estímulos físicos o verbales que brindan identidad y reconocimiento.
La otra, pertenece a Milton Erickson (Hipnoterapia Ericksoniana), el mago de la comunicación metafórica, el decía también refiriéndose a los consultantes: “No importa lo que usted les diga sino “como” lo dice”.
Estas dos frases representan dos modelos con los que se trabaja en estos grupos.
El arte de la conducción de estos grupos consiste en integrar diferentes técnicas que permitan lograr las metas. De acuerdo al momento psicoemocional del grupo, se utilizan técnicas de imaginería, de regresión, dramatizaciones y técnicas lúdicas.Estas son recursos técnicos absolutamente integrables entre si que permiten al terapeuta, poseer un bagaje de herramientas que le posibiliten brindar a las personas la mejor forma para lograr sus objetivos.

CONCEPTO INTENCIÓN
Los objetivos son propuestos por la parte racional de nuestra personalidad, las intenciones en cambio son formuladas desde nuestra esencia, desde nuestra alma.
Cuando un objetivo adquiere intención posee la fuerza y la energía necesaria para ser logrado. Adquiere “poder”.
Todo esto en los grupos se intensifica, adquiriendo lo que se llama “Intención grupal”.
En los grupos se produce un campo de fuerzas, que va más allá de la sumatoria de las fuerzas de las personas que la componen. Es mucho más que ello, es una nueva organización que supera e integra a la anterior, con alma y espíritu. En ella se anida la intención grupal.
Cada encuentro es una oportunidad para vivenciar y transcurrir a través de diferentes emociones. Se aprende a expresar tristeza y a ser protegido. Ser comprendido, permitir la libre expresión de la rabia y controlar la misma, contribuye a que esta energía se libere y pueda ser utilizada para el logro de los objetivos.
La alegría y el afecto compartido constituyen el sostén de los cambios emocionales y disminuyen los miedos, ya que estos son una constante en los procesos de cambio.
La mayor hambre del mundo no es la carencia de alimentos, sino que la principal es la carencia de amor. Madre de todas las otras carencias, por eso coincidimos con la Madre Teresa de Calcuta hay que “amar hasta que duela el corazón“.
El afecto, el amor brinda un entorno que posibilita el incremento de la intimidad, una de las formas más ricas de estructurar la vida humana. Este aprendizaje permite mostrarnos tal cual somos, con la ingenuidad e inocencia de un niño, experiencia que se vivencian en los grupos de desarrollo y crecimiento personal que luego se trasladara a las relaciones afectivas (pareja, amigos y familia).
El logro de un clima emocional, el desarrollo de la intimidad brinda una apertura a la expansión de la conciencia, la autorrealización y la autotrascendencia. El lenguaje verbal solamente, no produce todos los cambios (hemisferio izquierdo) sino que vivenciar, experimentar, imaginar, dramatizar, incluir al hemisferios derecho para producir una poderosa síntesis emocional, esto si es un potente elemento para el “cambio”.

El coordinador de estos grupos, su guía, no es una figura lejana, inaccesible y perfecta. Es cercano y falible, hace de la modesta exhibición de su debilidad la adquisición de su mayor fortaleza.
Es el líder que motiva, motiva y motiva permanentemente. Tiene confianza en los recursos internos que todos lo seres humanos poseen y cree en la potencia de sus herramientas. Cree en las semillas que como hábil sembrador deposita en aquellos que lo consultan.

Solamente la unión del hemisferio derecho y del hemisferio izquierdo pueden darnos un espectro total de la condición humana a la que pertenecemos tanto de nuestros aspectos terrenales como de nuestros aspectos espirituales.
Transitemos solamente, como dijo Castaneda, “caminos con corazón” y roguemos tener la sabiduría necesaria para lograr diferenciar los unos de los otros.

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